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Odiseo

El Coliseo

Al entrar a la arena fue recibido por aclamaciones y abucheos de las gradas talladas en la piedra de la montaña. Grandes estatuas de los campeones de antaño lo miraban juzgándolo si era digno de su apoyo, si era digno de alzarse entre ellos, si era digno de salir con vida. Fénix les dedico una sonrisa burlona como siempre hacia cuando entraba en el campo de gloria. Levanto sus brazos acrecentando la euforia de los espectadores siempre deseosos de sangre. En su mano derecha empuñaba la espada larga que solía usar en todos sus combates además de eso no llevaba ningún otro arma o protección alguna. Su pecho y brazos se mantenían descubiertos mostrando las varias cicatrices que había ganado durante los años, algunas de ellas recientes, pero las que mas destacaban eran las marcas de quemaduras que cubrían la mitad de su cuerpo.

Se dirigió a paso lento al centro de la arena sintiendo la expectación, disfrutándola de hecho. La mayoría de la gente era oriunda de las mismas montañas donde estaban, pero había varios comerciantes y viajeros provenientes del sur donde hace poco habían ilegalizado las peleas de gladiadores tachándolas como una costumbre bárbara. Curiosamente varios de los viajeros venían específicamente para ver esas peleas al igual que él había ido hasta ahí para poder seguir luchando. ¿Eso significaba que ellos eran demasiado salvajes para estar entre los suyos o que eran más honestos sobre sus gustos?

Cuando estuvo listo se arrodillo frente al apunchic local quien gobernaba esa provincia en el nombre del emperador. Llevaba ropa ritual de plumas y algodón, con un centro de oro puro rematado con una esfera que se suponía representaba el sol. El gobernante no se molesto en levantarse, un extranjero no lo merecía, mirándolo desde su cómodo asiento emocionado como un niño por el encuentro. Desde hace un tiempo el apunchic se había obsesionado con él arreglando encuentros con todo tipo de oponentes para ver cuanto podía aguantar. Fénix lo miro con sus ojos verdes en constante desafío rezando para sus adentros que su oponente de ese día valiera la pena.

-Te saludo Dios del Sol y te suplico tu bendición para permanecer bajo tus rayos – era lo que se debía decir al representante del emperador antes de luchar. Una formalidad que a nadie le interesaba y solo sirve para alimentar el ego de aquellos en el poder.

Se levanto apuntando su espada a la puerta norte del coliseo donde había un grupo de guardias armados vigilando la entrada. Las rejas se abrieron ahora solo faltaba esperar que la bestia saliera. Fénix se entretuvo pensando con que animal el gobernador trataría de sorprenderlo aquella vez. De la oscuridad del túnel llegaron varios gritos acompañados por un chillido estruendoso elevando la expectación de la gente. Aferro su espada con las dos manos igual de emocionado que todos los espectadores. Parecía que este iba a ser uno grande, seguramente traído de otras tierras tal vez incluso de otro continente. Una nube tapo el sol momentáneamente y un soplo de viento sacudió el polvo del lugar. Fuera lo que fuera que le estaban reservando ya estaba tardando demasiado en aparecer. La gente empezaba a impacientarse incluso el apunchic se estaba poniendo nervioso.

Más guardias salieron de la puerta todos muy asustados incluso uno estaba manchado con sangre ajena. Otro chillido resonó provocando eco entre las gradas. Los guardias empezaron a alejarse de la puerta con paso apresurado apuntando sus lanzas contra el agujero oscuro. Lo primero en dejarse ver de la bestia fue sus enormes brazos cubiertos con pelos naranjas, pero dejando ver la piel blanca de abajo. Los brazos eran increíblemente largos y gruesos, Fénix calculo que cada uno de ellos serian equivalentes a peso y tamaño a él. Las dos piernas eran desproporcionalmente cortas dándole una apariencia deforme, incluso graciosa, de tratarse de un humano. En el pecho ancho de la bestia lucia varias cicatrices de una larga vida de pelea, algunas de ellas eran muy recientes llegando a sangrarle, pero parecía que no le importaba. Su cara mantenía una forma humanoide con el hocico sobresalido, la nariz chata, ojos inyectados en sangre y orejas inexistentes.

Un goros si no se equivocaba, su tío desperdicio mucho tiempo tratando de enseñarle esas cosas. Los guardias se alejaban del mono gigante que los miraba como si fueran un delicioso almuerzo. El goro mostro los colmillos a modo de amenaza luciendo pedazos de carne entre estos.

-Bestia estúpida – la llamo sacudiendo su espada de un lado a otro para llamar su atención. Los guardias aprovecharon la distracción del animal para escapar de la arena dejándolos a los dos solos.

Fénix se adelanto un poco sin bajar la guardia mientras el animal empezaba a trazar un circulo alrededor suyo para estudiarlo. El público contenía la respiración sin perderse ni un solo movimiento de ambos contendientes. Fénix fue el que realizo el primer movimiento cargando contra el goro con la punta de la espada apuntando al pecho de la criatura. Un solo movimiento del brazo del mono lo obligo a tirarse al piso para esquivar el golpe. El animal continúo atacando dando potentes martillazos contra el piso que Fénix apenas alcanzaba esquivar. El polvo se levantó a su alrededor mientras realizaban su peligrosa danza de fuerza bruta y acero. En más de una ocasión logro conectar un golpe con la hoja de su espada a los brazos abriéndole nuevas heridas de las que apenas salía un poco de sangre.

Se agacho para esquivar un golpe lateral saltando hacia su derecha para volver a esquivar el segundo ataque de la bestia. Aprovecho que el animal había dejado expuesto su lado izquierdo y agarrando con su mano izquierda la hoja de su arma realizo un potente golpe clavando la punta del arma. El metal se insertó un palmo dentro de la carne, el goro chillo respondiendo con un manotazo desesperado. Fénix perdió tiempo tratando de recuperar inútilmente su arma recibiendo el impacto en su brazo izquierdo.

Un estallido de gritos indico que el público se estaba divirtiendo, exitandose más con la visión de sangre saliendo de la herida del goro, aunque a Fénix no le parecía mucha teniendo en cuenta el tamaño del animal. Incluso el apunchic se había levantado de su asiento apoyándose en la baranda de su balcón con todo su sequito. Las apuestas tomaron más fuerza en ese momento escuchándose números exorbitantes, incluso le pareció escuchar gente apostando una noche con sus esposas o la virginidad de sus hijas. Fénix ignoro el asco que le daban tales apuestas concentrándose en lo que realmente le importaba.

Su brazo izquierdo estaba dolorido, probablemente roto, en cualquier caso, ya no le serviría. El goro, aun furioso por su ataque, no tardo en dirigirse hacia él con una velocidad impresionante para su tamaño. Fénix lo esquivo saltando nuevamente a un lado y moviendo su espada de forma paralela al piso culminando en la espalda del animal. Al goro le costó refrenarse dándole la oportunidad de atacar de vuelta su espalda hundiendo su espada un par de pulgadas. Estaba vez logro esquivar el contrataque del animal agachándose y lanzando una estocada contra su pecho. La espada reboto contra la gruesa piel que cubría esa zona apenas haciéndole un rasguño. Volvió a atacar logrando introducir su hoja dentro de una herida causada por la lanza de uno de los guardias.

El goro chillo tan fuerte que casi lo ensordeció haciendo que reaccionara tarde a un golpe que venia desde su derecha. No tenía tiempo para esquivar, pero en un pequeño momento de lucidez o locura apunto su espada al brazo del animal colocándose en la posición más firme que pudo. Usando la fuerza del mismo goro su espada logro hundirse creando una profunda herida sangrante para la excitación del público. Fénix no salió indemne del golpe siendo empujado hacia atrás hasta salir volando por un corto trecho. Dio varias vueltas en la arena sintiendo un dolor insoportable cada vez que caía sobre su brazo izquierdo. Al frenar pudo levantarse con grandes dificultades, aunque los que veían de afuera no parecían darse cuenta. La experiencia le decía que algunas de sus costillas estaban rotas, pero nada que le impidiera seguir luchando.

Su espada había caído cerca de él con toda su bella hoja de acero resplandeciendo con un bello carmesí. De tratarse de una espada normal ya estaría rota por suerte en su momento gasto una fortuna para obtenerla de lo contrario estaría en problemas. El goro todavía se estaba lamentando de su herida en la mano tratando de tapar el agujero que tenía entre sus nudillos. Fénix rodeo al animal hasta estar en su espalda antes de empezar a acercarse, pero este se volvió enseñando sus colmillos y la mirada más asesina que hubiera visto.

El ataque furioso del goro lo obligo a retroceder rápidamente sin poder hacer nada al respecto. Los enormes brazos del animal se movían tan rápido que no le permitían aprovechar sus aberturas y cuando parecía que tenía una oportunidad de atacar terminaba esquivando una dentellada. Ya le estaba costando respirar, la visión se le nublo un poco, mantenerse de pie se estaba volviendo más difícil. Cuando su espalda chocó contra la pared tuvo la certeza de que iba a morir. Le pareció ver una sonrisa en la cara del goro, tampoco le costó imaginarse al apunchic celebrando su muerte.

Cuando el que pretendía ser el golpe final del animal rompió el aire dirigiéndose hacia él se agacho para esquivarlo. La pared recibió todo el impacto haciendo que hubiera un crujido sordo proveniente del brazo del goro. La gente de las gradas se asomo para ver la pelea gritando de emoción al ver que esta continuaba. Muchos quedarían decepcionados y muchos perderían todos sus ahorros en las apuestas, pero Fénix todavía no tenia planes de morir. Dirigió la punta de su arma contra la cara de la bestia acompañando su ataque con un salto. Termino chocando contra el pecho del animal logrando que este perdiera el equilibrio, junto con todo su peso logro hacer que esta caiga de espaldas soltando exclamaciones en todo el coliseo. Su hoja corrió la distancia que la separaba de la carne desgarrando una mejilla del goro. El acero continuo hasta chocar contra la garganta atravesando la carne que se le puso en frente llegando a asomarse del otro lado cubierta de sangre. Fénix se levantó rápidamente esquivando un manotazo, desclavo su espada y la volvió a clavar esta vez en el ojo del animal. La desclavo y la clavo, la desclavo y la clavo. Cada golpe caía en un lugar distinto desfigurando la cara del goro hasta dejarla irreconocible.

Cuando termino estaba cubierto de sangre y le dolía todo el cuerpo, pero el publico lo aclamaba. Su nombre resonó haciendo eco por toda la montaña, frente semejante imagen costaba no sentirse como un dios

Publicado la semana 23. 07/06/2020
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