18
Odiseo

El Antiguo Fuerte

Espero al amparo de la noche, cuando el calor se transformaba en frió y cualquiera con sentido común se iba a dormir o se mantenía cerca de un fuego. Recorrió las trincheras abandonadas muy desgastadas por los años de abandonamiento. Ser todavía era capaz de recordar la primera vez que las vio cuando su división tuvo que tomar la misma fortaleza donde ahora tenía que infiltrarse. Incluso en ese entonces las trincheras ya existían como cicatrices en la tierra que dejaron la Guerra Santa. Ahora igual que entonces las trincheras tenían menos de un metro de profundidad obra del viento y de la escasa lluvia. Avanzaba agachado y en zigzag siguiendo el camino más directo hasta la gruesa muralla con forma de estrella. En esa parte encontró varios casquillos, balas, rifles, proyectiles de artillería, algunas fotos u objetos que se suponían daban buena suerte.

Ser se llevó a la boca su cantimplora llena de cerveza, hubiera preferido wiski, pero cuando falta dinero también hay que privarse de ciertos lujos. Adelante tenía un montón de piedras gises, frías, sueltas, desordenadas.  El antiguo sacerdote no pudo evitar pensar que parecía una catarata petrificada que caía desde las puertas del infierno. En esa puerta abierta hace años a base de cañonazos descansaba un centinela con la espalda apoyada contra el muro. Tenía un rifle entre las manos sin embargo su postura parecía de un hombre durmiendo con el sombrero tapándole la cara, envuelto en su poncho, manteniéndose extremadamente quieto.

Concentro su sangre entorno a sus ojos y oídos incrementando sus sentidos, permitiéndole ver la noche con una luna moribunda tan clara como el día. También su audición aumento a niveles sobrehumanos, en el silencio de la noche podría escuchar las hormigas caminando. Decidió ignorar los ruidos producidos por insectos, reptiles, zorros, leopardos tigre, una manada de bovinos cimarrones y su dorgo que acechaba a estos últimos. Cuando un dorgo tenía hambre era prácticamente imposible obligarlo a que esperara quieto. Puso sus energías en escuchar cualquier ruido que viniera del interior de la antigua fortaleza ahora habitada por bandidos. El centinela que tenía en frente respiraba profunda y pausadamente indicando que estaba perdido en medio de un sueño. Los ruidos más cercanos a este no eran de humanos sino de caballos, una quincena seguramente, que estaban justo del otro lado de la sección derrumbada. Le llego el ruido de varias rizas cine metros al este donde antiguamente estaba el polvorín. Debian ser cuatro o cinco personas, al menos dos de las cuales eran mujeres, que estaban tomando mate en torno a una fogata. Diez metros más lejos pudo distinguir los gemidos de dos personas… dos hombres. Al sur escucho pasos de tres pares de pies sobre la muralla hablando en murmullos mientras continuaban alejándose de la brecha. Un ladrido interrumpió la noche, llevo su mano instintivamente al revolver preparado para iniciar el tiroteo. Un gemido de dolor se le escapo al perro señal de que lo callaron con una patada o una piedra. El ladrido provenía del sur.

Supuso que la mayoría de los bandidos estarían viviendo entre los restos de los barracones que también estaban al sur. La única vez que los había visto ya habían sido convertidos en una ruina con ladrillos cubiertos con hollín desparramados. Desenfundo su falcón de acero reluciente, pero gastado. Hizo que su sangre empezara a moverse más rápido dándole más fuerza y resistencia en todos los músculos. También dejo que la sangre de sus oídos volviera a la normalidad desviándola en su lugar a sus ojos para asegurarse que su puntería era precisa. Jugo un rato con su falcón para comprobar su balance y acostumbrarse a su peso. Cuando se sintió listo agarro el arma por la punta llevando su mano hacia atrás. Tomo aire hasta que sus pulmones no pudieron más entonces su mano se movió con tan rápido que un ojo humano apenas hubiera sido capaz de captar el movimiento. El cuchillo dio varias vueltas en el aire con la velocidad de una bala antes de alcanzar su blando penetrando el cráneo del centinela matándolo al instante. El golpe había sido tan fuerte que incluso la empuñadura se hundió dentro de la carne. El cuerpo se balanceo antes de caer hacia un lado soltando el arma.

Se escucharon más ladridos seguidos de otro lamento del perro esta vez acompañada de unas putiadas. Ser subió por la parte derruida no sin dificultades por las piedras desprendidas o resbaladizas. Dejo que su sangre volviera a la normalidad durante ese recorrido, no valía la pena desperdiciarla en algo tan simple. El hambre se volvió un poco más acuciante, al igual que la sed, también por un momento tuvo un mareo que lo obligo a pararse y cerrar los ojos. Tomo otro trago de cerveza y saco un poco de queso de cabra comiéndose la mitad. Nunca era buena idea comer en medio de una misión, pero es una de las cosas que tiene usar sangrimonia.

Cuando llego a la cima de la brecha se apodero del rifle comprobando que estaba cargado y observo.

En efecto había dieciséis caballos justo en frente de la brecha todos atados a una serie de postes que no estaban hace veinte años. Los equinos se movían nerviosos por el cuerpo del centinela que estaba a sus pies. Los bandidos más cercanos parecían no darse cuenta continuando con sus bromas y su partida de truco. Las ruinas de los barracones estaban en peor estado del que recordaba, pero no se había equivocado en que la mayoría de los criminales estaban en esa dirección durmiendo en sus tiendas.

Don Faustino quería una masacre, nada de arrestos, nada de mártires luchando contra la autoridad. Nada de sobrevivientes.

Recupero su falcón limpiando la sangre en el mismo poncho del muerto después estuvo listo para continuar. Los caballos protestaron al pasar entre ellos, pero no le hicieron nada. De esa forma logro acercarse al grupo sin que se dieran cuenta los muy idiotas. Cuando estuvo cerca observo a los cuatro jugadores cantando envió, retrucando y riéndose cada vez que revelaban una carta alta como el ancho de basto o el siete de espadas. Ser se enojó consigo mismo por fallar en el número de jugadores cuando estaba afuera y además por pensar que había dos mujeres cuando en realidad solo había una.

Espero un rato en silencio manteniéndose al margen de la luz del fuego y al mismo tiempo manteniéndose cerca. Cuando uno de los gauchos se levanto supo que era su oportunidad. Este se alejó en dirección al muro este tomando bastante distancia con sus compañeros, cuando se bajó los pantalones para mear ataco.

Volvió acrecentar el flujo de su sangre dando un largo salto que cubrió toda la distancia entre la frontera oscura y los tres bandidos que continuaban en la fogata. Blandió su cuchillo cortando el cuello de la mujer con un movimiento preciso, limpio, indoloro. Uno de los gauchos no tuvo tanta suerte. Lo golpeo con la culata del rifle sacando volando toda una hilera de dientes, hundiéndole la nariz, los ojos se abrieron tanto hasta salir literalmente de las cuencas que las retenían. Una bala se disparó del arma a causa del golpe anunciando su presencia a varios kilómetros a la redonda. Ser no se preocupó por esto, en su lugar se volvió hacia el segundo hombre golpeándolo con el pomo de su daga en la cabeza. El bandido había tenido más tiempo de reaccionar que los otros por lo que alcanzo a desenfundar su pistola y correr la cabeza a un lado para esquivar el ataque. No lo consiguió. El golpe de Ser le dio más velocidad al movimiento que este estaba haciendo girando su cabeza de más y rompiéndole el cuello con un ruido sordo.

El que estaba meando empezó a gritar pidiendo ayuda al mismo tiempo que se subía los pantalones. Ser solo tuvo que patear una piedra del tamaño de una nuez para herirlo, de manera similar a una bala, justo debajo de la rodilla izquierda. Mientras el hombre caía salto de nuevo en su dirección golpeándolo con su propia rodilla en el pecho rompiendo sus costillas. El desgraciado murió vomitando sangre.

Para cuando termino ya le estaban disparando a quemarropa cuatro hombres a los que se le iban sumando más.

Ser salto una vez más cubriéndose con una pared de piedra de la que solamente quedaba un fragmento de cinco metros de largo y uno de alto. Fue suficiente para cubrirse de la lluvia de balas que trataban de reducir su protección a un montón de polvo. Le hubiera gustado que fuera del todo inútil, pero de vez en cuando lograban sacar un ladrillo flojo o directamente rompiendo parte de este. Rezo brevemente a Iagual sabiendo que no lo escucharía.

Salió de su refugio brevemente apuntando con su rifle al bandido que estaba más cerca. Su cuerpo acelerado los tomo por sorpresa. Para cuando se dieron cuenta de su salida ya había disparado y vuelto a cubrirse. Su disparo le dio en el codo al pistolero arrancándole pericialmente la extremidad. Sus gritos se extendieron por todo el lugar.

Ser miro hacia la brecha esperando ver a su dorgo entrando entre rugidos lanzándose contra los criminales. Hizo otra salida, pero esta vez lo estaban esperando. Los proyectiles de plomo le rozaron por apenas milímetros. De no ser por su velocidad estaba seguro de que habría muerto. Un ataque de tos lo distrajo por un momento. Entre toses no pudo evitar escupir sangre. Ese no era el único efecto que estaba sufriendo por abusar de su sangrimonia, por todo su cuerpo salían gotas de sangre mescladas con su sudor.

Los disparos continuaban viniendo de frente, pero concentrándose pudo escuchar apresurados pasos rodeándolo en ambas direcciones. Para neutralizar los que venían por el oeste disparo contra los caballos. Los equinos al ver a uno de los suyos morir se pusieron más nerviosos de lo que ya estaban tironeando hasta romper los improvisados postes. Lo que siguió fue una estampida que se llevo puesto a un bandido mientras dos de sus compañeros trataban de calmar los caballos.

Un disparo más resonó en el aire y pronto sintió un fuerte dolor en su espalda en el lado derecho de su cuerpo justo entre las ultimas costillas. Soltando todo tipo de maldiciones se volvió disparando al origen del disparo. Su bala impacto en el muro que el tercer grupo de bandidos tenía atrás. Estos no tenían cobertura, pero al estar cuerpo a tierra los volvía un objetivo más difícil. En cualquier caso, disparo dos veces más con el rifle haciendo que los dos hombres trataran de cubrirse o esquivarlas por instinto. Ser aprovecho la oportunidad para retirarse hasta las ruinas del polvorín que era básicamente una casa sin techo, pero sus gruesas paredes se mantenían casi intactas.

Los bandidos del sur redoblaron sus disparos sin poder acertarle en algunos casos por cuestión de centímetros otras veces por varios metros. Entro al edificio por lo que antes debía de ser una ventana, aunque hace mucho que la no tenía vidrios además de faltarle la parte superior. Cuando estuvo seguro devolvió su sangre a su ritmo normal.

Por varios segundos estuvo indefenso, mareado, con un muro oscuro ante sus ojos. Se sentía terriblemente débil apenas pudiendo sostener su propio peso. La idea de dormirse en ese mismo lugar lo tentó. Era un proceso incomodo, pero no podía permitirse continuar usando la sanguinolia sin revisar su herida antes. Se saco su chaqueta, antes de continuar disparo tres tiros al aire con su revolver, continúo levantando su camisa dejando la herida al descubierto. Era superficial le dejaría una fea cicatriz y le dolería por una semana, pero al menos no le daño ningún órgano, hueso o vena. Uso su sanguinolia una vez más solo que esta vez de una forma más limitada y concentrada. El sangrado se para siendo remplazado por un coagulo que lleno el hueco en el tiempo que Ser sacaba unas vendas del bolsillo de su chaqueta y cubría su herida.

-Rendite hijo de puta – grito uno de los bandidos – créeme que así tendrás una muerta más rápida.

La respuesta de Ser fue tan simple y concisa como la orden que le habían dado.

Disparo las dos balas que le quedaban en el rifle antes de tirarlo a un lado y disparar dos balas más con su revolver. Los cuatro proyectiles encontraron un blanco. El primero le arranco la oreja a su interlocutor, el segundo paso por medio de una boca desdentada golpeando en la parte de atrás de la garganta y saliendo del otro lado. El tercer y cuarto disparo fueron a parar al culo y a la espalda respectivamente de uno de los que se le habían aproximado por el este. Ser esperaba que ese fuera el que le había disparado. Los disparos sacudieron su debilitado cuerpo aturdiéndolo, dejarse caer fue mil veces más fácil que levantarse. Su mano continuaba vibrando por los disparos mientras sacaba su cantimplora y un pedacito de queso apurándolos en un desesperado intento de recuperar algo de fuerza. El escaso alcohol de la cerveza lo golpeo tan duro como si fuera el wiski que le hubiera gustado tener.

-Debe estar recargando – grito furioso el mismo de antes – que me miran pelotudos, apúrense y mátenlo.

Ser saco seis balas de su bolsillo empezando a recargar su revolver como había dicho el sin oreja. Con cada bala que metía en el tambor calculaba el estado de la banda con la que se enfrentaba. Eran como máximo dieciséis de los cuales solo podía estar seguro de la muerte de cinco de ellos, seis si contaba la chica, pero no estaba seguro si se trataba de una prostituta, esposa, compañera de crimen o todas a la vez. Dos estaban en el peor de los casos fuera de combate, uno desangrándose por el brazo el otro noqueado por los caballos, en el mejor ya estarían muertos. Después estaban el sin oreja y el del culo agujereado, el primero claramente estaba en estado de dirigir a la banda y seguramente podría dispararle todavía. El segundo podría estar tan muerto como vivo, no le había dado en ningún órgano extremadamente importante como son el cerebro o el corazón por lo que podría estar moribundo, pero aun en condiciones de disparar.

Un ruido a su derecha lo saco de su pensamiento dejando de recargar su arma cuando terminaba de poner la cuarta bala. Por reflejo disparo al agujero en la pared que servía de puerta, rápidamente fue recompensado con un grito de dolor y un muchacho de veintipico de años cayendo a tierra agarrándose el tobillo. Volvió a disparar silenciando al muchacho con un agujero en la garganta. Siete, conto.

Volvió a acelerar su sangre recuperando su fuerza, seguridad, energía, sus manos le dejaron de temblar, su vista y su mente se aclararon. Salió por la puerta que había entrado el muchacho disparando rápidamente sus tres balas. Tenía dos bandidos en frente y solo logro herir a uno con tres balas en el pecho. Al segundo le tiro directamente su revolver desnucándolo con el golpe. Se volvió para enfrentarse a un tercero apoyado en el marco de la puerta. Sus ojos reflejaban sorpresa y miedo mientras se volvía para enfrentársele, ni siquiera cundo su falcón perforo su corazón el muchacho fue capaz de entender lo que pasaba. Agarro una escopeta que había por ahí tirada y se cubrió a tiempo para evitar tres disparos. Se descubrió para disparar siendo sorprendido por una embestida a su cintura.

El uso de su sanguinolia le había devuelto parte de su rigidez, pero debido al desgaste sus capacidades físicas eran apenas superiores a las de un humano promedio. La tacleada lo hizo perder el equilibrio disparando una vez por accidente mientras caía. La ráfaga de plomo impacto en la parte superior de la puerta rompiéndola en pedazos. Algunos ladrillos cayeron sobre su atacante golpeándolo en la espalda, la tacleada perdió fuerza, pero para entonces su caída era inevitable.

Se golpeo fuertemente contra el piso y poco después lo siguió el candidato a ragbier sumándole peso encima. Un segundo hombre vino atrás blandiendo su arma para golpearlo con la culata. Ser se protegió parando el golpe con sus dos manos. Al principio no tuvo ningún problema manteniendo la recia madera alejada de su cara. El bandido presionaba poniendo todo su peso sobre el arma, largaba espuma por la boca, soltaba maldiciones, sus ojos saltones estaban segados por la ira. Ser sin darse cuenta empezó a ceder terreno, su sangre estaba volviendo a la normalidad, una capa oscura cubrió sus ojos mientras una extraña sensación de estar en un cuerpo ajeno mantenía su cabeza ocupada.

-Dispárale pelotudo – dijo la voz del sin oreja – deja yo me hago cargo.

Escucho como el gatillo era tirado hacia atrás, con sus últimas energías pudo ver la borrosa imagen de un cañón apuntándole. El que por hierro mata por hierro muere decía un dicho que escucho hace muchos años.  No sabía si se lo había dicho su madre cuando era un niño expresando su deseo de unirse al ejercito imperial o si fue Cielo Nevado cuando lo exiliaron. Tal vez ambos, acoso importaba. No dejaba de ser irónico que al empuñar un arma te convertías en todo lo que la sociedad ama y odia al mismo tiempo. No dejaba de ser irónico que después de matar a tantos por tantas razones diferentes terminaría muriendo de esa forma. Volvió a rezarle a Iagual sabiendo que no lo escucharía. Se sintió ridículo teniendo miedo.

Un rugido le llego a los oídos. Era un ruido agudo que cortaba el aire metiéndose en los oídos. No transmitía ira, odio, miedo, dolor, solamente te avisaba que habría muerte. Ser supo que iba a vivir.

Sonrió mientras sin oreja levantaba se arma, demasiado tardo, cuando una sombra de plumas blanca con garras le cayo en sima. Los dos bandidos que estaban encima suyo se levantaron para salir en ayuda de su compañero. Su dorgo no necesito ayuda para encargarse de los bandidos que quedaban. Sin oreja perdió su garganta, al ragbier le abrió el abdomen con la cuchilla de su cola mientras al del culetazo le corto limpiamente el brazo izquierdo antes de tirársele encima. Un cuarto hombre, que debía ser el último salió de la puerta con un rifle en la mano para su desgracia no apretó el gatillo lo suficientemente rápido. Su dorgo lo mato con un simple movimiento de su cola cortándole el cuello. Cuando vio su cuerpo cayo tendido sobre la tierra Ser cedió finalmente a todo el desgaste y cansancio que sentía cayendo a su vez en un profundo sueño.

Publicado la semana 18. 29/04/2020
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