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Odiseo

La Huida

Las estrellas aparecían como mudos y lejanos testigos en medio de la oscuridad. Con cada segundo que pasaba las tinieblas se volvían más y más densas haciendo que el estrecho camino de tierra desapareciera lentamente. Su vestido estaba arruinado al igual que sus pies, pocos acostumbrados a correr. Atrás suyo dejaba un pequeño rastro de sangre proveniente de un pequeño corte en la planta de su pie. La pequeña herida provocaba un agudo e intenso dolor que subía por su pierna convirtiendo cada paso en una pequeña tortura.

Atrás quedaba la estancia donde había nacido y crecido junto con su familia y con sus sueños de princesa. Sus padres estarían durmiendo pensando que ella era feliz y que estaban haciendo lo mejor para su futuro. Ellos no sabían que los dulces sueños que ella había tenido en su juventud estaban siendo usados y corrompidos por su prometido y sus suegros que solo deseaban la herencia.

La sonrisa siniestra y codiciosa de esos tres seres eran lo que le daban fuerzas para seguir corriendo. La sonrisa amable y cariñosa de sus amados padres era lo que llenaba sus ojos de lágrimas y volvía aún más dolorosa su huida. Un grito de impotencia y dolor quedo atorado en su garganta. El odio oprimía a su corazón asiendo que su cuerpo se sintiera aun más pesado. Quería maldecir a sus padres, a sus suegros, a su prometido, al mundo, pero en especial se quería maldecir a sí misma.

No podía ver, no podía pensar solo podía sentir el dulce dolor de su pie que la torturaba y castigaba a cada paso. Su negro corazón se regocijaba con siniestra alegría al ver como una de las victimas de su odio sufría. El grito que trataba de contener la ahogaba lentamente mientras subía hasta su boca en busca de una salida.

Entro a una estancia completamente oscura y corrió hasta una de las habitaciones. Al llegar al cuarto cerró la puerta y se tiro sobre una cama vacía apretó la almohada contra su cara y dejo salir su grito de rabia y agonía. Cuando hubo terminado se quedo totalmente quieta. Lo único que ella podo hacer fue dejar escapar silenciosas lágrimas y débiles plegarias pidiendo que el grito no llegara a oídos de sus padres al otro lado de la pared.

Publicado la semana 11. 09/03/2020
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