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Odiseo

Lecho de Muerte

La noche se acercaba, el sol se escondía y las tinieblas se apoderaban del mundo. Él se encontraba en su cama preparado para dormir, sintiendo que las fuerzas le abandonaban lentamente.

En su lecho recuerda las lejanas sombras del pasado, pero que en su mente sobrevivían. Sonrisas, lagrimas, alegría, dolor, vidas y muertes conformaron el contraste de su existencia. Su corazón todavía recordaba la emoción de encontrar a un amigo y el dolor de perderlo.

En su cuerpo se encontraban las marcas de una vida llena de arrepentimientos, pero él no se arrepentía de nada. En sus oídos todavía resonaban los llantos y las risas de sus hijos. En sus labios sentía el cálido beso con el que se unió con una mujer y el frío beso con el que se despidió.

Mira por su ventana y no reconoce el mundo que se encuentra enfrente suyo. En el amanecer de sus días se sentía dueño de todo aquello que tocara el sol y amo de la noche. Ahora no tenía más opción que ceder todo a los que vinieron atrás suyo.

Su mente viajo al pasado para volver a ver aquellos días cuya única eran exámenes, amigos y mujeres. Esa época en la que la irresponsabilidad solo significaba una nota baja. Aquellos años en los que se podía proteger de sus amigos con sus padres y de sus padres con sus amigos. Su mente retrocedió a los años en los que no tenía que luchar.

Recordó sus primeras batallas, sus dulces victorias, sus frustrantes derrotas. En su juventud pensó que sobrevivió gracias a su fuerza, en su vejes se daba cuenta de que su fortaleza provenía del amor de aquellos quienes lo rodeaban.

Hace mucho que ese amor se había ido a un lugar muy lejano donde solo podría alcanzarlo si abandonaba todo. Él no tenía apuro pues tarde o temprano llegaría a ese lugar de la misma forma que hicieron todos.

En lo más oscuro de su subconsciente se encontraban las travesuras de su adolescencia. Gallinas, huevos, harina, atrincheramientos, ventanas rotas, puertas destrozadas, profesores llorando, no tenía la menor duda que fueron la pesadilla de su colegio. Pero eso no le importaba y esos recuerdos ya no tenían valor para él pues en su corazón se encontraban las rondas de mate, las charlas, las peleas, las reconciliaciones, las gradaciones, momentos felices, momentos tristes.

Suspira antes de cerrar sus ojos, la noche es absoluta y sus únicas luces son las palpitantes estrellas. El silencio se apoderó de su casa al igual que el mundo, al igual que su mundo. Pero él no se preocupó pues el amanecer se acercaba y con él el amor de un nuevo día.

Publicado la semana 10. 02/03/2020
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