30
Montserrat Varela

La melena

Clara aún no se acostumbraba al turbante. Tanto Oscar, su hermano, como su cuñado Javier se habían rapado para solidarizarse. Carmelo en cambio había evadido el tema hasta que su concuño lo confrontó. “El pelo vuelve a crecer”, le dijo ya molesto con su actitud  pues a él más que a nadie le correspondía mostrar su apoyo. Pero Carmelo, impávido y con la melena larga hasta los hombros, alegaba que nada tenía que ver su pelo en el asunto del apoyo pues acompañaba a su mujer, enturbantada, a la sesión de quimio de cada día.

“No me voy a rapar”, le dijo a Oscar recién lo vio pelón entrar a la casa para despedirse de su hermana. “No me sorprende”, contestó su cuñado y pasó de largo hasta llegar a los brazos de Clara. Ella lo recibió alegre. Recibía a todo el mundo así, pues a pesar de sus cuarenta y dos kilos irradiaba una fuerza enorme. Algo dentro de ella emitía luz. Lo abrazó y salió del brazo de Carmelo a toda prisa para alcanzar su cita de las nueve.

Carmelo, de pie junto al asiento que le cedieron a su esposa en el vagón del metro, hacía como que leía pero en realidad la observaba. Era el amor de su vida, y sin duda daría cualquier cosa por curarla, hasta su pelo, sí, de verdad. Ese cabello que no había cortado desde la prepa, que mantenía cuidadosamente despuntado y peinado con crema, lo daría todo hasta quedarle la cabeza de rodilla si con eso pudiera curar a Clara; no necesitaría que el menso de Javier le recordara que debía apoyarla ni necesitaría de las indirectas de Óscar para envalentonarse, lo haría sin pensarlo, por ella, para ella, como siempre había hecho las cosas durante su matrimonio.

Pero… lo cierto era que Carmelo sabía que raparse no le quitaría el cáncer a Clara, ni ayudaría siquiera a subirle el ánimo viendo la cabeza chipotuda de su esposo. Así que ya, Clara usaría turbante un buen rato y él así la querría y la acompañaría las veces que fueran necesarias hasta Centro Médico y de regreso a casa. Y pediría, rogaría al universo el milagro de la curación, ofreciendo en prenda su único as bajo la manga: la melena. Pero lo haría sólo al estar bien seguro de obtener la cura a cambio. Mientras tanto, habían llegado a la estación, habrían de ir a la quimio y él se mantendría atento, esperando la señal.

Publicado la semana 30. 23/07/2020
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
30
Ranking
1 191 0