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Montserrat Varela

La gruta

Azucena está cubierta bajo una sábana blanca. Poco a poco va saliendo de su “cueva”.

Azucena- Aquí abajo, ya no se ven ni las estrellas ni la costa. No se ven los corales puntiagudos ni las ostras, ni se ven los colores más puros y extraños de los peces que bordean la playa. Aquí abajo, todo es oscuridad, como en el principio. Nada más que la negrura más absoluta está aquí, conmigo, así que cierro los ojos y la escucho. Me susurra mi palíndromo favorito…

Hace unos días me diagnosticaron “síndrome maniaco-depresivo”. Ya me habían llamado “obsesivo-compulsiva” y “pasivo-agresiva”, pero ¿maniaca? ¡Me suena a “loca”! Se lo dije así al doctor, le dije: Doctor, maniaca me suena a loca. Pero él solamente se rió. Intenté explicarle sobre mi proceso de metamorfosis, pero él solamente se rió. Y para nada eran carcajadas ofensivas, más bien era una risita forzada con la que pretendía ser empático… ¡Mi metamorfosis, doctor!

Semana tras semana permanecí encerrada en mi casa, concentrándome en hibernar y lamentándome de la vida, de la ruptura con mi pareja, de mi aburrido trabajo y de no tener una cámara criogénica para congelarme un tiempo y así por fin dejar de pensar. Pasaron días y yo seguía metida en mi crisálida de algodón blanco. Pensando y durmiendo. Solamente me levantaba para ir al baño o para comer cualquier cosa.

Se dice que la metamorfosis es una transformación paulatina pero el cambio es irreversible. Los insectos por algún tiempo parecen vivir en un estado de relativa inactividad. Muchos se ocultan o encierran para protegerse mientras que su organismo adopta una estructura totalmente distinta. No se alimentan y suelen estar inmóviles. El proceso puede llevar apenas un par de semanas, como en el caso de algunas mariposas, o… hasta varios meses.

Yo dormía mucho y tenía una pesadilla recurrente. Soñaba que estaba dentro de una gruta y sentía la angustia sofocante del encierro y el miedo a quedarme atrapada dentro de las entrañas rocosas de aquél lugar. Despertaba más agotada que antes. Hasta que un día me harté y decidí superar mi viejo miedo y entrar en una gruta de verdad. Se llama Batofobia… Mi miedo.

Al principio no pensaba que fuera algo serio. Incluso llegué a leer cosas buenas sobre mi… (Repentinamente apesadumbrada) Sobre mi miedo. Se llama Batofobia. Lo que leí fue: “Soñar que está andando por una gruta a oscuras, representa una exploración por su subconsciente, simboliza los descubrimientos personales.” ¡Y me encantó la idea, doctor. Mi metamorfosis, la que le había dicho! (Desepcionada) No importa. También leí sobre las grutas. Aquí está. (Lee) “Un aroma a cal envuelve mi olfato y el rumor de una corriente de agua me arrulla, gentil, mientras que camino despacio, atenta al eco de mis pasos y a mi pulso. Gracias a una luz lejana que ilumina apenas el lugar, comienzo a ver…” (Decepcionada) ¿Solo sombras? Olvídelo. Me duelen las cuencas de los ojos, los párpados hinchados, los labios secos. ¡Doctor, me duelen! Me duelen cada uno de los huesos y de los músculos de mi cuerpo. Y me duele su cuerpo, la ausencia de su cuerpo, el hueco que deja en mí la ausencia de su cuerpo.

Pero, ¿saben qué me dijo el doctor? Él me dijo: “Los síntomas comunes de la Batofobia son: sudoración, ritmo cardíaco elevado, presión arterial alta, temblores y náuseas.” Respiro profundamente varias veces… La angustia no cesa, doctor, la angustia no cesa.

“Le voy a mandar Xanax de 500 miligramos, una cajita con 30 pastillitas y nos vemos el próximo mes, ¿le parece bien, Azucena?” Sí, doctor, gracias doctor. Azucena coge la caja y traga un puñado de pastillas.

De pequeña me molestaban mis primos y los niños de la escuela porque no me lazaba por esos toboganes cerrados que todos los niños aman. “Le da miedo, le da miedo” ¡Obvio, niño tonto! Claro que me daba miedo. Por eso quise entrar a esta gruta de una vez por todas… La verdad, no está mal... Desde aquí abajo veo las estalactitas sobre mi cabeza con sus enormes y hermosos dientes plateados como estrellas.

Cuando aparece la luz, las sombras también están ahí. Azucena juega con sus manos a proyectar sombras. Las observo y todas ellas, bellas huellas de humo, eternas narradoras de historias que habitan en las profundidades, todas ellas son asombros, son siluetas sin rostro que se alargan hasta convertirse en gigantes flamígeros, son conceptos, son luz porque sin luz  son nada. Lo intuyo como aquél ancestral hombre de las cavernas y me regodeo en compararlas con las nubes, el brillo de las estrellas y la idea del tiempo, hasta que llego a un claro. Una grieta deja trasminar un rayo de luz intensísimo.

Azucena de deslumbra con la luz.

Un día me di cuenta de que tenía una grieta entre el plexo solar y la boca del estómago. Una hendidura profunda, un hueco por el que no escapaba luz.   

¿Les dije cuál es mi palíndromo favorito? Reconocer. Pensé que ya les había dicho...

Mi metamorfosis consiste en decir lo que siento sin tener que levantar la voz, sin tener que gritar o ponerme a llorar; consiste en ser capaz de pedir lo que quiero sin exigir ni condicionar y en ser capaz de elegir lo que me gusta y lo que no me gusta pero también aceptar los cambios de la vida: no emberrincharme ni azotar puertas ni pretender que me lean la mente. (Pausa) RECONOZCO. Sé qué es lo que me pone tan triste y sé lo que me enoja… En fin, no importa. No, de verdad, no es nada.

Acabo de leer que el temor a las profundidades tiene justificación ya que la mayoría de la gente tiene una cautela natural a lugares donde el agua es tan profunda que el fondo no se puede ver o ambientes como los pasillos que son tan oscuros que no se puede ver su final. ¿No les ha pasado?  

El doctor me dijo: Eres batofóbica, maniaco-depresiva, obsesivo-compulsiva y pasivo-agresiva. ¡Hombre, cuánta etiqueta! ¡Qué honor tanto pedigree! “¿Ves?” Me contestó. Mi metamorfosis, doctor.”Tu metamorfosis, nada”.

Imagino parado en la entrada de esta gruta al “Pájaro que da cuerda al mundo”. Quisiera volver, pienso y camino en pos de su canto. Es un guácharo, ¿lo conocen? Igual que los murciélagos, puede orientarse por medio de la ecolocación: emite una serie rápida de sonidos “ric-ric-ric-ric...”, los cuales rebotan con los objetos que hay alrededor; el sonido que recibe de vuelta le revela la posición de los obstáculos dentro de la cueva y así se va orientando.

Azucena calla y presta atención. Sonríe.

Ric-ric-ric-ric-ric-ric-ric. ¿No lo escuchan? Ahí está otra vez… ¿No? ¿Nadie lo escucha? RECONOZCO el momento y el lugar y me estremezco. La baja temperatura me cala los huesos. Siento cómo se tensan y estiran cada uno de los músculos en mis piernas al caminar. Sé que voy avanzando pero siento que no llego a ninguna parte. Camino con cautela por lo resbaladizo del suelo, camino con cautela por lo resbaladizo del suelo, camino con cautela por lo resbaladizo del suelo, camino con cau... Caigo.

Y el doctor seguía hablando: La mayoría de la gente describe este fenómeno como la sensación de tropezar, dar un brinco o caer en un pozo profundo. Los especialistas lo llaman «mioclonía del adormecimiento». Se trata de un fenómeno fisiológico muy común. Tienen lugar cuando nos encontramos en la fase de somnolencia, que es la que dará paso a posteriores fases de sueño superficial, profundo y a la fase REM y todas estas fases se repiten cíclicamente a lo largo de la noche y tienen su final en el despertar.

Y yo, seguía pensando: Confío en que todo acabará pronto. Escucho claramente un “Ric-ric” que se oye a lo lejos. Ahí donde mi cuerpo cae atraído por la gravedad a una velocidad vertiginosa lo que percibo es tan rápido que no me da tiempo de procesarlo…

"¿Qué decía el artículo, Azucena?”

Soñar que está en una gruta simboliza el útero y el refugio, la protección y la ocultación;  soñar con una enorme profundidad es siempre un aviso de peligros cercanos, lo mejor que se puede hacer después de tener uno de estos sueños es mantenerse alerta y vigilante.

O sea, doctor, ¿se recomienda no dormir o nomás andar paranoica? Ah, no, disculpe, acá dice: Pero siempre sereno, en espera de lo que el sueño haya querido anunciar. Por lo general estos sueños, cuando son premonitorios, no tardan en revelarse más de dos semanas. ¿Ahora me entiende, doctor? ¡Hoy se cumple el plazo!

El artículo también decía que el soñar con profundidades o abismos sugiere que la persona que está soñando pueda encontrarse en un estado anímico alterado, tal vez depresivo, y que si no se atiende puede sufrir serios choques psíquicos o pánico casi por cualquier motivo.

El doctor nomás se reía con esa risita… Esa. Esa también. Me dijo: “Haz lo que quieras. Nos vemos dentro de ocho días.”

Huele a humedad y a moho.  Los charcos se extienden formando en momentos pequeñas lagunas. “Hola”, lanzo para escuchar mi voz y así orientarme como el guácharo. “Hola”, me responde el eco. “¿Cómo estás?” Digo y me río de lo absurda de mi pregunta. Ya no siento miedo. Un rayo de luz sale de la grieta entre mi plexo solar y la boca del estómago.

Ric-ric” se oye a lo lejos. Reconozco su canto…  Y aquí todo se ha vuelto blanquísimo: las paredes, la ropa, las sábanas. Todo se ha vuelto blanquísimo, ¿se dan cuenta?

¡Ahí está!

¡Otra vez!

Oscuro. Fin.

Publicado la semana 22. 29/05/2020
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Ratatat
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Género
Teatro
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