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Montserrat Varela

La suscripción

Durante años y sin saberlo papá me regaló la fe. Puso a mi nombre una suscripción al Reader’s Digest que recibí una vez al mes por los seis años que duró la primaria. Lo que más me gustaba en el mundo era recibir esa correspondencia cada quincena.

En el sobre siempre se leía: "Señora" Laura Ortega. Adentro había cartas, catálogos, juegos con llaves, tarjetas y estampas, formatos para ser llenados, recetas de cocina, comics, cuentos, artículos, noticias, juegos “rasca y gana” y un montón de papelitos que muchas veces no logré descifrar para qué servían pero que disfrutaba observar por horas y jugar con ellos.

Así, con base en que las cartas iban dirigidas a mí (aunque con el título de “señora”), yo creía con todas mis fuerzas que un día iba a sacarme uno de los tantísimos premios que los editores presumían dar. Sin embargo, al mismo tiempo, intuía que todo aquello era un mero juego de azar, pura “cosa de suerte”.

Papá me lo había explicado un día, sentado a mi lado, con los timbres y papeles de un nuevo sorteo en puerta; me había dicho que la vida siempre nos dará lo que realmente deseemos y que la suerte no se busca sino que es ella la que nos encuentra.

Papá, que murió de un infarto porque le cayó el fisco y no pudo pagarles. A partir de su muerte, dejé de recibir mi tan ansiada correspondencia.

Para aminorar la pérdida me hubiera gustado suscribirme a alguna otra revista pero eso era impensable. Mamá no pagaba suscripciones, se robaba las revistas.  Las hacía rollito y las metía dentro de sus enormes bolsos. No entiendo como  nunca la descubrieron. Lo hacía así, como de broma… Tampoco es que tuviéramos mucho dinero. Ante la falta de plata y exceso de fe, no nos hubiera caído nada mal hacer el esfuerzo de pagar la suscripción al Reader’s Digest de nuevo y seguir participando en los infinitos concursos de premios en efectivo.

Ha pasado el tiempo, y ahora ya no vivo cual esperanzada en los sorteos mensuales de aquella suscripción; sin embargo, aún conservo esa llama encendida, mezcla de emoción y deseo cada vez que envío un texto a algún concurso literario, en espera de "pegarle al gordo" para orgullo del viejo. 

Publicado la semana 13. 29/03/2020
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