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Montserrat Varela

Miño, el niño grande

Miño observaba a la maestra desde su pupitre, al fondo del salón. Lo pusieron ahí porque era el más alto y fornido y de haber estado en un lugar más cercano al pizarrón hubiera obstruido la vista a sus demás compañeros que eran harto más bajitos. Cuando se movía lo hacía con trabajo pues los pupitres, sillas y estantes estaban diseñados para niños más pequeños, niños de su edad. Sin embargo, él ponía especial atención en desplazarse con cuidado, sobre todo al caminar en los pasillos reducidos que dejaban las filas de pupitres, pero muchas veces no podía evitar mover algún escritorio con sus caderas o sus largas piernas y tirar las lapiceras y cuadernos que tenían encima o hasta alguno que otro compañero que perdía el equilibrio debido al empellón. Así, cada vez que algo o alguien caía al suelo la maestra se llevaba las manos a la cabeza y refunfuñaba: ¿Otra vez, Herminio? ¡Te he dicho que tengas más cuidado! Al oír esto, varios de los compañeros reían pero Miño no se inmutaba, concentrado como estaba en recoger las cosas que había tirado del suelo y entregarlas o en socorrer extendiéndole una mano al afectado. Luego, se disculpaba tímidamente y caminaba a su asiento procurando no moverse de ahí aunque rara vez lo conseguía. El asiento le quedaba chico y su barriguita se apretaba contra el escritorio. Miño entonces levantaba la mano, decía: “Miss, ¿puedo ir al baño?”, pero la maestra lo ignoraba y continuaba con el dictado. Si él se atrevía a volverla a interrumpir entonces la miss, sin levantar la mirada decía al grupo entero: “Herminio se porta muy mal, habla mucho, tira las cosas, empuja a sus compañeros y no pone atención en clase, así que no va a salir a recreo”. Miño volteaba para todos lados pero no lograba reconocer al sujeto al que se refería la maestra. Al final, a él la miss nunca lo dejaba ir al baño pero su mamá le había aconsejado salirse sin permiso si la urgencia lo ameritaba, para evitar un accidente que podría resultar harto humillante. Así que generalmente, cuando terminaba de decir esta frase la miss, Miño saltaba de su asiento y salía corriendo “antes de que le ganara”…

Al llegar a casa, Miño le platicaba a su mamá lo sucedido defendiendo a la maestra y  argumentando que ese tal Herminio era una peste, un niño mal portado que hacía maldades a propósito y sin motivo. Su mamá reía a carcajadas y Miño se quedaba atónito sin comprender bien a bien cuál era el chiste, pero verla tan feliz lo incitaba a contarle nuevas aventuras del tal Herminio día tras día.

Publicado la semana 10. 02/03/2020
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