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Mannfred Salmon

Punto_Exe (IV)

Bronn pasó un largo rato observando la pantalla, en silencio. Su dedo se deslizaba por el visor desplazando el mapa de aquel pequeño mundo de un lado a otro, en todas direcciones. Ampliaba y reducía la vista. Volvía varios pasos hacia atrás y retomaba luego la exploración donde la había dejado. De vez en cuando pulsaba los controles secundarios y activaba la función que le permitía examinar el código. Regresaba al universo en miniatura y navegaba por los distintos sectores interpretando la información del menú inferior. Todo estaba allí, en forma de números y letras. Ya no estaba acostumbrado a usar lenguaje de programación pero hay habilidades que uno no olvida del todo.

- Esto es fascinante – dijo, sin levantar la vista.

Gonn se paseaba nervioso por el cuarto, describiendo círculos alrededor del escritorio. Para él no era fascinante. La había hecho buena.

- Espera a llegar las coordenadas que he guardado en el historial. En cuanto lo he visto…

Gonn se lanzó contra la butaca como en aquellas sesiones de formación en las que te dejabas caer de espaldas confiando en que tus compañeros te cogerían. La butaca le recogió. De hecho, fue más cálida y tierna que cualquiera de sus compañeros de entonces.

- Pero todo lo demás… jamás lo hubiera imaginado con este nivel de realismo – Bronn siguió explorando el juego sin perder detalle del mismo en ningún momento - ¿Y dices que solo tardaste media hora en configurarlo?

- Media hora de nada.

- ¿Y en siete años no lo has tocado?

- Ni lo he mirado.

Bronn lanzó una de sus exclamaciones silenciosas. De entre todos los Yup-Yi, era el más excéntrico y vitalista. Eso no le impedía contener sus emociones de manera majestuosa, con un estoicismo solo reservado a místicos y a grandes emperadores. Bronn se ilusionaba hasta con la rutina de los insectos y el descubrimiento científico, el enriquecimiento intelectual derivado de la investigación y la innovación, le causaba la mayor de las satisfacciones. Pero no se permitía saltar y palmotear como sí hacían especies menos avanzadas. Por eso había desarrollado la técnica de las exclamaciones silenciosas, que le permitían cumplir con los elegantes modales de los Yup-Yi y, a la vez, dar rienda suelta a su enérgico entusiasmo.

- ¡Será una broma! – Bronn levantó por fin la mirada - ¿Insinúas que configuraste los parámetros básicos y en siete años el juego se ha desarrollado de forma autónoma hasta convertirse en esto?

- Por lo visto hice un excelente trabajo.

Bronn se repantigó en la silla de oficina y dio unas cuantas vueltas. Meditaba. Se frotó el labio inferior y frunció el ceño. Por fin, suspiró.

- Veamos el fallo.

Bronn desplegó el historial y buscó el punto en el cual su amigo había detenido la navegación. Se encontraba en un sector del juego muy alejado del nodo inicial. Los controles le llevaron hasta un área de pequeño tamaño. Tuvo que ajustar el zoom varias veces y después actualizar las opciones gráficas, pues era un lugar tan pequeño que resultaba casi imposible verlo. Y sin embargo, allí estaba.

- Cuesta horrores localizarlo, sí – Gonn se removió en la butaca -. Si mi especialidad no fuese la interpretación de código jamás lo habría notado.

Era una línea, recta y corta. Si uno no entraba en detalle parecía un simple camino trazado con pulcritud. Pero un examen detenido permitía distinguir que estaba formado por diferentes módulos cuadrados, iluminados de manera antinatural en distintas tonalidades. Lo más preocupante era que ocupaba parte de una zona que parecía haber sido diseñada y desarrollada previamente. Era como si aquella línea se comiera aquella parte del mundo.

- Ahora despliega el código – le indicó Gonn.

Bronn leyó varias veces el segmento que describía aquella zona del juego. Arqueó una ceja.

- Vaya.

- Tú también entiendes el problema, ¿no es así?

Gonn se puso en pie y comenzó a describir una órbita radicalmente opuesta a la que practicaba hasta ese momento.

- Como habrás comprobado, en esa zona existe un error de programación. El lenguaje está corrupto. Lo he revisado de arriba a abajo y…

Gonn se detuvo.

- … hay un vacío – continuó, esta vez sin despegar los pies del suelo -.Tal y como yo uso el lenguaje de programación en ese lugar debería existir una variable pero en vez de eso el código está incompleto. He tratado de reescribirlo pero recibo todo el tiempo un mensaje de error.

Bronn meneó la cabeza. O su amigo cometía un error de principiante o un fallo muy grave venía de serie con el juego.

- Pero si el juego se ha expandido solo, ¿cómo es posible? Un vacío en el código, uno como este que nos ocupa, responde a una intención.

- Bronn, estamos hablando de un juego que ha creado sus propias expansiones en el código – Gonn agitó los brazos con impaciencia -. Se ha desarrollado a sí mismo; cada nivel, cada trozo de mapa, hasta funcionalidades que no son básicas. Es absurdo.

Bronn releyó el vacío en el código. La forma en la que las cifras y los caracteres se quebraban parecía formar una figura. Tenía  que ser obra de alguien. Luego pareció despertar de sus reflexiones y retrocedió hasta un sector del juego que ya había examinado antes.

- Sabes que aquí dentro hay personajes, ¿verdad?

- Lo sé.

- Seres que viven dentro del juego.

- Lo sé.

Los dos acabaron desplomados en la alfombra, mirando al techo. Tantas emociones les hacían temblar las piernas. Al cabo de un rato Bronn preguntó:

- ¿Le pusiste nombre? A tu pequeño universo, ¿le llamaste de alguna manera?

Gonn hizo memoria. No le costó mucho dar con la respuesta. Tras finalizar la configuración y, pensando que al día siguiente continuaría desarrollando el juego, lo nombró provisionalmente con una palabra que en lenguaje universal estándar se pronunciaba pleiboltiser.

- Se llama Punto_Exe.

Publicado la semana 4. 20/01/2020
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The reflecting god - Marilyn Manson , Manhattan , Luego. , Siempre atender al tamagochi.
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