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Mannfred Salmon

Punto_Exe (XV)

La serpiente emergió, recordando su silueta contra el cielo nocturno a la tambaleante atalaya que horas antes habían dejado atrás. Se desenrolló como un matasuegras que fuese lentamente soplado en una fiesta, sin música ni alegría. Su cabeza rastreó la escena y pudieron ver unos ojos temibles, teñidos de rojo infernal, cuya mirada se posó en la fogata. Tan largo como era su cuello, se estiró buscando cuerpos en movimiento.

- Quietos – susurró Kibalka -, no hagáis ningún movimiento.

La guerrera asió con lentitud la empuñadura de su espada, mientras con la otra mano tomaba una de las ramas que aguardaban alimentar la hoguera. La cabeza de la mastodóntica serpiente rozó la arena, tal vez tratando de sentir vibraciones. Benja hizo memoria y se vio a si mismo, inventando el comportamiento de estos seres. No gozarían de una vista espectacular pero sí serían sensibles al más leve movimiento, el personaje jugador estaría a salvo mientras no hiciese nada. Sin embargo estaría perdido al tratar de luchar contra ellas. La trampa estaba servida. Kibalka siguió con la mirada al monstruo, preparada para saltar sobre él con rapidez si era necesario. La serpiente dio un par de vueltas alrededor de la hoguera, tocó con su hocico el cabello de la guerrera, que permaneció inmóvil. Después la cabeza de aquel ser se desvió hacia un lado y se situó frente a Benja. Tuvo lugar un concurso de miradas con riesgo de infarto. Benja contuvo la respiración. La serpiente ladeó su cabeza e inspeccionó cada recoveco de su silueta. El joven no era muy hábil conteniendo el aire en su cuerpo, comenzó un pequeño temblequeo mientras sus ojos amenazaban con salir de la órbita. La serpiente se retrajo, plegándose su cuello como un lazo.

- ¡Benja, cuidado!

Gonn olisqueó el peligro y reaccionó en apenas un segundo. Empujó a Benja y lo apartó de la trayectoria de la serpiente. El monstruo centró su atención en Gonn, se lanzó con la velocidad de un látigo y abrió su horrenda boca, engulléndole en un abrir y cerrar de ojos.

- ¡Gonn! – chilló Benja - ¡Maldito monstruo apestoso!

Kibalka no perdió el tiempo azuzó un corto tronco, prendido a modo de antorcha, haciendo que la serpiente retrocediera.

- Aún tenemos tiempo – indicó -, las serpientes no tienen costumbre de masticar a sus presas.

Luego señaló con su espada hacia el tronco carnoso y escamado que se revolvía.

- Hay que sacar al enano bigotudo antes de que caiga al estómago.

Kibalka echó a correr tras la serpiente, que ya emprendía la huida de vuelta a las profundidades marinas. El monstruo se movió con espasmos y se alejó de la arena antes de que Kibalka pudiera alcanzarla. Ella reaccionó con astucia. Lanzó con precisión la tea, estrellándola contra la cabeza de la serpiente. No le hizo ningún daño pero una lluvia de ascuas hizo que perdiera los estribos. La serpiente enloqueció y abrió sus fauces con un chillido agudo y penetrante. Cuando cesó la maraña de fuego sobre ella buscó a Kibalka. La guerrera había aprovechado la distracción para trepar por la roca, buscando un punto elevado desde el cual saltar sobre el enemigo. Kibalka blandía ya la espada. La serpiente tomó la delantera y lanzó su cabeza contra la pared rocosa, sorprendiendo a la norteña. Kibalka tuvo tiempo de modificar su trayectoria pero no logró agarrar con su mano el saliente de piedra desde el que pretendía impulsarse. Dio un traspié, se tambaleó y cayó un paso hacia atrás. Chocó de espaldas y quedó atrapada en un recoveco desde el cual era presa fácil, sin posibilidad de saltar encima del monstruo. La serpiente se balanceó de izquierda a derecha, avisando de la terrible amenaza que sobre Kibalka se cernía. De sus gigantescas mandíbulas, ahora entreabiertas y babeantes, se escapaba un rugido. Kibalka creyó interpretar una sonrisa en el rostro de la bestia. Parecía sentir placer ante la probable segunda ingesta de la noche.

- ¡Bicho! ¡Eh, bicho! ¡Aquí!

La serpiente retorció su cuello en busca de la voz que ahora la llamaba. Descubrió una figura panzona que saltaba y se contorneaba, produciendo su silueta apetitosas ondas que la serpiente percibía con enorme definición. Abandonó su posición frente a la pared de roca y lentamente se desplazó de vuelta hacia la playa. Su próximo objetivo estaba allí. Benja se dio cuenta de que su plan terminaba ahí.

- Ay, ay.

Y trató de correr. Sus pies se hundieron en la arena. El esfuerzo de trotar sobre una superficie uniforme ya hubiese sido excesivo para Benja. Aquello era una odisea. Miró hacia atrás y vio cómo la silueta serpenteante navegaba hacia la orilla. Evidentemente, se asustó. Benja hizo un gran esfuerzo para sacar de la arena sus pies, saltó, se arrastró, se revolcó, anduvo a cuatro patas como un mono histérico. La serpiente se abalanzó con las fauces dispuestas a devorarle…

… pero usando su dudosa técnica de escape Benja había logrado alejarse lo suficiente de la orilla. El monstruo se estiró tratando de tragarle pero solo consiguió hincar el diente a su pantalón. Benja recordó cómo había programado a aquellos enemigos de forma que uno podía estar a salvo si se mantenía a cierta distancia del agua. Aun así la serpiente le había atrapado por los pelos. Benja se vio elevado violentamente sobre la playa. La serpiente lo zarandeó con furia, incapaz de deshacerse de aquel molesto trozo de comida atado a su dentadura. Por fin, la serpiente pudo lanzarle hacia arriba y el pantalón de Benja se desgarró. Dio numerosas vueltas en el aire, durante las cuales intuyó que una boca muy grande se abría justo debajo de él. Pero la caída le llevó de nuevo a la arena, donde se estampó su cara. Aturdido como quedó, no pudo ver el final del combate.

Kibalka había logrado cruzar de nuevo la playa hasta llegar al monstruo marino, trepando por su cuello mientras Benja era zarandeado. Practicando una escalada a toda prisa, la guerrera subió hasta la base de la cabeza de la serpiente. El monstruo lanzó a Benja hacia el cielo y abrió la boca. Solo tenía que esperar a que aquel cuerpo cayese. Pero Kibalka descargó su fuerza sobre el cuello de la serpiente y seccionó su cabeza con dos golpes. La monstruosa cabeza cayó al mar. Su cuerpo se desplomó. Kibalka cayó cerca de la orilla y comenzó a buscar a Gonn. Desesperada, chapoteó en el agua y hundió sus brazos tratando de tocar a su compañero de viaje.

- ¡Enano mostachón! – le llamó a voces - ¿Puedes oírme?

Nada.

Kibalka examinó la superficie parduzca del mar, en todas direcciones. Hasta que una cabeza surgió, gritó y se volvió a hundir. Kibalka no sabía que en el mundo de Gonn el agua no existía en forma líquida. La guerrera se zambulló y encontró su cuerpo peleando contra el mar. Lo tomó de una pierna y lo sacó, colgando cabeza abajo, hasta la orilla. Allí le depositó. Gonn se revolcó en la arena.

- Mamá, me quiero ir a casa.

Kibalka se arrodilló, exhausta. Luego posó su mano sobre el hombro de Gonn.

- ¿Te encuentras bien?

Gonn extendió los brazos y miró al cielo. Había estado a punto de morir, cualquier cosa distinta a eso significaba encontrarse bien. Un minuto después se incorporó, clavando en la arena sus codos y miró alrededor.

- Oye, ¿dónde está Benja?

Publicado la semana 15. 11/04/2020
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Cualquier escena de combate en cualquier juego o novela , Ahora, ¿a qué esperas? , Me gustaba mucho jugar a God of Thunder
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