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Mannfred Salmon

Punto_Exe (XIV)

En realidad Benja se equivocaba. Cuando él y Gonn rodearon la atalaya de Lamorph por el norte y siguieron los pasos de Kibalka, descubrieron un paisaje vespertino, amplio y bañado por los tonos dorados con los que se pinta el final del día. Benja oteó el horizonte, desconcertado. Una capa tupida de matorral cubría la cara norte de una suave ladera, por donde descendía con decisión la guerrera sorteando enormes rocas plateadas. Iniciaron  la bajada por la zona más despejada de vegetación, donde uno podía ver con claridad si metía o no la pierna en una grieta.

- Me tomas el pelo – dijo fascinado Benja -. Todo esto nunca  ha existido en mi juego. ¿Se ha creado solo, como por arte de magia?

Gonn dio dos palmadas en el hombro de Benja mientras le tomaba la delantera.

- Bienvenido a mi mundo.

El descenso continuó durante un par de horas, en las que el paisaje apenas cambió. Piedras pulidas y rocas puntiagudas como cuchillos, grisáceas o blanquecinas. Arbustos plagados de espinas. Y exactamente ningún sonido animal ni humano, tan solo el rumor del viento, ahora apaciguado y más amable al rostro. No era un ambiente hostil, tampoco un paraíso. No había especial esfuerzo ni creatividad en su modelado; simplemente se bajaba por él. Sin más.

Transcurridas un par de horas llegaron hasta una zona de costa, escarpada y sumida en un temporal marítimo constante. No se presentía lluvia pero allí las rachas de viento azotaban sin compasión la arenisca y la arena perforaba el rostro. Kibalka no miró atrás en ningún momento. Tampoco Gonn ni Benja osaron molestarla. La guerrera continuó su camino hasta encontrar una playa, lo bastante resguardada de aquel soplido brutal, en la cual se sentó. Contempló el mar. El sol ya se ponía y la escena adquirió un tinte tristón. Kibalka se abrazó las rodillas.

- No sé si te has percatado, pero no hemos traído comida – indicó Gonn.

Benja dio unos pasos y se acercó hasta Kibalka. No sin temor, se sentó junto a ella y una inesperada prudencia le asaltó. De modo que calló hasta que Kibalka deseó expresarse.

- Dices ser el dios que ha creado todo esto – dijo, sin dedicarle una mirada.

- Desarrollador de videojuegos amateur me gusta más, si no te importa.

Hubo silencio entre ellos.

- Kibalka, aunque yo he creado este mundo, no tengo control sobre él – prosiguió Benja -. Creí que sí pero… me he dado cuenta de que lo que  estaba escrito puede ser cambiado. Crecer y hacer de todo. Sin que yo intervenga.

Benja dejó que Kibalka aglomerase  sus pensamientos. El joven se había preparado para encontrarse con el protagonista de su juego, Astrak, un héroe con numerosos puntos de carisma, fuerza, agilidad e inteligencia. El personaje que cualquier chico de instituto adicto a las partidas de rol querría manejar. En vez de eso se las veía  con una mujer, cien veces más masculina que cualquier héroe, que podía romperle todo el esqueleto con un meñique y asimilaba la información a porrazos. De haber podido elegir, nunca hubiera configurado a un personaje femenino de esa manera. En general recordaba que él, y cualquiera que gustase de organizar largas y emocionantes sesiones de rol, acostumbraba a crear mujeres guerreras con grandes pechos y generosas caderas, astutas y mordaces. Después pensó que tal vez el personaje que tú imaginas no es el que finalmente desarrollas durante una partida. Se le ocurrió que eso es lo que acababa sucediendo cuando tienes un hijo. Recordó fugazmente a su madre, aún más brevemente a Tomás Seco. Por fin miró a Kibalka y sintió que algo se quebraba. A aquella guerrera también la había creado él, no le había prestado la más mínima atención y ahora la protagonista de su juego era ella. Ninguno de los dos había planeado esto.

- Kibalka leyó esto – dijo ella sacando de su equipaje el Códice -. Kibalka no logra entenderlo. Tal vez mi creador sepa qué hacer.

Benja tomó el texto y lo leyó. Gonn se sentó junto a ellos, carcomido por la curiosidad. Aquella sensación era nueva también para él, pues un Yup-Yi se mantenía convenientemente alejado de todo atisbo de curiosidad. Tanto Benja como Gonn supieron al instante qué era aquel códice, ya que era un lenguaje que ambos dominaban. Era lenguaje de programación. Sin embargo contenía numerosas variaciones y alteraciones sobre los códigos a los que estaban acostumbrados. Supusieron que tenían sentido para quien hubiese escrito el texto, pero para ellos eran meros conjuntos aleatorios de código que no tenían propósito conocido. En algunos fragmentos abundaban las instrucciones y las variables, desplegándose una amalgama de “si” seguidos de un “entonces”, que no llevaban a ningún lado. En otras páginas se acumulaban ceros y unos, símbolos y caracteres, todos ellos sin definir nada concreto. Había fragmentos borrados y páginas rasgadas. Finalmente unas someras instrucciones para Kibalka, escritas a mano pero igualmente confusas, que instaban al escudero correspondiente a adentrarse en Lamorph y activar la palanca de solución. Leyeron la parte que hablaba de sacrificarse y morir por salvar el mundo. Y después las concisas indicaciones: ARRIBA, MÁS, RETROCEDE, BARRA, SI ENTRAR, ENTONCES, VERDADERO, FLECHA, FLECHA, FLECHA. Benja devolvió el Códice a Kibalka y habló con Gonn entre susurros:

- ¿Es cosa mía o este Códice es el lenguaje de programación de este mundo pero… distinto?

- No se parece a la manera en que tú lo programaste – confirmó Gonn -, pero sin duda lo es. Un juego escrito desde dentro, qué interesante. Creo que intentaban descifrar a su creador.

Gonn guiñó el ojo.

- Por otra parte – continuó -, a mí me parece que el Códice está alterado, igual que lo estaban nuestros códigos. Está corrupto.

- Lo han pirateado – murmuró Benja.

El joven se volvió de nuevo hacia Kibalka.

- Cuéntame todo lo que sucedió.

Y de esa forma Benja y Gonn quedaron al corriente de todos los detalles sobre la desolación que Worlak había traído a los cuatro Cuadrantes. Les habló de las hambrunas y la pérdida de cosechas, de la ruina de las grandes ciudades, las enfermedades y la sublevación de los campesinos contra los señores que les mataban de hambre. Matizó después Kibalka que esto último ya existía antes de Worlak. Y después habló del Espejo de la Gracia y las Virtudes, por el cual su mundo se regía y preveía las diferentes fluctuaciones socioeconómicas. Con el Espejo  roto y uno de sus trozos perdido, era imposible que aquellas sociedades pudieran volver a especular y a crecer en riqueza y nobleza a costa de sus lacayos. Todo estaba perdido y la única esperanza de salvar el mundo, Astrak el héroe, había perecido. Y su escudera, su fiel sirviente, la simple y bruta Kibalka, no había sido capaz de encontrar ninguna palanca de solución en Lamorph. Nada de nada. Era el fracaso más rotundo. Benja se sintió conmovido y puso amistosamente su mano sobre el hombro de la guerrera.

- Descifraremos qué quiere decir exactamente este Códice – trató de animarla -, venceremos a Worlak.

Benja y Gonn no necesitaron palabras para llegar, al mismo tiempo, a la misma conclusión. Lo que hubiera corrompido Worlak en este mundo se las estaba arreglando para crear una grieta que ascendía hasta el universo de Benja. Un código corrupto que se comía a otro. ¿Cómo era aquello posible? Mientras meditaban al respecto Kibalka compartió con ellos la poca comida que quedaba. Hicieron una fogata y cenaron, cada uno absorto en sus preocupaciones. Hasta que un rugido se abrió paso desde la oscuridad del mar y les sacó de su breve momento de calma.

- Eso no suena como una enorme serpiente marina surgiendo del agua y dirigiéndose hacia nosotros, ¿verdad? – tembló Benja.

Deseó no haber programado jamás enemigos como aquellos.

Publicado la semana 14. 30/03/2020
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Blackmore's night , Fantasía medieval, coño , En una tarde lluviosa, tal vez , Viernes por la tarde = partida de rol al Señor de los Anillos
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