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Mannfred Salmon

Punto_Exe (XII)

Kibalka sintió un agudo deseo de ser demolida, de derrumbarse igual que amenazaba aquella retorcida atalaya. Comenzaron a escocerle los ojos y su voz quiso quebrarse. Bajó finalmente la espada y dejó caer al mismo tiempo la cabeza hasta que la barbilla tocó su pecho. Los dos hombres que segundos antes habían caído de un misterioso agujero oscuro y apestoso no entendieron su reacción. 

- Kibalka no es Astrak - explicó con tono cansado -. Astrak murió hace horas a manos del pérfido hechicero Worlak.  

Kibalka arrojó la espada contra la roca y alzó la vista, concentrándose en la bóveda sobre sus cabezas. Extendió los brazos y tensó sus dedos. 

- Ahora Kibalka la norteña cumple con la misión. ¡Pero no sé qué he de hacer a continuación! 

Y se arrodilló, agarrándose las rodillas mientras dirigía su mirada vacía hacia ningún lugar en concreto. Benja no pudo saborear su ensayada introducción. Gonn miró a ambos. No sabía cómo actuar ni qué decir. Nadie parecía contento en su universo y empezó a pensar que la configuración de su juego, siete años atrás, había sido desafortunada. Desastrosa. Propia de un asesor gubernamental. Benja torció la boca y adoptó una expresión de puro asco. 

- ¿Qué significa esto? - preguntó a Gonn - ¿Dónde está el protagonista, qué significa que ha muerto? 

Gonn se encogió de hombros. 

- ¡Esto es genial! - Benja se mostró alterado – O sea, programo una aventura, la dejo perfectamente guardada durante años, y cuando... 

Al comenzar la última frase no pudo evitar una carcajada desesperada. 

- … entro en el juego me encuentro con que el protagonista ha fenecido y en su lugar hay una mole marimacho que habla en tercera persona. 

Kibalka no entendió el significado de cada palabra pero sí comprendió qué implicaban. Sin mostrar furia ni desolación, se levantó, dio tres pasos hacia Benja y le agarró por el cuello, elevándole medio metro sobre el suelo. 

- Kibalka no siente compasión por un gordinflón de cabellera deforme. 

Gonn no dijo nada, tampoco se dio prisa por ayudar a Benja, que solo acertaba a emitir graznidos y distintos sonidos agónicos. Volvió a mirar alternativamente a Benja y a Kibalka. 

- Kibalka, suéltale - dijo con paciencia -. Se está poniendo azul. Aunque sea tu creador, también puede morir. 

La guerrera dejó caer a Benja, que golpeó la piedra como un saco bien cargado de habichuelas lanzado sin cuidado. Sin mediar palabra Kibalka dio media vuelta y subió la escalinata. Gonn tomó a Benja del brazo y tiró de él. Presentía que Kibalka sabía qué camino tomar para salir de aquel extraño montón de roca levantado sin planificación ni estudio de riesgo. Y Gonn no deseaba perderse dentro de un sitio tan emocionante como aquel.  

Cuando los tres salieron al exterior el sol del atardecer, de un naranja tan intenso como el pelo de un adolescente nacido en las primaverales regiones cercanas a Feriantima, doraba la piedra de la atalaya. Kibalka se sentó sobre la escasa hierba que rodeaba el lugar, con parsimonia. Abrió su equipaje y comió unos trozos de carne desecada. Sabían a muerte y a intoxicación pero ni siquiera eso le importaba ya. Si dos hombres ridículos caían de un agujero negro, bien estaba. Si el más panzón de ellos anunciaba su llegada como la del dios de dioses, bien estaba. Kibalka no sabía seguir, de modo que cualquier asunto que surgiese a partir de entonces le importaba tanto como el excremento de un mosquito. Gonn tiró un poco más de su compañero y le obligó a sentarse junto a Kibalka. Benja se manifestó molesto con aquella decisión. 

- No quiero – se quejó -. Acaba de intentar matarme. 

Kibalka no se movió. Continuó mirando hacia el oeste, luego murmuró: 

- No lo entiendo. Pudo seguirme, pudo lanzar a su horda de no muertos contra mí. Pero no lo hizo, pese a estar pisándome los talones. 

Gonn intentó descifrar el sentido de aquellas palabras. Kibalka se volvió hacia ellos. 

- Worlak el hechicero fulminó a Astrak como quien aplasta a una vaca - continuó -. ¿Por qué no lo hizo conmigo? ¿Por qué no siguió mis pasos? 

Benja sabía de qué hablaba la guerrera. Se levantó con dificultad y echó a andar por el viejo sendero sembrado de piedra y arbustos secos, de vuelta por donde Kibalka debía haber venido. Gonn fue tras él. Kibalka, desconcertada, fue la última en moverse.  

- Creo que sé por qué Worlak no fue a por ti, poderosa Kibalka – Benja habló con tono teatral. Sin duda quería mantener una compostura que al creador de un mundo se le presupone -. Es lo que sucede cuando en el transcurso de un juego la pantalla no te permite volver atrás. 

Gonn creyó entender a qué se refería Benja. Kibalka arqueó una ceja y no dijo nada. Su confusión no podía expresarse con palabras. El grupo llegó hasta un punto determinado, marcado por una conjunción de rocas y matojos convenientemente compuestos en los márgenes de la senda. Tal vez puestos ahí a propósito. 

- Kibalka, ve delante - pidió Benja. 

Kibalka accedió. Pero no pudo ir muy lejos, su rostro se topó bruscamente con un mágico muro invisible que le impedía dar un paso más. Desenvainó la espada. 

- ¡Brujería! 

Benja puso suavemente una mano sobre su brazo y trató de tranquilizarla. 

- No, Kibalka - habló con tranquilidad -, no se trata de brujería. Se llama desarrollo de videojuegos.  

Los minutos siguientes los pasó Benja explicando sin demasiados tecnicismos que, en un juego, es posible que al superar un nivel ya no se te permita retroceder. Es decir, Kibalka había logrado pasarse la pantalla del ataque de los esqueletos. Ahora el juego le impedía regresar a esa pantalla, pues ya la había superado. Gonn, conocedor de los secretos de la programación informática, le echó una mano en esta introducción al lenguaje de programación para bárbaros. A partir de ahí pasaron a explicar cómo habían llegado hasta allí, qué significaba que Benja fuese el creador, cuáles eran los distintos niveles de realidad y otras muchas cuestiones que pusieron a la guerrera en conocimiento de la situación. Kibalka quedó conforme con todo ello. Era costumbre bárbara quedar conforme con algo que no entendías muy bien. 

El grupo regresó a la atalaya a petición de Benja. 

- Es necesario proseguir la aventura aquí - indicó -, hace muchos años de esto pero recuerdo haber planeado una serie de puzzles en la atalaya.  

Kibalka miró a Gonn. Gonn se encogió de hombros por segunda vez en un día.  

- Tenéis que confiar en mí si queremos seguir adelante y resolver el dichoso asunto de la grieta que se come mundos. Fijaos allí. 

Se dirigieron hacia una esquina de la atalaya, por donde Kibalka había pasado antes sin reparar en un detalle concreto. En aquella pared, tan cochambrosa como el resto de la torre, podía notarse un pedazo de roca, de anchura similar a dos cuerpos, que parecía estar más hundido que el resto de la pared. Benja se colocó frente a este trozo de roca y puso su palma encima. 

- Me acuerdo bien de esta parte – dijo, mientras empujaba con la fuerza, más bien debilucha, de un tipo que no había hecho ejercicio desde la escuela -. Esperad un momento. 

Transcurrieron varios momentos. Benja no consiguió mover aquel trozo de pared. Kibalka suspiró, impaciente. 

- Kibalka lo hará por ti. 

Pero antes de que la guerrera pudiera empujar aquella supuesta compuerta, una voz mecánica sonó. La voz de alguien que es capaz de entonar generando una línea recta y plana. 

- Saludos, amigo – dijo aquella voz, carente de expresión -. No puedes hacer eso. 

Una figura masculina, de unos veintitantos años y pelo rizado, salió de entre unos matorrales. Por qué llevaba horas allí oculto era un misterio. Tampoco pudieron encontrar respuesta a su extraña sonrisa, como si estar metido entre zarzas y piedras fuese algo cómodo. 

- Oh, oh – se lamentó Benja. 

Gonn se puso realmente nervioso.  

- ¿Oh, oh? ¿Qué quieres decir con “oh, oh”? 

Kibalka posó la mano sobre la empuñadura. 

- Benja, ¿quién es este nuevo diablo? 

Benja observó a aquel hombre joven y de aspecto saludable mientras se acercaba hacia ellos. No le hacía ninguna gracia aquella aparición. 

- Chicos... este es Nephanel Gifdy. 

Publicado la semana 12. 16/03/2020
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La OST de Diablo , Las partidas de rol organizadas por Dani del 5º , Mientras practicas un confinamiento , Un muro mágico te lo impide
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