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Mannfred Salmon

Punto_Exe (X)

De camino a casa Benja tuvo tiempo para escuchar numerosas explicaciones sobre Gonn, sobre el mundo del que provenía, sobre la creación de Punto_Exe, la implementación autónoma de su universo y el segmento corrompido de código. Ninguna de estas explicaciones satisfizo sus preguntas ni calmó su inquietud. Gonn trató de dar un respiro a Benja. Como ser superior era capaz de entender los síntomas asociados a un exceso de información. Los experimentos llevados a cabo por las divisiones gubernamentales Yup-Yi habían demostrado, mucho tiempo atrás, que las distintas especies de ratas de laboratorio morían a causa del estrés. Gonn no quería matar a aquel joven barrigón.

- De modo que las distintas ramificaciones familiares de mi especie configuran su nombre añadiendo el prefijo Ka al principio y poniendo su extensión de estirpe al final – Gonn charlaba amablemente, pero con gran inexpresividad -. Yo, por ejemplo, pertenezco a la estirpe Del Universo.

Ya se encontraban frente a la puerta de la casa. Gonn admiró para sí mismo el porche plagado de flores, diminuto pero bellísimo, del cual ascendían tres escalones que llevaban a la entrada de la casa.

- Luego están los Del Cosmos, De la Galaxia, Del Cúmulo… - se detuvo un instante -. Estos últimos son mis primos pero no nos llevamos muy bien.

Después entraron en casa. Ni su madre ni Tomás estaban allí, Benja recordó que habían comprado entradas para ver una película dramática y después cenarían en algún restaurante. Respiró aliviado. Lo único que faltaba era que se presentasen allí y le diesen la murga junto al bigotudo interestelar.

Subieron al cuarto de Benja y Gonn continuó explicando con pelos y señales la historia de cómo se había creado el universo de Benja y cómo él había llegado hasta allí. Se explayó a la hora de contar lo que había sucedido desde que descubrió la grieta en el juego y Bronn, su gran amigo, le había señalado el camino a seguir. Seguía Gonn en su monólogo cuando Benja sintió que ya estaba bien y que aquello era suficiente. Cruzó las manos y abrió después los brazos con el más rotundo gesto de negación.

- Basta, para un momento – dijo antes de respirar muy hondo -. ¿Me estás diciendo que tú eres… Dios?

- Conozco vagamente ese concepto aunque no lo comprendo del todo. Pero, en respuesta a tu pregunta, sí. – contestó Gonn.

Benja se lanzó a la cama y no hizo nada. Quería llorar pero era demasiado perezoso para hacer tal esfuerzo.

- Sé que esto es abrumador, Benja – siguió Gonn -, pero has visto con tus propios ojos como reescribo tu mundo.

Gonn echó un vistazo por las estanterías.

- Antes me contaste que habías tardado menos tiempo de lo habitual en llegar hasta la feria de ciencias. Déjame que te explique la importancia de este hecho.

Gonn proyectó en el aire la pantalla de su mini terminal. Benja pudo ver el mapa que representaba su mundo. Gonn localizó la ruta que ambos habían seguido para volver a casa y centró el visor en un punto concreto. Desplegó el código y se lo mostró a Benja.

- Creo que tú sabes algo de programación, ¿no es así? Fíjate en esto – el código se rompía en ese punto -. No tardaste tres minutos por azar. Literalmente, hay un pedazo de tu universo que ya no existe. Se lo han comido.

- Pues que les aproveche – se revolvió Benja.

- Y esa brecha de la que te hablo sigue creciendo. Desde un minúsculo hilo que se tragaba el polvo y los insectos hasta un auténtico pasillo donde nada existe ya. Un vacío enorme que ha hecho desaparecer el escenario configurado previamente,  y que solo puede crecer y crecer.

Gonn se había acercado con expresión pétrea. Benja pensó que no era capaz de expresar nada porque en su mundo todos estaban fabricados con fibra de vidrio.

- Ya, claro – Benja se sentó sobre la cama y se mostró muy molesto -. ¿Y si yo digo que no? ¿Y si no me creo nada de lo que dices?

- Pero tú mismo has visto cómo…

- ¡Lo que yo he visto me la trae floja!

Gonn torció la cabeza y no dijo nada. Intentaba entender el sentido de esa frase.

- Oye, Gonn, no puedes asaltarme por la calle, descomponer y recomponer una calle, y luego esperar que mi cerebro no explote.

Pasaron unos segundos hasta que Gonn comprendió que la cabeza de Benja no iba a salpicar por todas partes. El humano – así se había hecho llamar aquella especie nacida de su configuración inicial – quería decir que necesitaba tiempo para asimilar todo lo que sucedía. Aquello le enterneció, porque poco antes era Gonn quien había necesitado tiempo y apoyo de su amigo Bronn para aceptar que de su mano había nacido un universo plagado de seres vivos, que estaba en apuros y que necesitaba la intervención de su creador.

- Guardas algo en tus bolsillos, ¿no es así? – preguntó Gonn tratando de encontrar una vía diferente para continuar la conversación -. Me interesa mucho.

Benja sacó una caja de disquetes, la misma que aquella tarde había acariciado en sus momentos de nostalgia. Aquella caja llevaba veinte años con él, veinte años bien almacenada en el estante. Y justo aquella tarde había decidido sacarla de paseo, sin saber bien por qué.

- ¿Esto? No es nada. Cuando aún iba al instituto me gustaba programar, es cierto. Quería hacer un videojuego y me imaginaba que iba a ser lo más. Que iba a aparecer en las revistas especializadas, a hacerme famoso mientras todo el mundo se lo pasaba pipa jugando a mis creaciones.

- ¿Y qué pasó? – Gonn preguntó con total interés.

- Pues que mi padre se fue. Y yo no entendí nunca por qué lo hizo – Benja  se encogió mientras hablaba -. Y estudiar no era lo mío, de todos modos, así que pensé “¿quién necesita el instituto?”. Y eso me llevó a “¿quién necesita hacer nada de nada?”. Y aquí estamos.

Benja agitó la caja de disquetes, donde se guardaba su proyecto de videojuego. El que había empezado a programar y nunca había llegado a finalizar. Gonn tomó la caja y la miró de arriba abajo. Hacía un rato que Gonn, tras rastrear el código y localizar un par de variables, había señalado que el origen del problema se encontraba en esos disquetes. Cómo se había producido, no lo sabía. Cómo podía estar afectando a Punto_Exe, tampoco lo podía decir. Pero su destreza con el análisis de lenguaje informático no ofrecía dudas: la grieta se originaba en el código con el que Benja programó su juego hace veinte años.

- ¿Cómo se llama tu juego? – preguntó.

- Ni siquiera le puse nombre, ¿te lo puedes creer? Ni eso pude terminar.

Benja hizo memoria mientras Gonn abría la caja y confirmaba, leyendo la etiqueta de cada disquete, el nombre provisional que el juego había recibido. Escrito con rotulador naranja: demo.exe.

- No sé si lo he mencionado – dijo Gonn – pero estoy dentro de mi propio juego porque así me lo ha permitido una tecnología Yup-Yi muy experimental.

Benja se olía dónde iba a acabar todo aquello.

- Se llama tecnología de succión inversa – explicó mientras le enseñaba las terminaciones sensitivas.

- Suena espantoso.

- Espera a probarlo.

Bastaron un par de minutos para que Benja se hiciese a la idea de que iba a trasladar su cuerpo y su conciencia al interior de la demo. Cualquier cosa parecía ya posible e imbécil al mismo tiempo. Al menos no tendría que ver a Tomás Seco durante un rato. Se conectaron a la máquina. Benja sintió algo que parecía lejano, sintió emoción. Sintió pura curiosidad. Su cabeza zumbó. Y un pensamiento cruzó de pronto su mente temblorosa.

- Espera un momento – dijo mirando a Gonn de arriba abajo -. ¿Tu nombre es Ka Gonn del Universo?

Gonn no llegó a entender por qué Benja caía de rodillas entre risotadas.

Publicado la semana 10. 02/03/2020
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Un debate en Cuarto Milenio , Las mismas que he puesto en episodios anteriores , Este capítulo es para un domingo al atardecer , Un buen chiste de pedos en el momento adecuado
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