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Luciana Capdevila

La Tanza (Parte 9)

Los dos cuerpos que hace unos segundos se amaban con pasión se separaron de un momento a otro, siendo que uno de ellos mostraba un claro y profundo temor en sus ojos mientras que su par se veía tenso, sumido en fatal decisión, estrujando su alma sin piedad alguna. Las manos de Juampi, antes enredadas entre rizos, ahora eran apretadas contra su pecho, intentando contener el dolor que de su corazón partía. Un colador intentando frenar una crecida hubiera tenido más éxito. 

Lágrimas resbalaron sin cesar por sus mejillas. Agustín se acercó.

-Juampi - le susurró suavemente, tomando sus manos y presionandolas con cuidado. -Sos el chico más lindo que conozco y me encantó salir con vos cuando lo hicimos, pero sabés que ahora estoy con otra persona - continuó mientras intentaba verlo a los ojos, pero estos escapaban hacia otra dirección.

-Mirame por favor - dijo en un tono que dejó escapar una súbita amargura. - No quiero arruinar nuestra amistad con esto que te estoy diciendo, pero para eso también necesito que vos sigás adelante. - 

Suspiró, intentando mantener su compostura y mostrar fortaleza, pero dejando a la luz sus sentimientos en una forma que ni Juampi se había atrevido a hacerlo, ni siquiera en sus propios pensamientos. En un instante se recriminó un millón de veces distintas el no poder dar a entender lo que sucedía, siendo que ni él mismo tenía claro si sus afectos residían sobre la persona correcta. 

-Vení conmigo, solo te pido que lo pensés - le respondieron de forma entrecortada, tomando pausas para recuperar el aliento perdido entre la pena. -¿Para que te querés quedar acá en medio de la nada? - 

La duda era visible en la cara de Agustín. La respuesta era tan obvia, tan directa, y aún así le costaba expresar que Laguna Azul era el hogar de Martina, que aquello era lo único que le importaba. 

-Vos sabés por qué - y acercó su mano hacia Juampi, limpiando sus lágrimas con el pulgar mientras observaba por la que probablemente sería la última vez el rostro de quién había amado aquel último verano.

Un muro dividía sus afecciones, abriéndose paso entre su carne y dejando profundas heridas que despedían sangre a torrentes. Desde un lado podía jurar que había una congregación inmensa de gente clamando a toda voz que debía retractarse. Que besara a su amante en una escena digna de un romance hollywoodense y se aventurara hacia nuevas fronteras junto a Juampi. Del otro no podía asegurar que se reuniera la misma cantidad de personas, aunque tuviera sospechas de que el número fuera menor. Aún así, los cánticos recordando la noche donde conoció a Martina y la dulzura que envolvía las hermosas noches que se dedicaban entre elles, pidiendo por que mantuviera su lealtad hacia aquella a quien juró amar hasta hace menos de un minuto, resonaban con mayor potencia en las cavernas de la cavilación. Un grito con mucha más contundencia, una protesta mucho más llamativa.

Así, perdido como estaba entre sus contradictorios deseos, atinó únicamente a abrazarlo. Ciertamente fue un abrazo cálido, un abrazo que deseó nunca terminara. Uno en al cual intentó acercarse a Juampi tanto como le era posible, hasta que sus cuerpos compartieran el mismo espacio físico si podía, átomos superpuestos en posiciones mantenidas por la fuerza con la cual los mantenía unidos. Un abrazo que aún así terminó terminó alejando irremediablemente sus almas, dando fin definitivo a sus andanzas por los campos del amor.

Juampi bañó el hombro de Agus en lágrimas e intentó tomarlo de la remera para evitar la dolorosa separación. 

-Te quiero - le dijo al oído luego de acercarlo nuevamente a él.

Agustín tomó su rostro entre sus manos y, sorprendiéndose a sí mismo, en un momento en que se creyó despojado de toda voluntad, lo miró fijamente, animandose a transmitir una vana esperanza en su mirada. Esta vez, Juampi no evadió aquellos ojos.

-Yo también - y luego besó tímidamente los labios que allí lo enfrentaban. Un último, minúsculo contacto antes de tomar caminos distintos.

-Esperame un toque, ya vuelvo - el Juampi anclado a la realidad material anunció cuando iban a pasarle una botella. Se levantó de donde estaba sentado y dejó a la vista un pequeño claro entre los pastizales y los arbustos donde una escena introspectiva se desarrollaba de forma paralela.

En ella, un segundo fantasma de Juampi esperaba sentado con una valija junto a él y una mochila al hombro. Entre sus manos tenía una remera blanca que parecía ser del uniforme de su colegio. La tela mostraba firmas sobre toda su topografía, algunas decorando cortos mensajes que no podían leerse a la distancia. Pude reconocer la de Agus, escrita en letra grande, clara y prolija, sin ninguna decoración, solo las aquellas cuatro letras trazadas en imprenta. Como al resto de las menciones allí escritas, le dedicó unos segundos, pero no le dirigió ningún gesto en particular. Había superado aquel lejano amorío de verano, no le generaba ahora la esperanza ni el deseo que hace unas semanas lo dominaba. 

Se notaba que ya extrañaba Laguna Azul con una intensidad feroz a pesar de estar todavía en la misma plataforma donde yo recibía mi renovada existencia hace solo unas horas. Era esta nostalgia preventiva, sin embargo, no era dirigida hacia nadie en particular, sino a todes sus conocides, todes sus compañeres de colegio y todes aquelles quienes eran cercanes a él y dejaba detrás mientras se abría paso a una nueva etapa de su vida. 

Era este un sufrimiento que sin embargo no causaba mayor angustia en su poseedor y, en cualquier otro caso, no merecía mayores elogios de mi parte. La ilusión que habitaba en él era demasiado poderosa como para verse superada por una temporal y nimia nostalgia. Pero, para el beneficio de mi disfrute, el significado que agregaba esta a la obra que ví antes y la verdad que revelaba acerca de Agustín eran invaluables, por más eclipsadas que se vieran.

Descubrí que había caído en un simple error que quitaba contexto a todo aquello que había presenciado. Creí de forma apresurada que la abstracción bajo la cual ví sometido a Juampi era causante de la escena pasional. Que sus sentimientos dirigidos a Agustín eran los causantes de su visible falta de fortaleza. 

¡Que estúpido y prejuicioso de mi parte! ¿Acaso son solo las personas que muestran sus preocupaciones a flor de piel las únicas que sufren por amor? ¿No pueden llorar una pérdida aquelles que se muestran impávidos ante las adversidades que se nos presentan en la vida? Una presunción insultantemente apresurada, y aún así ¡sí que había logrado que me sumergiera con tanta alegría en la sorpresa de verme en lo incorrecto! Doy gracias por haberme equivocado tan grosamente en mi deducción, pues fue este un error que me permitió disfrutar de un dolor tan profundo que para Agustín era imposible de dejar entrever sin quebrantar por completo toda voluntad imaginable. 

El primer plato había sido todo este tiempo un portal hacia la psique suya. Simplemente maravilloso.

Juampi se alejaba hacia la oscuridad de la noche en sentido opuesto al viejo pilar que me servía de respaldo, continuando hasta que la privacidad de la lejanía le fuera satisfactoria. Hace tiempo que el grupo vaciaba botellas a diestra y siniestra, y no fue él la primera persona en alejarse de todes para así liberar la presión contenida. Iba al baño, ni más ni menos, inafectado por su próxima partida gracias al escudo que sus esperanzas le proveían. En ningún momento había dirigido su mirada hacia Agustín.

Al contrario, fue Agustín quien, en un momento de inaudita debilidad visible, se giró de forma brusca hacia Juampi, presenciando así como se alejaba el rechazado al que ahora extrañaba.

-¡Agus! - le gritaron. Al realizar aquella brusca maniobra había golpeado con su codo la mano de quien le pasaba otra de las botellas que allí rondaban. Esta cayó inevitablemente al suelo y derramó lo que quedaba dentro. 

-Perdón - dijo todavía exaltado por la extracción violenta de su intento por mirar a Juampi tímidamente. Levantó la botella, ahora vacía, y luego se palpó el bolsillo de atrás de su pantalón. -Quería prenderme un pucho, ahí te busco otra. - 

Aquella pequeña mentira era innecesaria. Nadie allí había pensado que aquello fuera más que un accidente y tampoco hubiera generado ningún revuelo si les demás descubrían allí mismo que quería huir de aquel pueblo alejado con Juampi. Aquel intento por ocultar su sentir fue una espectáculo con un único espectador, el mismo Agustín. Su semblante inmutable no era más que su única protección contra el desconsolado extrañar. Avergonzado de no haber sabido actuar en concordancia con sus emociones, no tenía ahora más escapatoria que ocultar de sí mismo sus propios sentimientos. 

Hizo como dijo, alcanzó otra bebida y luego sacó la etiqueta y el encendedor. Entre pitadas se detuvo a justificar la necesidad de haber prendido aquel cigarrillo, iluminando la garita junto a las vías con el suave azul de una memoria pasajera. 

Lo que sucedía era algo confuso, había demasiado movimiento cerca de donde sucedía la acción principal, y entre todo lo que sucedía quedaba la figura de Agustín fácilmente ofuscada.

-¿Vos fumás mucho? - le preguntó Martina, aquella a quién creyó amar hasta el punto de justificar su estadía en Laguna Azul.

Alrededor de elles dos se movían  varias personas. Podían verse las formas de un patio y lo que claramente era una fiesta, en particular aquella en la que la conoció. Ambes se apoyaban contra una pared y un foco los iluminaba de arriba.

Había una clara química entre ellos, incluso si no llevaban hablando más de unos minutos. Pasadas las semanas de compartir juntes, no era sorprendente que el dilema que se le planteó a Agustín fuera extremadamente complicado de resolver. Quizá no había decisión correcta que tomar, probablemente hubiera sufrido fuera cual fuera el camino transitado.

-Cada tanto - respondió luego de exhalar el humo. -Más que nada para calmar los nervios. -

-¿Te pongo nervioso? - lo interrogó Martu, con una sonrisa amplia grabada en su cara y un tono juguetón que ocultaban una sutil esperanza porque la respuesta fuera indicadora de que todo aquello podía ir a más. 

En ambos mundos, Agus soltó una pequeña carcajada y luego llevó el cigarrillo de vuelta a su boca.

Publicado la semana 75. 06/06/2021
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