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Luciana Capdevila

Acumulación de las gotas

Diríase que la memoria puede presentar, de a momentos, similaridades de importancia con una canaleta luego de que ha pasado la lluvia. Entonces ha dejado de fluir agua a través de ella, pero esto no evita que esté habitada por una colonia innumerable de gotas, más o menos grandes, más o menos pequeñas, cuya fricción con la superficie metálica y aquellas hojas que hayan quedado de árboles aledaños mantiene allí, quietitas. Muchas no se moverán de sus respectivas posiciones y esperarán pacíficamente a que el sol las evapore, viajando así nuevamente hacia las alturas, de donde volverán a caer con la siguiente lluvia. Hay otras cuyo tamaño obliga a las frágiles fuerzas que las sostienen a batallar frente a la gravedad que busca estrellarlas contra el suelo que yace debajo del borde de la canaleta. Al ser esta concepción newtoniana poseedora de una tenacidad infinita, se tiene, por ende, que una mera gota no podrá presentarle pelea por siempre. Tarde o temprano, todas terminan por recorrer el camino hacia el precipicio. Son estas gotas titánicas las suficientes para caer de forma contínua, probablemente a un ritmo irregular, pero aún así constante.  

Más interesante aún es que, debido a que la canaleta apuntará siempre a la misma dirección (salvo que se ejerza sobre esta una fuerza considerable, claro está), es una misma área la cual será la receptora eterna de una gran mayoría de estas balas perdidas. Sea esta conformada por el material que sea, duradero como sea, sólido como sea, con el pasar de los años comenzarán a hacerse visibles los efectos de la erosión. El impacto constante, dado el suficiente tiempo, dejará marcas que serán cada día más difíciles de obviar. Es más, cuando hayan transcurrido numerosos veranos con sus tormentas cataclísmicas, se habrá impreso un pequeño cráter directamente debajo del borde de la canaleta. No será nunca más el sitio donde las gotas impactan, no, sino que ahora se acumulará en este el agua de lluvia que antes se habría subdividido en incontables partes al darse la colisión con el suelo. 

Las gotas no harán entonces plaf. Quizá hagan plic, incluso plom, pero no plaf. El plaf es algo momentáneo, es un choque tras el cual vendrá una cierta calma. Es más, una vez se de el último de estos estallidos, se presenta tras él una paz certera, aunque solo viva hasta la siguiente lluvia. Un plic, en cambio… Un plic se da incluso con algo de imperceptible eco dentro de las desgastadas paredes que lo contienen. Un plic se acumula y deja tras de sí un volumen de agua mayor al que había antes. No puede estarse tranquile luego de un plic. Estas gotas no se aniquilan, sino que se fusionan. A estas gotas no se las despide, no se las abandona. A estas gotas se les ruega su clemencia. 

Diríase que la memoria puede ser en exceso similar a las gotas que hacen plic.

Publicado la semana 63. 14/03/2021
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Acumulacion de las Gotas - Julio Cortazar
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