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Luciana Capdevila

Despedida

Entre los largos pastizales costeros

Un débil murmullo se hizo presente. 

Cabizbajos iban, necesitados de consuelo, 

Marchando lento y con penas en mente.

 

La caras que allí evitaban cruzarse

Cargaban en ellas emoción demacrada.

Algunas en ira y gargantas irritadas,

Otras en silencio, por miedo a quebrarse.

 

De a momentos paraban a darse ánimos,

Abrazos sin prisa y palabras sanadoras.

Fácilmente retornaban al llanto y al pánico,

De veras no existía para elles el ahora.

 

Sin olvidar su tarea, al camino volvían,

Continuando con sus ojos atentos al suelo.

Cavando evitarían pensar en el duelo

Y era este el deber que a elles correspondía.

 

Decidirse por un lugar complicado no fue,

Pues no era mucho aquello que pedían.

Lo blando de la tierra debajo de sus pies

Era lo único que entre elles discutían.

 

Habiendo hallado un sitio adecuado

No debían más que comenzar a cavar.

Se sentaron, sin embargo, en simple esperar,

Procesando los hechos que habían observado.

 

Una vez lograron fuerzas encontrar

Con calma irguieron sus cuerpos postrados.

Alrededor del sitio se hubieron de ordenar

Con esfuerzo evitando sus sentires desolados.

 

Entonces el pico bajaba y la tierra saltaba,

La pala caía y el pozo crecía.

El canto del río sus oídos llenaba

Y el triste accidente en sus mentes surgía.

 

Imágenes paseaban, sin permiso formal,

En frente de todes en aquel lugar.

Remitidos a la trágica memoria final

De quien allí debían sepultar.

 

Con coraje quebraban el silencio afín

Quienes no temían a la vez debatir.

Mostrando su corazón en pleno sufrir

Al oculto afligir daban su fin.

 

Entonces el pico bajaba y la tierra saltaba,

La pala caía y el pozo crecía.

El canto del río sus oídos llenaba

Y el triste accidente en sus mentes surgía.

 

En fuerte contraste con tales acciones,

Cavando sin pausa a pesar de los dolores,

Veíase a quienes no mostraban emociones,

Pues temían a las ajenas tornar peores. 

 

Las palmas coloradas del roce constante,

La espalda afligida, el cuerpo sudado

Y el alma revuelta como el río a su lado

Eran preferidas mil veces al olvido insultante.

 

Entonces el pico bajaba y la tierra saltaba,

La pala caía y el pozo crecía.

El canto del río sus oídos llenaba

Y el triste accidente en sus mentes surgía.

 

Mensajeres descorazonades habían llegado,

Envueltes en niebla y atmósfera lúgubres,

Quienes no hubieran el trabajo soportado,

Acompañando la espera del acto fúnebre.

 

Entonces el pico bajaba y la tierra saltaba,

La pala caía y el pozo crecía.

Envueltos en sombras elles estaban,

Ahora que enfrente el cuerpo yacía.

 

Menciones de amor, dolor y recuerdo,

Anécdotas pasadas y futuros inciertos,

Fueron la despedida que dieron al muerto.

Junto al río estaría en descanso eterno.

 

El pico descansa y la tierra es movida,

La pala lo entierra y el pozo desaparece.

En mudo caminar la gente se desvanece

Y reza por una paz que creen perdida.

Publicado la semana 61. 27/02/2021
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Género
Poesía
Año
II
Semana
09
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