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Luciana Capdevila

La Cosmonauta y la Luna

El sábado 30 de enero no pareció, en un principio, ser una jornada de diferencia significativa frente a las demás. No sabría describir cuál era la realidad climatológica reinante aquella mañana. Mi memoria me dice que debe haberse desplegado un cielo repleto de pesadas nubes cargadas de lluvia por caer. Quizá imagino esto pues hace ya varios días que la lluvia llevaba siendo una constante significativa, así como puede que sean los hechos de los cuales me ví enterada aquellos que tiñeron de gris aquellas horas. 

Estaba echada sobre el sillón, con las piernas estiradas sobre el apoyabrazos y el pelo suelto para poder apoyar la cabeza sin ninguna molestia proveniente de los rodetes con que suelo atarlo. Estaba jugando Assassin’s Creed II como parte de una nueva visita a la saga, habiendo comenzado con la primera entrega la semana anterior y esperando acabar dentro de unos meses con Black Flag. El celular lo tenía a mi costado, y lo revisaba ocasionalmente cuando el juego me presentaba una pantalla de carga. 

En una de esas cortas visitas, me encuentro con una publicación que revolvió mi, en ese entonces, monótono estado de ánimo, adentrándome en un súbito shock de felicidad ante el anuncio de que Abigail Thorn, una youtuber que comencé a seguir en medio de la cuarentena temprana y que se ha ganado un lugar entre mis creadoras de contenido favoritas, salió públicamente del closet y daba a conocer su realidad como mujer transgénero. 

Lo hizo a través de sus redes sociales así como con un video en el que además explora los debates políticos actuales que se dan en el Reino Unido sobre la realidad política del colectivo trans. Yo, feliz por ella y por lo que daba a entender era el dejar de lado la enorme mochila que le era el mantener en secreto su identidad, me encontré leyendo mensaje tras mensaje apoyando y celebrando la noticia.

Es este hecho, sin embargo, solo uno de dos que ocurrirían aquel día y que me llevarían a escribir esto que se encuentran leyendo, pues, en medio de aquel torrente de publicaciones en el cual me revolcaba, terminaría cruzándome con un anuncio el cual tendría un efecto radicalmente opuesto al que acababa de experimentar. 

Aquella madrugada, a casi 12.000 kilómetros del sillón donde daba alegre bienvenida a Abigail y a más de 2.000 kilómetros del lugar donde ella subía un video-ensayo acerca de la identidad con un fantástico uso de Blackstar por David Bowie, sufría un accidente fatal SOPHIE, una de las artistas más influyentes en la última década de la música tanto avant-garde como pop.

Fue entonces que mi feed de Twitter se tornó en un tumultuoso río que transitaba bruscamente entre calmas ollas profundas de agua y turbulentos rápidos entrecortados por peligrosas rocas. 

Un collage único, pues se generaba entre cálidos llamados celebrando un nacimiento y honrando una muerte. Un terreno complicado de recorrer y que supo enredar mis emociones hasta un punto más allá de mi control.

Esa amalgama de sensaciones conflictivas las unas con las otras definió un estado de ánimo base que mantuve por los siguientes días. Uno el cual no es muy simple de poner en palabras, pero que me pareció lo suficientemente interesante para analizar, pues no solo se dio en mi, sino que ocurrió una reacción similar en otras personas a lo largo de distintas redes sociales. No creo haber llegado a una respuesta contundente, pero es evidente que estos eventos forman parte de una imagen mayor la cual vale la pena recordar.

 

LA LUNA

 

Siendo completamente honesta, no fue hasta el lunes siguiente que decidí dejarme perder en la música de SOPHIE y escucharla por más de unos minutos por primera vez desde que supe de su existencia. Mi primer contacto con su obra se dió en octubre de 2019. Recuerdo la fecha porque apareció en mi conciencia al mismo tiempo que Contrapoints, colega de Abigail y otro ejemplo de producción visual excepcional dentro de la plataforma de YouTube. El video era Beauty (Belleza), y, a pesar de tenerlo en mi radar por varios meses, evité por mucho tiempo el verlo pues se adentraba en temas todavía demasiado sensibles. Fue la secuencia de títulos iniciales, mostrando un contraste entre distintas facetas, expresiones y consecuencias de la belleza al compás de la chocante intro de la canción Faceshopping, mi primer acercamiento a su mundo.

 

Aquella producción me logró conmocionar tanto que comencé a seguir a Natalie e inmediatamente pasé a buscar Faceshopping en Spotify una vez la ví nombrada en los créditos finales. A pesar de esto, las reacciones que tendría frente a ambas sería muy diferente. El sábado pasado ya me encontraba profundamente familiarizada con Contrapoints, habiendo visto y debatido sus producciones por más de un año, pero seguía siendo una única canción de Sophie Xeon mi completo contacto con la artista, y era aquella misma que me había impactado hacía casi un año y medio antes. 

¿Qué fue entonces lo que me emocionó tanto de aquellas despedidas? ¿Cuál es el porqué de aquella cercanía cuando a duras penas la conocía? 

En contraste con la gran mayoría de razones debatibles postuladas en nuestras vidas, puedo afirmar con gran certeza que fue la naturaleza de lo expresado en todos estos in memoriam que me llevó a re-evaluar la relación que quería tener con esta artista. Su reconocimiento injustamente menor tuvo la consecuencia de consagrarla como alguien de culto e increíble importancia para quienes la seguían. Gente para quien tuvo tal importancia que se han dedicado a hacer arte visual de igual extravagancia plagó su estilo en vida en la búsqueda por honrar su memoria. Recopilaciones de canciones no lanzadas mediante todas las herramientas imaginables con tal de preservar su recuerdo y una intención de valorar y honrar el trabajo que realizó y con el cual guió tendencias por fuera de nuestros radares y discusiones sobre el efecto que tuvo sobre la industria comenzaron a aparecer con mayor frecuencia.

Estas respuestas no pueden ser contextualizadas si se deja de lado el hecho de que haya sido una mujer trans, una DJ trans, en una de las industrias más misóginas a lo largo de la historia, pues sería una completa falta de respeto a su legado y a quienes musicalizaron su vida a través de alguien que era como elles. La misma Natalie que me introdujo a ella declararía en Twitter que SOPHIE fue el soundtrack de los primeros años de su transición. Siendo Contrapoints una fuente de inspiración para tantes dentro de la comunidad transgénero, ¿qué hace eso de SOPHIE? No sabría explicarlo. Es más, no supe que no podría poner en palabras sus logros hasta aquel lunes que decidí dedicarle mi tiempo.

Escuchar su música fue algo extraño, sobre todo porque la has escuchado antes. Esto no es porque haya copiado tendencias que han surgido en esta última década, sino porque, tanto desde el asiento de compositora como productora, fue ella quien introdujo muchas de estas ideas que entonces me encontré experimentando en sus estados más jóvenes, cuando estas recién veían la luz del día.

Incluso con mi poca experiencia en cuanto a pop se refiere (consecuencia de una serie de prejuicios musicales encarnados por alguna suerte de tóxica superioridad falsa del rock), me hes imposible no reconocerla cuando me encuentro con este género, que, incluso en la diversidad que contiene, no es capaz de eliminar la marca tan profunda que ha dejado la DJ en él. Es ahora bastante cómico, luego del pasar de los días, el oír una canción que carga consigo una clara influencia de la cual hubiera permanecido completamente ignorante de no ser por la tragedia que ha sembrado mi descubrimiento de SOPHIE. 

Habiendo trabajado con artistas de reconocimiento masivo como Madonna y Rihanna, su estilo único supo filtrarse hacia un público que la desconocía, enamorar sin mencionar su nombre con la fuerza que merecía. Era esta discreción, sin embargo, una parte también emblemática de ella. Es innegable que el misterio que rondó por mucho tiempo alrededor de su figura la vuelve una artista inmediatamente llamativa, incluso si, como me ha sucedido a mí, no se conoce mucho de su obra. 

Parte de la gente que busca recordarla a través de las redes sociales ha compartido momentos en los cuales se ha mantenido oculta estando en medio del escenario, actuando, por ejemplo, de guardaespaldas. Las razones por las que haya decidido aparecer no deberían de ser motivo de debate, no porque estas están irrefutablemente confirmadas, sino porque su posible naturaleza personal hace de la especulación una falta de respeto. Aún así, la preservación de aquellas imágenes me conmueve, pues intentan denotar que quien parecía no estar presente en realidad se encontraba al frente de nuestros ojos y que siempre estuvo allí. Es una gran forma de asegurar que su secretismo no dificulte su memoria sin indagar desconsideradamente en la farándula dañina.

Creo que fue uno de estos intentos por preservarla, una serie de publicaciones sobre presentaciones no oficiales, la que me introdujo debidamente luego del anuncio de su fallecimiento. Considerando el efecto que ha causado su arte en mí en unos pocos días, no puedo mostrarme más que agradecida con este nivel de atención y cariño hacia ella.

Desde entonces pasé una cantidad importante de horas disfrutando de sus temas, muchos de los cuales ya se están asentando dentro de mis preferencias musicales. Descubrí y reconocí más de lo que mi análisis es capaz de demostrar. 

Las innovaciones que introdujo nos seguirán a pesar de que su corta vida haya llegado a un súbito fin. Su legado, de dimensiones gigantescas, es admirable cuanto menos. Es también notable que sigue siendo su público fiel, las personas quienes inspiró y que luego le agradecieron la transgresión que llevó a cabo en el ámbito cultural de la música y el apoyo que les brindó mediante sus acciones y canciones, el sector donde más impacto generó y donde sus canciones han sido parte de disrupciones masivas del status quo.

Cada persona trans que decide mostrarse es en sí uno de estos quebrantamientos de la tela normativa, y cada persona que la vuelve harapos al ritmo de SOPHIE está haciéndolo junto a una fuente inagotable de inspiración.

Ella fue una ícono trans, incluso si no entra exactamente en lo que Mia Mulder (inmensamente recomendada) denota que la sociedad busca a la hora de dar este título, siendo que tampoco busco utilizar la definición que ella establece del mismo. más importante aún, démonos la oportunidad de entrar en cursilerías, al menos por un rato, pues es necesario dejar librar las emociones cuando se trata el tema. Los análisis sociológicos sobre las categorías que se aplican son interesantes, pero, y no es por desmerecerlos, es ahora más necesario el emplear un  lenguaje mucho más sentimental y dejar de lado las cuestiones analíticas. SOPHIE, una estrella en todo sentido de la palabra, pasó sus últimos momentos intentando encontrar un mejor sitio donde ver la Luna sobre el cielo nocturno de Atenas. Perdonenme si no están de acuerdo conmigo, pero creo que esto le da automáticamente el honor de ser una figura icónica.

La Luna siempre estará allí, en lo alto de la noche, a las horas de mayor misterio. El sol ilumina todo lo que se cruce con su luz, creando así un ambiente donde todo lo que surja es fácilmente distinguible, sin posibilidad alguna de escapar a esa claridad reveladora. Ella, en cambio, brilla intensamente en un mundo dominado por las sombras, donde todo posee una naturaleza indistinguible a primera vista. Hay que saber sobresalir en estas condiciones. Hay que saber ser la Luna.

Pero no abandonemos el romanticismo meloso tan rápido, porque, incluso si los astros celestes se encuentran fuera de nuestro alcance, a una distancia imposible de recorrer sin importar cuánto lo intentemos, existen personas que nos acercan a estas maravillas. Es por eso que nos asombramos tanto cuando aparece alguien capaz de alcanzarlas, y ¿quién mejor para hacerlo que una cosmonauta?

 

LA COSMONAUTA

 

Hablar sobre Abigail Thorn y su trabajo en Philosophy Tube me es como intentar hablar sobre una película que me gusta de forma quizá exagerada (tres borradores abandonados acerca de Hedwig and the Angry Inch son prueba de ello), pues la cantidad de cosas que quiero trasladar a lo que escribo terminan por agobiarme. Sobre Abigail y todo aquello que sentí cuando develó su identidad podría escribir un libro entero, pero mi falta de habilidad para lograr durar más de un párrafo sin irme por las ramas y acabar en cualquier otro tema me significa que debo esforzarme a ser consisa. Obviamente, no lo logro.

Abby comenzó a subir contenido a YouTube en el 2013, estando todavía en la universidad, en parte porque una suba a los precios de las facultades en el Reino Unido la inspiró a querer transmitir el contenido que ella tenía el privilegio de aprender de forma gratuita para quienes no gozaban, o gozan, de aquella oportunidad. Si suena completamente idealista es porque lo es, lo cual torna su éxito al cumplir con tal propuesta en algo admirable cuanto menos. Desde entonces ha evolucionado en su estilo visual y discursivo hasta el punto de poseer un valor de producción bastante difícil de igualar.

Parte del aprecio que tengo hacia ella se debe sobre todo a su capacidad de trasladar temas que habría considerado fuera de mi alcance a un formato el cual puedo digerir y analizar. Le habla a la audiencia de igual a igual, incluso cuando sus atuendos parecen salidos de una obra de teatro de alguna sala cuya entrada jamás podría pagar. Es cierto que hoy en día engendrar una relación parasocial es más sencillo que nunca antes en la historia, la sensibilidad que demuestra a la hora de tratar con temas que muchas veces son delicados sin perder la capacidad de brindar un recorrido profundo a través de ellos lo hace incluso más fácil cuando de Philosophy Tube se trata. 

No es extraño que esto le sea de ayuda al tratar con filosofía que se encuentra íntimamente ligada con conflictos sociales, sean estos en base al género, etnia, clase o demás. Su reciente video sobre el trabajo y las relaciones laborales, por ejemplo, hace uso de cinco anécdotas personales para ayudar a dar a entender nociones como la esencialidad de la mano de obra y lo prescindible de puestos establecidos por el control del capital. En general, cualquier posición o información con la que interactúa la trata de transmitir de forma que no haya necesidad de un marco teórico complejo al cual recurrir

Muchas veces el poder entender nociones complicadas a partir de una lectura ardua de una variedad de textos es vista como la única forma de comprender las teorías de las ciencias humanistas, un hecho completamente clasista y capacitista que además no tiene argumentos con los cuales sostenerse, especialmente llegada la era digital y la divulgación de contenidos académicos por medios más terrenales. Una reciente lectura de Judith Butler, específicamente de El Género en Disputa, logró convencerme empedernidamente de esto. Mientras que se de las complicaciones que suelen aparecer al tratar con los textos de Hegel únicamente porque es un hecho bastante conocido, he tenido la mala experiencia de lidiar con la escritura excruciante de Butler personalmente. 

A pesar de concordar con aspectos de su teoría performativa del género (aunque no con sus conclusiones sobre cómo debe de darse la subversión política a partir de esta) y de encontrar su tratamiento de las perspectivas feministas sobre la lingüística interesante, ha sido la forma enredada que tiene de explicar estas ideas lo que más ha resonado conmigo. No es sorpresa que en 1998 una frase suya que aparece en el escrito Further Reflections on the Conversations of Our Time haya sido “condecorada” como la peor frase del año por el Bad Writing Contest*. 

De forma coincidente, fue esta mala experiencia la que llevó a que apreciara en mayor medida el trabajo que hacen quienes son capaces de obtener las principales aseveraciones de estos textos y transcribirlas de forma que puedan ser comprendidas por nosotres les mortales. He aprendido más sobre la performatividad del género gracias a discusiones y difusiones online sobre el tema que a partir de la misma Butler, y es este esfuerzo el mismo que lleva a cabo Abigail Thorn y la razón por la que Philosophy Tube es una forma tan valiosa de acceder a los distintos discursos filosóficos. 

Es esta forma de interactuar con el material académico que rodea sus producciones una de las razones por las que su salida del closet conmovió de la forma que lo hizo en una cantidad importante de personas, entre las cuales me incluyo. El video mediante el cual lo hizo, Identity (Identidad) tardó más de un año en ser escrito y grabado, tiempo en el cual Abigail mantuvo su identidad de género oculta de las cámaras y el internet, además de esforzarse en lograr explicar muchas nociones difícilmente transmisibles a una audiencia cisgénero de la forma que lo hace cuado trata con temáticas complejas de las ciencias humanas y personas quienes no poseemos las bases usualmente consideradas como necesarias para hacerlo. 

Ver aquel video fue una experiencia surreal en una variedad de formas distintas, pues logró explicar conceptos sobre la relación que existe entre alguien transgénero y su cuerpo en palabras y formas que jamás hubiera pensado en hacerlo y aún así sentir una familiaridad profunda hacia aquello que describía. Es una producción íntima y personal, cargada de referencias a videos anteriores e imágenes recurrentes en ellos, que busca conectar con su audiencia transgénero y comunicarles un senido de apoyo proveniente de pertenecer a una comunidad en común, y aún así logra continuar con la tradición de plasmar toda la información que se incluye en forma que esta pueda ser comprendida por otres, dando así una necesitada visibilidad a la comunidad.

Es esto, visibilidad, lo que creo que terminó por conmoverme, pues no hace falta mucho esfuerzo para darse cuenta que el porcentaje de voces dentro de los medios que pertenecen a sectores disruptivos con las tendencias normativas del género no son muchas ni comprenden un porcentaje igual a aquel que representan en la sociedad. Es por eso que cada persona que ayuda a brindar mayor cobertura a este sector es sualmente recibida con los brazos abiertos, lo cual es, sinceramente, una carga con la cual es difícil de lidiar, pero brinda acceso a herramientas que permiten una mayor exposición, lo cual se traduce a una mayor capacidad de establecer cuales son las narrativas que se dan en torno a lo transgénero.

No solo es Identity un logro artístico excepcional en su concepción, sonido, imagen e investigación, no solo logra llegar emocionalmente de forma muy intensa a quienes pueden relacionarse con aquello que se narra y no solo es en general conmovedora la travesía que Abigail Thorn a tenido que realizar a través de su autopercepción y los obstáculos que aquel alter ego que aparecía en nuestras pantallas le suponía, también brinda la seguridad de que existe un grado de exposición de valor difícil de poner en palabras que es una ayuda invaluable en el proyecto por normalizar nuestras identidades. 

Ahora es cuando necesitaría de la capacidad que tiene Abigail para darle a la emocionalidad una estructura entendible dentro de formatos externos a la expresión física y poder así dar a entender lo que generó en mí todo esto. Quisiera poder escribir cursilerías sobre cómo me afectó su trabajo ese sábado 30 de enero, pero, al igual que mencioné al principio de esta sección, la naturaleza de mi relación con sus producciones es mucho más personal y antigua que aquella que manejo con SOPHIE, y es por eso que debo abstenerme de intentar darle un cierre sentimentalista a mi enmarañado despotricar. Es una deuda la cual no puedo saldar en este momento.

 

LA PASTILLA ROJA ERA ESTRÓGENO 

 

Puede que aquel día haya sido una montaña rusa emocional de tal nivel porque pareciera ser una miniatura de un último año con bastante movimiento para la comunidad trans. Al igual que un fractal, aquel sábado se ve replicado a mayor escala en los últimos meses del 2020 y los primeros del 2021, los cuales a su vez se ven trasladados a un tamaño proporcional cuando se piensa en lo que este inicio de década nos ha dejado.

Así como nos ha abandonado SOPHIE, también lo hizo la maltratada Sandie Crisp, víctima de violencia médica y mediática y figura de culto icónica perversamente segregada al escarnio. También las acompañan, según el Informe 2020 sobre crímenes de odio, solamente en Argentina, 14 mujeres trans asesinadas y 57 condenadas a muerte por abandono estatal estructural. Ni hablar de todes aquelles desconocides de quienes jamás sabremos. 

SOPHIE actúa como alguna clase de representante de todes aquelles quienes nos han abandonado, y el que su muerte haya sido una de pocas que suceden de forma accidental dentro del colectivo solo da a entrever una epidemia con la cual se ha tenido que lidiar desde mucho antes que el COVID-19 apareciera en nuestras conciencias. Además de ser una de las voces con mayor potencia a la hora de clamar nuestra existencia, con lo cual su muerte adquiere un particular sentimiento de pérdida, no solo hacia su persona, sino que también hacia el poder que mantenía a nivel cultural. 

Pero, a pesar de que sea en extremo importante dar a conocer el lado más caótico y cruel de la vida de una preponderante mayoría de aquelles que no se muestran conformes con la estructura predominante del género, es esta imagen de sufrimiento la única que suele mostrarse a la hora de representarnos, aparte de ser un objeto de burla fácil y poco original para comediantes mediocres. Es por eso que es importante dar a conocer la otra cara, aquella con la que Abigail entra en escena al minuto 25:45 de Identity. Es necesario mostrar aquella sonrisa que toda persona trans ha visto esbozada en su rostro cuando se reconocen a si mismes.

Además de Abigail, Elliot Page (actor), James Stephanie Sterling (periodista de videojuegos), Eric Sophia (creadore de contenido), Grant Morrison (guionista) y muches más cuyos nombres no conozco han dado a conocer de forma pública sus identidades. Las Hermanas Wachowski dieron a conocer que la trama de The Matrix proviene de los cuestionamientos a sus identidades que ellas con las que ellas lidiaban, contando con el apoyo de Keanu Reeves, quien participó junto a le actrice no-binarie Bridgette Lundy-Paine en la película Bill & Ted Face the Music, película que acompañó a Star Trek: Discoveries en la decisión de representar personajes por fuera de la concepción binaria del género en grandes producciones audiovisuales. 

La host de Philosophy Tube es ahora una representante de todes aquelles que han aparecido en ojos familiares y de audiencias masivas. Es ahora una pieza importante de toda una serie de figuras que, al igual que la pastilla roja que Morfeo le ofrece a Neo**, ayudan a mostrar una realidad oculta e históricamente marginalizada. Brindan representación en los medios de mayor masividad y traen avances en la normalización de nuestra existencia. Es entonces normal que nos alegremos de cada pequeño paso que se da hacia la victoria que sería una sociedad completamente desligada de los roles, estereotipos y concepciones de género que provienen de basar este en una concepción binaria y rígida igualmente errónea de la anatomía humana. Una victoria mayor si se logra a través de la celebración de nuestros cuerpos y nuestras experiencias en lugar de la explotación morbosa del sufrimiento. 

Ese sábado fue la despedida de una referente de la música, recordándonos por lo único de su accidente acerca de la mortalidad y las formas por las cuales se presenta en la comunidad (sobre todo al hablar de una mayoría marginalizada económica, laboral y socialmente). Fue una pérdida importante que nos demostró una vez más la visibilidad mínima sobre nuestras realidades, siendo que se perdió una importante fuente de ella con SOPHIE.

Pero también fue un día para celebrar la decisión que Abigail Thorn tomó de vivir su identidad de forma pública, lo cual no solo representó una nueva vía a través de la cual dar atención a las problemáticas pertinentes, pero también nos ayudó a tener presente a todes aquelles que han hecho lo mismo desde aquel 2016 en que la revista Times anunció que el punto de inflexión para las personas transgénero había llegado. 

A pesar de la cantidad de obstáculos impuestos significativos que han aparecido, sumándose a aquellos ya presentes, hoy podemos clamar que nos encontramos más presentes que ayer. También mañana volveremos a anunciarlo, y el día siguiente y el que venga después. Construyen sobre las bases de quienes nos han abandonado luego de luchar tanto a nivel personal e individual como sistémico, cuya memoria debemos mantener presente pues la historia se ha caracterizado por olvidarles.

La forma en la que alteran la estabilidad narrativa mediática usual estas nuevas presencias mediáticas también demuestran que para muches es imposible el no actuar de forma disruptiva, pues su mero existir es en sí un acto subversivo del cual no es posible desligarse. Esto es a su vez un comentario sobre la desnaturalización que existe en torno a las identidades no consecuentes con la genitalidad así como una reafirmación a que esta es una presencia ahora imposible de borrar sin que se de una batalla. 

Los dos hechos ocurridos aquel sábado son un pequeño vistazo a la amplia historia olvidada del colectivo y a la naturaleza de un movimiento que gana representación en la narrativa popular con cada día que pasa. Aquellas emociones fueron las mismas que hace años se viven y que recién hace unos pocos comienzan a mostrar una presencia más difícil de ignorar. Fue una dosis concentrada de aquello que nos hace reír, llorar, honrar y responder desde el momento que comenzamos a cuestionar algo tan básico como la identidad propia.

No sé cómo continuar a partir de allí y dar una conclusión debida al texto. Llevo días intentando construir alguna reflexión final que pueda atar con algún punto que mencionó previamente o quizá alguna nueva cursilería con la cual salvarme de tener que esforzarme más de lo que estoy dispuesta a hacerlo. Pero por suerte sí tengo una idea bastante clara sobre que puede llegar a suceder luego de este fin de semana de tanta inestabilidad emocional que a la cual intenté dar forma y utilizar para decir algo mínimamente significativo. De aquí no vamos a volver, incluso cuando hayan actos que puedan hacernos creer que es mejor volver a los márgenes. A partir de aquí solo avanzamos.







 

*La frase en cuestión es la siguiente: The move from a structuralist account in which capital is understood to structure social relations in relatively homologous ways to a view of hegemony in which power relations are subject to repetition, convergence, and rearticulation brought the question of temporality into the thinking of structure, and marked a shift from a form of Althusserian theory that takes structural totalities as theoretical objects to one in which the insights into the contingent possibility of structure inaugurate a renewed conception of hegemony as bound up with the contingent sites and strategies of the rearticulation of power.

 

No pude conseguir una traducción de ella, quizá porque no hubo nadie que se animara a llevarla a cabo.

 

**Esta referencia ha sido utilizada por la alt-right y el Men’s Rights Activism del mundo anglosajón para promover una ideología tradicionalista, reaccionaria y supremacista blanca. Debido a esto, desde el momento en que las Wachowski revelaron la narrativa transgénero que se da detrás de las tramas de la trilogía de Matrix, se han dado esfuerzos por reapropiar la frase y volverla parte del léxico utilizado a la hora de describir situaciones o probemáticas concernientes al colectivo trans.

Publicado la semana 58. 07/02/2021
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