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Luciana Capdevila

Peligro (Parte 3)

La habitación era pulcramente blanca, sin ninguna clase de obstrucción en las paredes que se encontrara en el medio de aquella continuidad que tanta formalidad le transmitía. Aquel no parecía un sitio a ser tomado a la ligera. Un escritorio con dos dos sillas, una a cada lado, y una computadora, actuaban de archipiélago, elevándose de un piso formado por aquellas pequeñas baldosas grises bañadas en pequeños puntos blancos y negros. 

Entró con cautela, creyéndose tras líneas enemigas, y sentóse en el asiento más cercano. En la pared que lo enfrentaba había una ventana que le proporcionaba una vista a las terrazas de los edificios aledaños. Para su sorpresa, muchas de aquellas estructuras, tan cuidadosamente pintadas y revocadas por fuera, mostraban hormigón y ladrillos expuestos en aquellos recónditos lugares por fuera de las miradas que partían de las calles y las veredas. Habían también cuerdas de las cuales colgaban las ropas que se secaban con el sol. Los calzoncillos, bombachas y corpiños, usualmente escondidos, se mostraban allí sin temor alguno. Aquella intimidad a la que suelen pertenecer se ve completamente abandonada cuando descansan metros y metros por encima de la vía pública. 

Escuchó detrás suyo pasos que avanzaron hasta encontrarse al extremo de un mar de papeles, un teclado y un block de notas donde supuso iba a plasmar las impresiones que él generara en ella a medida que la sesión se desarrollara. 

Se preparó para mantener una precavida distancia, tanto física como emocional, que le permitiera salir relativamente ileso de aquel sitio. A la vez que la médica se sentaba, Santiago alejaba su silla con cuidado de no hacer ningún ruido que alertara sus acciones. Volvió a sentir las gotas de sudor deslizándose debajo de su camisa, las mismas que de forma tan leal le acompañaron desde la sala de espera.

El objetivo principal de aquella secuencia develadora era, al fin y al cabo, postergar el inevitable arribo del momento en que se diera algún tipo de contacto visual. El no haber prestado atención alguna a la cara de aquella que lo había guiado hasta allí significaba el poder relacionarla a una monstruosidad inhumana que validara la completa negación que sentía a la posibilidad de dar inicio a la sesión. Intentaba convencerse de que no debía de pensar en una excusa para evitar el desarrollo del encuentro si era una villana de características desproporcionadamente caricaturescas aquella con quien debía entablar una conversación. 

-¿Le sucede algo? - le preguntaron en un tono cargado de una clara intencionalidad increpante. 

De pronto, temiendo que las tácticas que solía utilizar para proteger sus aires de valentía se presten para dar a entender una aborrecida cobardía, decidió levantar su cara y mantener su mirada en alto. Eligió también el elaborar una postura corporal, de cuya exagerada naturaleza no estaba al tanto, para ayudarle a mantener su falsa bravura. 

De ser esto parte de un documental acerca de la vida salvaje, probablemente se estaría narrando una frase por las líneas de “este individuo, al verse bajo amenaza, intenta aparentar un tamaño mayor al real recurriendo a una gama de poses a su disposición para este tipo de situaciones”.

La cara con que se encontró inició un conflicto entre la atracción que esta y sus facciones le generaban y el brutal análisis que esperaba de su parte.

-No, no - respondió con esfuerzo. -Solamente estaba pensado. -

-¿En qué? - se le dirigió con la respuesta más esperada y que aún así le supone la más difícil de responder al entrevistado. Es la única excepción la evasión más vaga a la que se puede recurrir, la cual no es sorpresa encontrar escapando de los labios de Santiago.

-En nada - pronunció inseguro.

-¿Usted piensa en nada muy a menudo? - dijo la psicóloga buscando desarmar aquella coraza protectora. 

Aunque sabía que un amigo le había pedido que llevara a cabo esa consulta como un favor para que Santiago pudiera conservar su empleo, una posterior lectura sobre los hechos que llevaron a ella cambiaron por completo la actitud de completo desinterés que originalmente pensaba en mantener. Era claro que esta postura iba a requerir de un mayor esfuerzo de su parte.

-Eh… si, onda, cada tanto me quedo medio como en la Luna - se llevó su mano hacia su cuello y comenzó a rascarse. Sus nervios mantenían sobre él un poderío mayor a aquel que estaba dispuesto a aceptar.

 

Publicado la semana 56. 24/01/2021
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