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Luciana Capdevila

Calle predilecta

Mi casa, como todas aquellas que se encuentran en una ciudad, está en una manzana rodeada por calles. La calle que forma parte de su dirección no es interesante. Es normal, no sobresale sobre ninguna de las demás calles que hay en el mundo. La paralela a esta no tiene salida, es una trampa mortal para todo aquel peatón que creyó en vano el poder acortar su trayecto solo para verse frente a un letrero remarcando la obviedad de su situación. Si subís hacia la avenida más cercana te vas a encontrar con una plazoleta. Lo único que recuerdo de ella es que lleva el nombre de Don Argentino ¿Quién es Don Argentino? No sé, pregúntele al encargado de espacios públicos de la ciudad. 

Pero sobre todas ellas, ocupando un lugar icónico en mi corazón en cuanto a calles se refiere, está aquella por la que bajo regularmente, la paralela a la de la plazoleta. Su nombre es tan importante como el de Don Argentino. Pasaje… No. Puede que sea Coronel Como Se Llame… ¿Quizá algún General? Debería de recordarlo. Aún así, lo importante es que es una calle hermosa. 

No podría decir si lo es por como luce, pues en los baldíos que se encuentran esporádicamente a lo largo de sus veredas nacen remolinos de tierra los cuales entierran las cuadras bajo una fina pero constante capa de polvo estéticamente molesta si no físicamente. Eso sí, la rodean árboles frondosos de hojas siempre verdes. En algún momento supe de qué especie eran. Bajo sus ramas se mantiene una atmósfera serena durante la mayor parte del día. Es interrumpida únicamente cuando las ropas blancas flamean en el aire todos los días de semana, primero a las ocho de la mañana y luego a las cuatro de la tarde.

Sé que no puedo explicarme de forma muy coherente. Únicamente puedo aclarar que esta es mi calle preferida entre todas las que he visto. La 9 de Julio palidece frente a la grandeza de mi cariño por esta seguidilla de veredas separadas por el asfalto ¡Ya querrían los Champs-Élysées encontrarse aquí! Bien sé, además, que Los Beatles habrían dado todo por poder sacarse una foto cruzando mi adorada calle.

Puede ser que me entiendan si explico más detalladamente el contacto constante que mantengo con ella, pues es la vía principal de mi vida, de la cual parten la mayor parte de mis actividades y en donde se engendra la semilla del día por venir.

Cada mañana de semana salto entre las raíces que sobresalen entre las baldosas al ritmo de mi banda predilecta del momento. Es cierto, sin embargo, que esta es una actividad mucho más entretenida cuando mis gustos tienden al Ska o el Punk que cuando decido guiarme por mi pretencioso lado experimental. Al contrario de la variación que hay en mi música, el sol siempre abraza mi piel con sus rayos a medida que avanzo entre las cuadras salvo en los pocos días nublados que existen en este ambiente seco. Diariamente mis párpados luchan ante su cobijo por no caer bajo el anhelo por aquellos minutos más de sueño que les negué. Camino así hacia la parada del colectivo, encontrándome de tanto en tanto con algún automóvil cuyo conductor se dirige también en camino hacia sus obligaciones.  

Cada tarde, luego de verme sumergida entre las rutinarias clases exasperantes, me bajo de mi transporte, ansiosa por recorrer velozmente mi calle añorada, la cual desembocará en la esquina de mi hogar sin importar cuando la atraviese. Todos los días y sin excepción alguna cumple con su cometido de forma perfecta. El sol brilla nuevamente sobre mí, ahora comenzando su descenso tras el horizonte. Avanzo inconscientemente por el cauce en espera por el necesario descanso de la rutina, imaginando todo aquello que haré en los sueños que tendré en la corta siesta que tomaré.

Cada viernes, luego de una semana a la vez exasperadamente lenta e incomprensiblemente corta, vuelvo a caminar por las veredas, esta vez con la Luna y su tenue luminosidad como vigías de mis próximas desventuras nocturnas. Las luces de los hogares se sumergen en el mar de estrellas que la ciudad le permite al cielo albergar. A su vez, sus habitantes se pierden entre todas aquellas personas las cuales no conozco ni conoceré, de las cuales no conozco elemento alguno de su vida, probablemente mucho menos monótonas y más interesantes que la mía. Nuevas curvas aparecen súbitamente por el camino, siendo este el tramo que dirigirá la senda por la cual andaré durante las siguientes horas.

Cada sábado, horas luego de haberme iniciado en el carnaval del fin de semana, me cobijo en un sobrecogedor silencio el cual domina la calle en su totalidad. Son unos pocos pájaros valientes, casi todos ellos benteveos, mis únicos acompañantes en mi tránsito de vuelta hacia mi hogar. Caminó despreocupadamente por el medio de la calle, paseando mi vista entre la línea en el asfalto que divide ambos carriles y el anaranjado cielo que cubre mi mundo entero. El sol se encuentra ahora detrás mío, proyectando frente a mí una alargada sombra la cual nunca pude reconocer como propia. Esta me acompaña en mi trayecto, y cambiamos lugares para el momento en que limpio la suela de mi calzado en el felpudo de la entrada. 

Pero así como siempre fue una desconocida aquella entre que caminaba en la sombra, al pasar de los años ella fue también conocida, momento en el cual la calle por fin pudo ver plasmada sobre si una sombra propia de aquello que evité. Fue su suelo el primero en devolver una imagen con la que pude encariñarme, la cual pude aceptar. Fueron los plácidos recorridos por aquel enclave de tranquilidad los cuales me mantuvieron de pie cada vez que debí caminarlos, cada vez que me internaba entre sus cauces. 

Es por eso que esta olvidada calle rodeada de árboles que me llevan a la parada de colectivo lidera mi podio de calles preferidas, pues cada vez que levanto mi cara hacia el sol en búsqueda de su cálido abrazo disfruto de la protección de su constancia. Es esta una calle hermosa, más hermosa que cualquier esta. Es la Calle… ¿Saben qué? A ella nunca le importó cual fuera mi nombre, creo que voy a devolverle el favor.

Publicado la semana 38. 20/09/2020
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Sweet Home Cananada - Bomb the Music Industry!, For What It's Worth - Buffalo Springfield
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