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Luciana Capdevila

Título por decidir 2

Disclaimer: Las partes en las que está dividido el cuento no son necesariamente dos partes distintas ni dos capítulos. Es más bien hasta donde alcancé a escribir cada semana.

 

-

 

-¿Primer escenario? - arremató Adriana. -¡No me dijeron nada de que había más de uno! - exclamó reprochando.

La institutriz decidió tomar aquella maravillosa oportunidad para comenzar de forma definitiva con la sesión e intentó divagar de forma más directa con las problemáticas.

-¿Y qué sentís ahora? - replicó Virginia. -¿Impotencia?¿Descontento? -

Julián, quién reconoció ser el más desinformado en la charla, se tornó hacia su pareja con una mirada plagada de ira y cuestionamientos. Ella lo miró a los ojos. Calló sobre ella la obligación de confesar la verdad, de abandonar una búsqueda en la que no tenía planeado participar, de abandonar su naciente reestructuración. 

-¡No! - gritó la mujer en ostentosa vestimenta al notar que aquel entrometido hombre podía acabar con su trabajo antes de siquiera comenzar. Ella se interpuso en la mirada. -Esto es tuyo, no debés ninguna clase de explicación - y acercó la mano de Adriana que sostenía el fruto a su pecho.

Julián apartó a Virginia. Miró a su novia de frente. Ella quiso esquivarlo. Dudó por un segundo, pero se mantuvo fiel a un cambio el cual se manifestaba en su temprana etapa y decidió mantener su posición. Él abrió su boca con la intención de demandar una detallada explicación de todo lo que estaba ocurriendo. Pero tan pronto como intentó exteriorizarse una fuerza mayor comenzó a manifestarse dentro suyo. 

Ambos se enfrentaron repentinamente a una desesperada necesidad por morder las manzanas que se encontraban en sus manos. El rojo de sus cáscaras parecía ganar brillo, atrayándelos irreparablemente. Se preguntaron cómo habría de saber aquel fruto, que tan bien debía de sentirse el jugo chorreando por sus labios, si podría aquella simple comida saciar aquel profundo hambre del cual tenían conocimiento. Mas no se admitían a él.

Así como se vieron atraídos, ambos se encontraron también, aunque en diferente medida, ante un fuerte instinto de repulsión que rogaba por que lanzaran aquella maldita manzana por el balcón. Los alaridos que emitía aquella invasiva predisposición hubieran sido quizá acatados sinó por el lugar donde se encontraban y, en especial, la persona quien los acompañaba. 

La precavida curiosidad que ambos sentían por Virginia actuó en conjunto con las pasiones nacientes de la manzana. 

En un acto de auténtica valentía, Adriana fue la primera en probar las dulces inmundicias. Al hacerlo un tierno placer nació en su vientre y se expandió a través de sus músculos, ganando fuerza al hacerlo. Su cuerpo comenzó a contorsionarse siguiendo un ritmo que nació de su propios deseos. Internamente, ella probó por primera vez la realidad de encontrarse una situación de poder y su cara reveló el placer inaudito de tener a alguien para su dominio total. Esta nueva experiencia amplificó aquello que se manifestó en un principio y la llevó cada vez más cerca de volcarse.

A medida que sus movimientos se tornaron más violentas, sus piernas comenzaron a perder fuerza y cayó al suelo. 

-¡Adriana! - gritó Julián, habiendo roto su hipnosis.

Sumido en temor, se abalanzó sobre su novia en un intento por ayudarla.

-¡Soltala! - lo injurió la pedagoga.

-¿Qué le está pasando? - vociferó Julián en retorno. -¿Qué mierda le diste? - 

-El simbolismo es obvio, cariño - dijo acercándose, conteniendo su voz. -No podés intervenir en el proceso del otro de manera tan abrupta. Vas a arruinar todo el trabajo. Ahora, ¡soltala! - y remarcó esta última palabra en una voz extrañamente potente para ella.

-Pero -

-Le vas a hacer daño - le dijo reemplazando la dureza con ternura al arrodillarse junto a él, descansando su mano enfundada sobre su desnuda rodilla y liberando un profundo shock a lo largo del sistema nervioso del temeroso novio.

Él la soltó, abandonando su cuerpo a su propia búsqueda. 

Adriana siguió con los movimientos violentos, encerrándose en sí misma en una suerte de posición fetal. Sutiles gemidos fueron creciendo en volumen, avanzando hacia un precipicio, deseosa de caer en el.

Entonces se permitió el placer de adentrarse en las profundidades. Pero aquello no fue el fin.

Su cuerpo se relajó, pero siguió abalanzándose sobre su propio pecho. Comenzó a alimentarse de aquella carne desbordada de nuevos conocimientos. Su postura imitó aquella de una uróboros el cual desaparecía a medida que sus fauces daban amplia bienvenida a su nueva concepción.

Así continuó hasta que  simplemente desapareció.

Julián no pudo dar fe por aquello que su ojos presenciaron. Su mano viajó por el espacio el cual su novia ocupaba hacía no más de unos segundos. Estupefacto, se vió controlado por él terror de no poder dar razón lógica a todo lo que le estaba sucediendo. 

-No te preocupes, igual, aunque hubieras seguido, no habrías logrado que acabe - le mencionó Virginia con una inocente jovialidad la cual encendió las llamas de la ira en el corazón del joven.

Enceguecido por un instinto de protección sobrecogedor, se dispuso a confrontar a su maestra, pero sus deseos se vieron despojados de toda importancia inmediata cuando su vista cruzó por un segundo aquella manzana en su mano.

Capturado, la saliva invadió su boca a medida que una fuerza gestada en su interior acercaba la fruta a sus labios. Necesitaba probar un bocado, descubrir cómo sabía la amarilla carne debajo de la cáscara. 

En medio de una nebulosa que cubría todo aquello que no fuera la manzana, decidió ceder a sus impulsos y dar un gran y voraz mordisco.

Sintió como aquel trozo que llevó a su boca bajó rápidamente por su sistema digestivo. No frenó sino hasta unos centímetros antes de la infame salida. Para su sorpresa, una masa en tal ubicación no supuso los nefastos dolores que esperaba. Es más, si no fuera por su predispuesta mentalidad, quizá hubiera admitido que lo disfrutó.

Sin embargo, diera lugar o no a tal confesión, su anatomía revelaba la enteridad de sus secretos, descubriendo a la vez la razón detrás de las contracciones de Adriana y la gracia del chiste que Virginia le acababa de contar. 

Este acto culminó de manera similar al anterior y hubo que conseguir con urgencia que alguien limpiara el suelo antes de que la siguiente pareja llegara.

El viaje en sí no puede ser fácilmente narrado. Podría decirse que era similar a una continua transición entre las manchas rojizas que deja la luz del sol a través de tus párpados y aquellas transmutan hacia el azul una vez corres tu cara hacia la sombra. Pasados unos segundos, una extraña e impresionante calidez lo bañó y notó como aire alrededor suyo se tornó intensamente denso, debiendo acostumbrarse a respirarlo.

Tuvo que tomarse un segundo para comprender que se encontraba nuevamente en tierra firme. El suelo, sin embargo, era resbaladizo y daba la sensación de ser barro. Los mosquitos se abalanzaron súbitamente sobre su cuerpo. Fue intentando espantarlos que notó que se encontraba ahora vestido con unas botas altas de goma, short azul bien arriba y una camisa blanca. 

Se encontraba frente a una laguna perdida entre altos pastizales. La zona parecía ser un pantano. No tan lejos divisó una casa blanca estilo colonial inglés que se alzaba de entre la maleza con oxidada chatarra apoyada contra sus paredes exteriores. La madera de sus paredes dejaba entrever la pintura blanca que alguna vez la pinto, y el porche, donde alguna vez alguien habrá disfrutado del atardecer frente a la laguna, estaba invadido por podredumbre a cause de la insoportable humedad.

Era una situación incómoda. No emocionalmente, como lo había sido el estar desnudo frente a Virginia en un salón de mitológicas características, pero físicamente, teniendo que lidiar con una mortífera combinación del calor y los insectos en la pesada atmósfera del pantano y llevando encima ropa que no lo protegía de la menor picadura. La rabia entrecortada por el orgasmeante viaje retornó con intensidad renovada con un claro énfasis en el odio el cual sentía por aquel fétido lugar.

Perdido, indignado y sin la menor idea de que se suponía que debía de hacer en aquel círculo infernal, decidió caminar hacia el único lugar el cual le remitió una instancia de intervención humana en aquel vil páramo. 

Maldijo todo aquello que lo rodeaba, desde los mosquitos hasta su vida misma. Su piel reflejó con colorados tonos la ira que se acumulaba en sus adentros.   

De pronto, en una suerte de gracia divina, un pozo camuflado se encontró en el lugar donde Julián esperaba apoyar su pie. Perdió el equilibro y cayó en el embarrado lecho, llevando su paciencia a límites los cuales nunca antes había siquiera imaginado.

Impulsado por la poca dignidad la cual creía intacta, se levantó y continuó el corto trayecto. En aquel deplorable estado del cual renegaba fue que entró en la decayente edificación.

Para su sorpresa, se encontraba en un aula de colegio, con el pizarrón verde en la pared frente a él y mapas colgados de las paredes a sus costados. Frente al escritorio del profesor estaba sentada Adriana. El modo en que iba vestida le recordó a una odiosa profesora de matemática que tuvo en la secundaria.  En uno de los bancos estaba Virginia limando sus uñas. Ella estaba vestida como estudiante, con con dos trenzas en su pelo. A Julián le recordó al clip musical de Britney Spears. Su maquillaje no estaba ya sobrecargado, develando algunas facciones naturales antes escondidas.

-¡Oh! ¿Qué te pasó? - le preguntó la símil estudiante con sorpresa.

Le contestaron al no contestarle.

-Perdoname, no tenemos nada con que limpiarte. -

Julián se sentó en uno de los bancos de atrás sin temor a mostrar su enojo y cansancio. Quería irse de allí lo más pronto posible.

Un implacable silencio reinó por unos segundos.

-Entonces…- dijo Adriana mirando a Virginia dubitativamente. 

-¡Sí! - le respondió con seguridad. -Es tu turno de ser la maestra. - 

Obviamente habían mantenido una conversación aclaradora en el tiempo que le tomó al embarrado novio teletransportarse y llegar a la escuela.

-Pero, ¿que enseño? - le preguntó la maestra, denotando que tan normal era para ella el ocupar un rol meramente sumiso.

-¡Vos tenés el poder, cariño! Enseñá lo que quieras y como quieras. -

-Ehh…- Adriana miró cautelosamente alrededor, pensando que podía acaso dar de lección. Entonces sus facciones se transformaron en unas mucho más serias y rígidas. Sus ojos se clavaron sobre Julián y un nerviosismo proveniente de la posibilidad de experimentar se manifestó.

Vio su enojo, su descompostura. El desprecio por una oportunidad la cual ella consideró de gran valor para él y de la cual, para su grata sorpresa, ella misma estaba aprendiendo. Vió como se encontraba ensimismado, como siempre que ha estado en una situación la cual no apreciaba, incluso si esta era de importancia para ella. 

Recordó aquello que la persiguió en el momento el cual aparecieron, por arte de magia, en el decorado salón donde los recibió Virginia. Como se convenció a sí misma de nunca declarar ninguna de sus insospechadas pasiones con la intención de no suscitar cambios los cuales causaran disturbios profundos en el rígido sistema de roles al cual había accedido inadvertidamente. Como aquella femme fatale intervino cuando Julián intentó, sea por la razón que sea, intervenir en aquel sano momento de conocimiento propio. Como tuvo disfrutó del poder de decidir sobre su placer.

Recordó todo aquello y reconoció instintivamente un rol en el cual podía posicionarse sin el permiso de nadie.

Su postura transmutó. Con un gesto de su mano hizo aparecer una fusta. Ella misma se sorprendió al ver que su extraña acción instintiva vió la respuesta que ella secretamente esperaba materializandose. 

Adriana contuvo un grito de emoción.

Julián no prestó caso alguno a la situación que se estaba gestando en aquella habitación. Intentaba perderse en alguna otra realidad a la cual pudiese acceder mediante su imaginación. Se despabiló cuando sintió el cuero recorriendo su cara.

-Señorito, ¿puede usted decirme cuál es el rol del autor a la hora de crear una obra? - acertó una Adriana desconocida para aquel hombre apelante a los contextos normativos.

Publicado la semana 28. 11/07/2020
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