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Luciana Capdevila

Watchmen: Cómo anclar lo irreal

El año pasado, cediendo a la presión de amigos y mi hermano por igual, decidí, finalmente, ver Ferris Bueller’s Day Off. Una vez viví la risa y la emoción intrínsecas en la experiencia, no pude evitar notar una predisposición que sostuve a lo largo de la película. El personaje de Ferris me enamoró, pero quién me mantuvo frente a la pantalla fue, sin embargo, Cameron. 

Ferris es quién todos querríamos ser. Un adolescente con la vida prácticamente resuelta. Un infalible estratega que encuentra la forma de forzar sus metas sobre las reglas estipuladas de los sitios a donde sus aventuras lo llevan. Es un personaje el cual atrae por la realidad idílica en la que vive. 

Cameron, en cambio, está enfermo, la relación de sus padres está en la ruina, no tiene la capacidad de eludir sus problemas en el colegio de la forma que lo logra Ferris, no llama la atención de la chica que le gusta y, sobre todo, se encuentra bajo la sombra constante de alguien a quien la vida lo bendice con los constantes frutos del éxito.

Cameron es quien se juega la vida al sacar el Ferrari de su padre, Cameron es quien teme que los planes de Ferris puedan no funcionar y Cameron es el personaje con quién conectamos. Todo lo que sucede lo vemos a través de las angustias, deseos y desgracias que vive el secuaz de la historia. Deseamos de igual manera el poder subirnos a uno de los carros del desfile de Macy’s y cantar “Twist and Shout” sin desafinar una sola nota. Es por esto mismo que vivimos el clímax de la película con la adrenalina proveniente de una libertad encontrada y no preocupados por el futuro de un amigo. Destrozar un automóvil deportivo (el cual probablemente no podremos comprar jamás) al lanzarlo a través de un ventanal y hacia el fondo de un precipicio es el expulsar las presiones bajo las cuales nos sometemos a la hora de vivir. 

La película solo funciona si puede mantenerse anclada a la realidad y proporcionar aspectos en los cuales nos reconozcamos y desde los cuales percibamos los sucesos no desde la perspectiva de la deidad suprema cuyas artimañas se muestran infalibles, sino desde aquel que está acostumbrado a moverse dentro de un ambiente de constante fracaso.

¿Qué tiene que ver esto con Watchmen? Todo.

Una reciente relectura de la novela gráfica me ha permitido entender narrativas e instrumentos utilizados para desarrollarlas que no pude ni siquiera dar por existentes cuando hice mi primera lectura a los 14 años. Esto me fue muy claro a la hora de pensar en los personajes que crearon Alan Moore y Dave Gibbons en una forma similar a la situación de Ferris y Cameron. 

Es sabido que Watchmen es una deconstrucción de las ideas del “super-héroe” narrada a través de herramientas a las que solo se puede acceder en el medio de la historieta. Es a la vez, de cierta forma, una oda al género y una disectomía del mismo. Los personajes son contextualizados en base a las razones que los han llevado a la carrera de vigilantes enmascarados y las secuelas que esta ha tenido sobre sus vidas. Se explora, como es común dentro de los cómics, los orígenes detrás de su heroísmo. Se establece, a diferencia con personajes más populares, que un humano regular no optaría por recorrer tal senda, y la única razón por la que lo haría es porque se ha visto obligado. 

De la misma forma, nos entretenemos en las vidas post-vigilantismo de los protagonistas, estudiando las secuelas de luchar contra situaciones cada vez más crueles y deshumanizantes. Un juego de poder que los ha absorbido, volviendo la existencia en situaciones regulares una imposibilidad que recae en las actividades clandestinas, patrocinadas por el estado o la depresión y futura demencia. 

Esta deconstrucción nos lleva a dos casos particularmente estremos Uno es un una suerte de deidad azul cuyo desarraigo de cualquier concepto humano es tal que la ropa no tiene, para él, ningún uso tanto cosmético como práctico, con lo cual camina por el mundo mostrando unos genitales atenuados lo suficiente para que la novela no fuese a ser considerada pornográfica por los sectores que no tildan de pornografía a cada nuevo producto que ingresa en el mercado cultural. El otro es un nazi perteneciente a la derecha alternativa que decide ser juez y jurado de los malechores de una sociedad por la que sostiene un fuerte e intenso odio. A la vez también juzga ferozmente cualquier interés sexual, esto debido a la conexión que ha establecido con la prostitución de su madre, quién ha sido su inspiración del concepto de amoralidad que utiliza a la hora de torturar criminales.

Jon Osterman (AKA Doctor Manhattan) y Walter Kovacs (AKA Rorschach) son los personajes con los cuales Watchmen suele identificarse. Es más, por parte mía, han sido los únicos dos personajes de la novela a los cuales he ilustrado. De igual forma que con Ferris, lo absurdo de su existencia nos llama la atención. La deshumanización que afrontan ambos, Manhattan debido a su percepción puramente científica del mundo y Rorschach debido a los nocivos traumas que han guiado su lineamiento político y moral, ofrece una oportunidad única y envolvente de exploración. Son, en contraste, un super-héroe que no quiso serlo y se vió obligado debido al juego de poder entre EEUU y la URSS y un super-héroe que decidió serlo bajo la idea de cambiar y moldear el mundo en base a sus ideales. 

Pero esta historia no atrae únicamente bajo el desarrollo de personajes. La trama deambula alrededor de un inevitable apocalipsis fruto de las crecientes tensiones en una Guerra Fría donde las políticas judiciales y exteriores de los Estados Unidos han sido construidas a servicio de la existencia de aventureros enmascarados. Estos intentos de héroes son colocados en una realidad envuelta en un profundo miedo por la destrucción mutua asegurada. A pesar de los esfuerzos por parte de la población para evitar pensar en ello, la muralla contra la cual se estrellarán es imposible de esquivar. 

Es aquí donde los personajes más reconocidos dejan de ser útiles para conectar al lector con la realidad que vive el común dentro de la novela. Doctor Manhattan, Rorschach e incluso The Comedian (reconocido en menor grado a pesar de que Watchmen suele asociarse visualmente con el broche que utiliza) siguen una línea de pensamiento que puede resumirse en una de las frases más conocidas de la obra: “Todo esto es un chiste”. Por razones diferentes, los tres han llegado a la conclusión de que al fin y al cabo son un elemento insignificante en un gran sistema de engranajes al cual no perturbarán jamás.

Son héroes los cuales no tienen razón alguna por la cual luchar. Su participación es ajena a las necesidades que no sean propias o científicas. Por ende, cualquier tipo de tensión que genere el fin del mundo no se puede presenciar en las acciones de estos. Son personajes los cuales nos pueden interesar y ayudar a comprender la realidad a la cual pertenecen, pero no podemos sentir la inmediatez del peligro a través de ellos.

¿Cómo podríamos creer que un pseudo-dios que puede modificar la estructura atómica de cualquier material, teleportarse a cualquier punto en el espacio y percibir su vida completa en un mismo instante se podría ver afectado por los problemas de los insignificantes habitantes de uno entre miles de millones de planetas? ¿Cómo conectar emocionalmente con un personaje el cual intenta prevenir el fin de un mundo al cual considera crónicamente enfermo e insalvable? 

No lo hacemos. Sus prioridades no van de la mano con aquellas de la trama, por lo tanto son, en lo personal, personajes ajenos al conflicto.

Pero, si vas a narrar la historia de un grupo de personajes que busca evitar el fin del mundo, es necesario que estos tengan presencia en el mismo. Es por esto que los super-héroes con los cuales conectamos no son ninguno de los mencionados hasta el momento. 

Dentro de los arquetipos explorados dentro de Watchmen es posible encontrar también al ingenioso inventor de maquinaria la cual utiliza a la hora de combatir el crimen así como a la sexualizada heroína enviada al frente de batalla con la menor protección posible para así poder mostrar sus curvas.

Daniel Dreiberg (AKA Nite Owl) es el heredero millonario de un banquero. Decidió optar por la carrera de vigilante debido a la admiración que tenía por el antiguo portador de su alias, para lo cual utiliza sus conocimientos sobre ingeniería y la ornitología. Una vez es forzado al retiro, se ve encerrado en una vida normal la cual se ve definida por una suerte de crisis de mediana edad que llega para arrebatar cualquier pizca de confianza que alguna vez tuvo cuando llevó la máscara. Laura Jane Juspeczyk (AKA Silk Spectre) es la hija de una anterior heroína y sex symbol la cual la entrenó para seguir sus pasos. Esposa de Doctor Manhattan, su vida termina siendo un tedio en el cual tiende entre el aburrimiento y la falta de atención por parte de Jon. Las desventuras provenientes de las escapadas en su traje son recuerdos que anhela en la monotonía, a pesar de intentar inhibirlos debido a los roces que ha tenido con su madre. 

Tanto Dan como Laurie se han esforzado por construir una vida normal en medio del circo el cual habitaron. Al contrario de las impresiones por las complejidades químicas y físicas del universo o la aversión por una concepción adulterada de la moralidad, lo que desean Nite Owl y Silk Spectre es la oportunidad de escapar del pasado que los persigue, a la vez que uno vive sobre literalmente sobre este, mientras la otra se encuentra en la cama junto al mismo.

Al contrario de los demás vigilantes enmascarados que vieron sus carreras culminadas con la Ley Keen aprobada en 1977 (la cual prohibió las actividades del vigilantismo externas al gobierno federal), Dan y Laurie se ven enajenados debido a la imposibilidad de afrontar una vida regular una vez han probado la adrenalina de las noches de heroísmo . Esto se ve exacerbado debido a los problemas personales con los que lidian, ante los cuales se perciben impotentes, cosa que en Dan tiene además una connotación fisiológica. 

Terminamos encontrando dos personajes que se reúnen en medio de una crisis a la cual se han enfrentado, hasta el momento, sin ningún tipo de apoyo emocional. Dos personajes los cuales deciden involucrarse el uno con el otro, al borde del apocalipsis, en el intento de recuperar aquello que han perdido. Una historia sobre un amor que peligra ante la situación política y militar en la que se encuentran. 

Dos personajes, además, que deciden volver al vigilantismo una vez aceptan el hecho de la vida normal nunca les será suficiente. Que desean salir de los límites de lo mundano. Que desean probar el poder que obtienen de verse física y moralmente superiores al resto.

¿Quién no se ha visto en conflicto con lo regular de nuestras existencias? ¿Quién no ha buscado ayuda emocional en el otro? ¿Quién no teme que un futuro incierto pueda derribar el débil equilibrio sobre el cual hemos construido nuestras vidas? De todas las batallas que se libran en Watchmen, aquellas de Dan y Laurie con sus satus quo personales son las que resuenan con mayor fuerza en nosotros.

Una de las secuencias  de viñetas que más me llama la atención dentro de la obra es el sueño Dan Dreiberg luego de un fallido intento de tener sexo con Laurie. En medio de un gran desierto, se ve desnudo frente a una dominatrix con la cual luchó en los 60s. Esta es el arquetipo forrado en látex y enfundando un látigo que nos viene a la mente cuando se nos nombra la anterior ocupación. Cuando ambos se sostienen entre brazos, deciden desgarrar sus disfraces para mostrarse en sus identidades enmascaradas y liberarse de la vida normal que no han podido mantener. Silk Spectre y Nite Owl, en un acto de aceptación de pasiones y deseos, deciden besarse a la vez que una explosión nuclear se desarrolla tras ellos. La explosión engulle toda la imagen y quedamos con la silueta de dos esqueletos desintegrándose. El amor en los tiempos del apocalipsis.

La búsqueda de una salida que permita escapar y amar es, quizá, una de las historias más universales que existen. Dentro de un mar de conceptos con los cuales podemos interesarnos, mas no empatizar, esta lucha clásica entre el amor que se desea y la realidad en la se vive es el que ancla la historia a un nivel con el cual podamos interactuar. 

Los problemas que enfrentan Dan y Laurie son problemas con los cuales gran parte de nosotros nos encontramo familiarizados.  En lugar de temer por la destrucción del mundo debido a que se perdería una suerte de milagro termodinámico, o debido a que el sistema de creencias bajo el cual se maneja nos genera repulsión y deseo de modificarlo, el motor que nos involucra en el desarrollo de la trama es el querer escapar de lo normal, el salir de los moldes predispuestos. 

Watchmen es una obra demasiado compleja como para diseccionar todos los elementos que la componen en un solo escrito. Es un logro narrativo y visual el cual celebra y desmembra a los cómics que han pasado súbitamente a ser una porción tan importante de la cultura popular en los últimos años. Pero todas las maravillas que esconden sus páginas serían inaccesibles si no tuviéramos razón alguna por la cual seguir avanzando a través de las viñetas. Es gracias a la concepción de los personajes de Dan Dreiberg y Laura Jane Juspeczyk que podemos explorar los vigilantes mejor concebidos en el medio el cual Alan Moore y David Gibbons explotaron para poder concebir su creación. 

Ante la crítica social, política y mediática y los conceptos científicos, psicológicos y filosóficos utilizados a la hora de profundizar, el tedio y el amor son aquellos que podemos conceptualizar mejor dentro de nuestras propias vidas.  Son las vías de entrada a la experiencia que más me ha maravillado de los cómics y novelas gráficas que he leído. En consecuencia, creo que es lógico que la única pieza de “merchandising” que tengo de Watchmen sea una remera a la cual muestra los cuatro paneles finales del sueño de Dreiberg. Dos miradas encontradas, dos labios atraídos, dos figuras besándose en medio del apocalipsis y ds esqueletos desapareciendo luego de haber obtenido, por un segundo, el medio de escape que tanto anhelaron. Cuatro viñetas las cuales me han permitido explorar la increíble obra sobre la cual he escrito. 

De la misma forma que Cameron nos permite regocijarnos en la comedia de Ferris Bueller’s Day Off al proporcionar una perspectiva donde la preocupación por lo falible y la calma presente en quien sea infalible se encuentran en un absurdo, Dan y Laurie nos dan la entrada a los miedos, deseos y angustias de quienes habitan este mundo paralelo al nuestro. De igual forma, es la culminación de sus arcos la cual nos da la bienvenida al fin de sus respectivas obras. Son una herramienta necesaria a la hora de trabajar con conceptos que nos son tan irreales o ajenos, y son a quien debemos agradecer por permitirnos el disfrute de sus tramas.

Publicado la semana 23. 06/06/2020
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