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Luciana Capdevila

Escapismo

Creo todavía se encuentra dentro de mis capacidades el poder recordar algún mínimo elemento de mi día a día antes de que su dulce silueta apareciera con gracia destellante por las habitaciones de mi departamento. Recuerdo torrentes de fibras blancas que danzaban junto a un espeso mar negro en el cual creaba una fábula cálida abierta a contener mis banales suspiros cargados de pesada rutina. Como las sábanas de mi cama me abrazaban en sueños que prometían cuantiosos deseos tanto insensatos como simples. Como el único canal que recorrían mi colchón decorado de flores que nacían de las olas de tela me daban la bienvenida a un nuevo viaje agobiante cuando me levantaba. 

Pienso, a la vez que un gris disgusto me invade, como comandos y códigos me mecían de tarea en tarea a la vez que perdía la cabeza en un eterno sueño lúcido que englobó mi realidad. Como la describí a mi gusto y le dí vida con mis tiernos trazos en un intento de detener el avance de la fría maquinaria . Como los charcos del mar negro dejaron sobre las fibras las específicas formas que me abrían la posibilidad de percibir lo monótono de la luz que las lámparas fluorecentes y los cristales en carcasas de plástico irradiaban sobre mi cara. 

Recuerdo cuando la vi apoyada en el escritorio de mi cuarto. Como sus pies se arrastraban por la sucia alfombra verde del piso sin tocar ninguna pelusa ni levantar polvo. Como su suave piel parecía reflejar los rayos del velador e iluminar las esquinas de la habitación que nunca antes habíanse encontrado bajo ninguna clase de escrutinio. Como no le importó que esas esquinas fueran pútridos pantanos regurgitando su bilis tóxica. Como el mar negro me cubría junto a ella mientras caminaba hacia el borde de mi cama y se sentaba junto a mis piernas. Como detrás de ella podía verme sentado en el escritorio.

Recuerdo que su sonrisa despertaba mis iris. Como su piel se hundía bajo mi tacto. Como sus cabellos comenzaron a formar parte de la arquitectura. Como sus ojos veían en mí aquello que ni siquiera yo mismo podía llegar a saber.

El mar negro filtraba desde las paredes siempre que ella aparecía para ayudarme en mis intentos de escape. Como su creación me salvó del innecesario martirio de la rutina. Como éramos dos piezas de un rompecabezas que diseñe con la intención de que no existiera ningún borde que no encajase a la perfección. Como ella fue una nave que me llevaba de aventuras y locuras. Como podía verme sobre el escritorio a la vez que ella se acurrucaba junto a mi entre las sábanas para canalizar un segundo tramo en el colchón. 

Recuerdo como desde el averno mismo de mi pecho nacía la más cálida de las sensaciones cuando pasaba frente a mí. Como esa calidez se tornó en fríos engranajes y mecanismos que dictaba, sobre mi matriz, un profundo temor a la la imagen de darme vuelta y encontrarme conmigo sobre cama en lugar de topar mi nariz contra la pared. De negar esta fría perturbación y seguir a mi perfecta enamorada hacia las profundidades del mar negro sobre fibras blancas. 

Ahora el mar negro se encuentra a la altura de mis hombros y me encuentro al inicio de una épica peregrinación hacía la fantasía donde ella habitaba. Abandonaré el teclado frívolo sobre el cual imprimo mi insípida rutina y daré paso a los cálidos trazos que la pluma, alimentada por el mar negro, da sobre las fibras blancas que son el boleto del expreso a la perfecta realidad. 

El líquido alcanzó mis ojos ya. No veo lo que me aqueja, solo presiento el próximo partir. Mi hermosa creación, fruto del deseo escapista, me espera con los brazos abiertos sobre las praderas del anhelo oculto. 

Una vez fue me vea cubierto en el espeso volumen de mi prosa, podré abrir los párpados y bajar en la parada. Mi tierna amada pensada por y para mi me esperará dentro de los confines de un irreal mundo diseñado por y para mí. 

Publicado la semana 19. 09/05/2020
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