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Luciana Capdevila

Series, películas y la vida

IMPORTANTE: El ensayo contiene spoilers sobre el anime JoJo's Bizarre Adventure. Aunque no son muchos y los específicos no son demasiado necesarios para el desarrollo del escrito, recomiendo que la vean primero. 

 

Las películas son increíbles, sino que lance la primera piedra quien nunca haya disfrutado de una. El cine es uno de los medios el cual más nos trasmite y con el cual nos es más fácil identificarnos. Al fin y al cabo, una obra audiovisual representa (incluso con los sentidos que le faltan por cubrir) de forma más precisa nuestra realidad que la pintura o la música, las cuales hacen uso solamente de la vista y del oído respectivamente. Una película le saca ventaja a otras obras de arte en ese sentido, en las distintas formas de buscar con la trama, imagen y sonido una conexión con el espectador. Existe, sin embargo, un área en la cual no es posible (aunque a veces parezca que las peores representantes del séptimo arte lo han logrado) igualar nuestra propia experiencia.

La película más larga que he visto es la versión extendida de “El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey”, la cual hace uso de 251 minutos para darle finalización a la trilogía. Estos, igualmente, son una nimiedad cuando se los compara  con los 76 años (o casi cuatro millones de minutos) de expectativa de vida que tiene un argentino promedio. El tiempo, queramos o no, define cómo vivimos. Considerar este como una variable de suma importancia en nuestra existencia es subestimarlo. Sin tiempo no existiríamos, y el correr constante de este vuelve casi imposible el encontrarse con un único problema que obstaculice toda tu vida.

Es en esto que el cine no puede igualar lo que sentimos. Aunque existan formas de intentar diagramar los conflictos y subtramas para intentar evocar la sensación de cambio constante e imparable, no es posible lograrlo de forma muy efectiva. Las  películas terminan, y junto con ellas sus historias y sus personajes. 

A Frodo, para continuar con el ejemplo que dí, lo definimos alrededor de su única misión: destruir el anillo para controlarlos a todos en la lava del Monte Doom. Pero puedo afirmar que, en propia experiencia al menos, mi vida no puede ser resumida en un único problema. Hay problemas que quizá lleve años superar, hay problemas que nunca superaremos, pero también tenemos miles que nos acompañan hasta que encontremos la solución y nos enfoquemos en el siguiente. La secundaria, por ejemplo, no termina con tu vida. Frodo, en cambio, luego de destruir el anillo (y si obviamos la majestuosa escena de coronación de Aragorn) no tiene ningún otro obstáculo el cual conozcamos. El luego viaja con los elfos hacia otro continente, y eso es todo. Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Una vez he dejado en claro eso, puedo finalmente comenzar con la verdadera idea que quiero transmitir con este escrito. Existe un “Código Konami” (un cheatcode) para saltarse esta restricción que posee el cine. ¿Qué tal si la historia nunca termina? ¿Que tal si, una vez terminada la trama, presentamos un nuevo problema que los personajes deban enfrentar? ¿Y si, en vez de dedicarle dos horas y media le dedicamos 45 minutos o menos? ¿Y si separamos los problemas en temporadas con muchas partes cada una? 

Es fácil ver el punto al que quiero llegar. Para enfrentarnos al hecho de que las películas tienen fin hemos creado series. No crean que no he tenido en cuenta que estas también llegan a su fin, pero esto lo quiero guardar para una idea posterior.

Al tener los personajes de las series la característica de que sus vidas no están demarcadas por una única problemática (a menos que pienses en Ted de “How I Met your Mother?” Y su obsesión por encontrar a quien ama a lo largo de las 9 temporadas), nos podemos relacionar mucho más con ellos. Ellos cambian junto con las situaciones que enfrentan de la misma manera y paralelamente que nosotros. 

Las series generan, entonces, una relación más cercana que las películas. Entre la mayor cantidad de horas dedicadas, entre el crecimiento constante de los personajes y el hecho de que muchas veces las subtramas suceden en conjunto a hechos quizá similares de nuestra vida diaria, sus historias se sienten a flor de piel.

Para poner un ejemplo, el 18 de Marzo me terminé la última parte animada del anime “JoJo’s Bizarre Adventure” a la madrugada y me ví “Hedwig and the Angry Inch” a la tarde. Es verdad que sentí un fuerte flujo de emociones viendo la vida de la cantante de punk/rock transgénero que muestran en la película, pero, una vez terminada esta, las emociones no me siguieron por más de una o dos hora. En cambio, una vez terminé JoJo, no pude evitar que todas las emociones que me acompañaron durante los 39 capítulos de 23 minutos converjan en una suerte de pozo de melancólico en el que me encontré. Entonces vi que no eran solo las emociones de esas temporada, sino de las 4 temporadas anteriores y todos sus conflictos y personajes que me acompañan desde diciembre del año pasado. Todo eso había terminado. Que algo se desarrolle a lo largo de un tiempo comparable con nuestra propia vida para que luego esto termine es equiparable con la muerte, y por eso nos pega tan fuerte el terminar una serie. 

Las películas no crecen con nosotros; sino que nosotros crecemos y luego vemos las películas con otros ojos. Por el contrario, Jonathan Joestar, Joseph Joestar, Kujo Jotaro, Higashikata Josuke y Giorno Giovanni si lo hicieron. Estas vacaciones he descubierto cosas de mi misma, he tenido desafíos y he buscado formas de solucionarlos. Jonathan tuvo que aprender el uso de la energía Hammond y vencer a su hermano adoptivo y vampiro Dio, Joseph tuvo que entrenar y aprender a trabajar en equipo para vencer a tres dioses mayas renacidos. Jotaro tuvo que descubrir como controlar su “stand” y viajar hasta El Cairo para derrotar a un Dio renacido y así salvar a su madre. Josuke tuvo que hacer nuevas amistades, descubrir el pasado oculto de su ciudad, descubrir la identidad de un asesino y también vencerlo. Giorno luchó para volverse el jefe de la mafia italiana Passione y así evitar la distribución de droga a menores de edad en su querida Nápoles.

Todos tuvieron algún objetivo el cual  descubren recién por la mitad de la serie. Antes pasan por sus otros problemas e, incluso con el objetivo principal en mente, deben enfrentarse también a nuevos desafíos. Es más, hay personajes cuyas historias no terminan en su respectivas parte y aparecen en las siguientes. Su evolución en constante. 

En ese mismo tiempo terminé la secundaria, me inscribí y comencé la universidad, viajé por las fiestas a ver a la familia y conseguí el trofeo platino de Bloodborne, junto a otras cosas más. 

Entonces, el 18 de Marzo, cuando me ví el último episodio de Vento Aureo, la quinta temporada de JoJo, todo acabó. Aunque Giorno no murió, el hecho de que no seguiré viendo a quien vi crecer y luchar deja una sensación de ausencia similar a la muerte. No voy a volver a verlo. No voy a verlo crecer. No voy a tener contacto con el. Ante todo punto de vista, ha muerto. Por ende, el golpe emocional que te acompaña por los siguientes días es mucho más fuerte que el de una película. 

3400 horas de la historia de los Joestar tuvieron un impacto más fuerte, a largo plazo, que la hora y media de “Hedwig and the Angry Inch” Sus personajes vivieron conflictos al mismo tiempo que yo y los solucionaron al mismo tiempo también. Su vivencia, para mí, fue mucho más cercada que la de Hedwig.

Cabe aclarar que igual prefiero ver películas que series y no tengo la intención de aparentar que la muerte o la pérdida de alguien cercano son equiparables con terminar los episodios de una serie. Tampoco quiero menospreciar a “Hedwig and the Angry Inch”, la cual me fascinó y enamoró más allá de lo que puedo describir. Pero no puedo juzgar con el mismo peso las repercusiones de terminar un largometraje a terminar una serie. El hecho de que las vidas de su personajes se desarrollen a la par de las nuestras vuelve a las series mucho más cercanas que una vida entera o un gran conflicto contado en menos de tres horas. 

Giorno y Josuke se sintieron como amigos en el recorrido de los últimos meses, y perderlos generó un impacto de acuerdo a eso. Quizá esa es la única razón por la que hago un intento de ensayo sobre las razones por las que las series son más cercanas que las películas. Posiblemente solo esté haciendo esto porque quiero ver las bizarras aventuras de los distintos JoJos otra vez. Quizá solo los escribo porque los extraño, por que los añoro. Pero, al fin y al cabo, creo que esto solo confirma lo que he defendido a lo largo del texto. Ahora solo queda la nada. Una nada momentánea, pero nada de todas formas. Cuánto me gustaría volver a experimentar los episodios de la serie de nuevo. Casi tanto como me gustarían vivir algunos momentos de mi vida otra vez. 

Sea como sea, personaje o persona en la vida real, todo termina. La serie, para parafrasear a Bojack Horseman, continúa; hasta que llega en el momento en el que no lo hace. Todo; películas, programas y nuestras vidas, tiene un fin, y el llegar a él nunca será algo sencillo. Memento mori.

Publicado la semana 12. 19/03/2020
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