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Luciana Capdevila

Él robó mi tiempo

Mirá Elisa que yo soy descuidada, ¡muy descuidada! Pero, ojo, que ni a mí se me escapa algo así. Mirá, ESCUCHAME, ¿viste que siempre se me pierde todo? Las fotos, las llaves… Ya sabés, todo eso. Y eso que le rezo a San Expedito todos los días… 

Sí... Jeje. ¡Bueno, no me distraigás más Elisa! Si, si, que sino me muero antes de contarte. La cosa es que nunca me había dado cuenta que se me había perdido la cosa más importante de todas. Es más, ¡ni siquiera la había perdido, sino que me la han robado! Sí, así como escuchás. 

¿Qué? 

Esperá que anda mal. 

¿Que que cosa per…? ¡Ah! Mirá, escuchame Elisa, a mí, toda la vida, me han estado robando constantemente el tiempo.

¿Cómo que cómo me van a robar el tiempo? 

¡Sí, así como escuchás! Me dí cuenta el otro día cuando estaba pasando por el local de la empresa de la luz.

Sí, los hijos de puta esos que además también me roban el sueldo de maestra. Estaba yendo a la feria de la plaza y justo pasaba al frente y noté que había algo chiquitito entrando y saliendo por la puerta. Entonces me metí al local a ver y no sabés, ¡casi caigo muerta ahí mismo el susto! No te lo podés imaginar. Veía como los tipos que entraban a las oficinas de arriba iban con duendes al lado de ellos.

¡No, te digo que no había tomado nada Elisa! Pava, ¿cómo se te ocurre decir esas cosas?

¡Estaban rodeados de duendes Elisa! Encima eran todos como los duendes irlandeses esos de los cuentos. Colorados bien mufas, con un trajecito verde... ¡Y andaban agarrando monedas de oro que se le caían a la gente! 

¡Exacto! ¿Y sabés de qué me di cuenta? Que las personas a las que se le caían las monedas estaban tratando de hacer un trámite o pidiendo que les presten un buen servicio.

¡Exacto Elisa! Le estaban sacando monedas a la gente que perdía el tiempo tratando de llevar quejas o tener los papeles listos.

Pero…

¿Qué?

¿Que si estoy lagrimeando?

Sí, Elisa, la cosa es que cuando volví a mi casa me pasó lo peor que me podía pasar. Como estuve caminando toda la mañana, llegué y tenía las patas destrozadas. Además ya sabés que tengo eso en la rodilla que me tengo que ir a hacer ver. Bueno, la cosa es que llego y me siento en el sillón a descansar un rato. No alcancé a ponerme los lentes para leer que Francisco me llama. 

Mirá; estoy cansada. Estoy harta. Corrí directamente al baño y te estoy llamando porque estoy encerrada.

Si, Francisco está del otro lado de la puerta, por eso ahora hablo bajo. Estaba tratando de distraerlo y pensé que si escuchaba que estaba hablando con vos se iba a ir. Elisa…

¡Por favor vení a sacarme de acá! 

¡Ya! No doy más. Cuando entre al departamento vi como comenzaban a caer monedas de mi y unos duendes las llevaban para el cuarto.

¡El baño se está inundando de monedas y veo manos tratando de agarrarlas por debajo de la puerta! 

¡Elisa, vení que Francisco quiere tirar la puerta abajo!

¡Eli…

 

¿Qué?

No, no estoy llorando por nada.

¡Que no es nada te dije!

Sacame la mano de encima por favor.

¡Duendes de mierda, déjenme en paz! No puedo. ¡No te aguanto más Francisco!

 

 

Ya no caen mas monedas…

Ya queda más tiempo que me puedas robar. Así lo quisiste.

¿Me vas a dejar acá tirada a que me encuentren?

Publicado la semana 10. 08/03/2020
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