50
M. Perálvarez

Las dos Marías

Asomadas a la ventana, Rosario y Ángeles, “las dos Marías” como las apodaba su madre, observaban como doña Marina, su institutriz, recibía una carta de un señor encapuchado con una larga capa. 
Se reían sin parar. ¿Será su admirador? ¿Un amante oculto? ¿Qué era de ese señor con el que la vieron tomando el té? ¿Quizá por eso lleva consigo aquella pulsera roja?
La puerta se abrió sola por el viento y Rosario volvió, nerviosa, a la tarea.
- Pasa – dijo Ángeles entre risas. Y también continuó con su lectura tras un sorbo de café.
Poco después doña Marina entró por la puerta y ambas chicas la acosaron con sus preguntas. Enfadada, la maestra golpeó el suelo con el tacón. 
- ¡No se os puede dejar solas, señoritas!
Acto seguido la puerta se volvió a abrir debido al aire. 
– Pasa – Dijeron ambas muchachas a la vez a carcajadas. 
- ¡No digáis eso!
Definitivamente, no, no se les podía dejar solas.

Publicado la semana 50. 08/12/2020
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
I
Semana
50
Ranking
0 99 0