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M. Perálvarez

Error.

Y la solución más rápida parece la más fácil.
¿La razón?
Sin vida no hay problemas.
 
Empecemos por el amor a la familia,
cuando tu cuerpo infantil no te pertenece.
Primero esto, después, pedir dinero,
como si fuese una macabra prostituta anónima.
Pronto aprendí que tenía el mismo valor que una máquina tragaperras.
¡Premio! Todos desprecian ese tipo de máquinas.
 
Un tío cualquiera, rompe,
golpea fuertemente la máquina.
 
Bofetada literal de realidad en el instituto,
cuando solo recibí risas condescendientes.
Interiorizas las cosas,
entiendes tu lugar en el mundo.
Me han hecho simplemente para sufrir.
Saco de boxeo que debe,
en silencio,
soportarlo todo. 
 
Otros han dicho que soy un fracaso,
alguien que sólo tiene hueco en el asiento de atrás.
 
¿Para qué estoy viva?
No quiero sufrir más.
No hay parte de mi cuerpo ni de mi alma que no haya sufrido.
¿No hay nadie que quiera estar a mi lado en silencio hasta que me cure?
¿Debo desconfiar de todos?
A veces creo que mi vida,
por sí misma, no tiene mucho valor.
¿Qué hago yo si esa es la única versión que me han dado sobre mí?
 
A veces, los golpes de la vida nos persiguen más tiempo del que deseamos.
¿La razón?
No se puede huir de un cardenal permanente.

Publicado la semana 36. 31/08/2020
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Género
Poesía
Año
I
Semana
36
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