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Laura R

Celeste

Creo que soy, como dice Lacan, un espíritu aquejado de objetividad. ¿Por qué mi alma no ha de tener la misma certeza que mi cuerpo, mi carne, mis órganos, mis ojos? ¿Quién me ha dicho que no es exactamente lo mismo?

He perdido el arte de la convicción a cambio de la experiencia, certera y aburrida experiencia. O quizá nunca tuve tal convicción. Yo misma me he sacado los ojos.

Y aunque he intentado compensar mi invidencia con mi boca, mis manos, sigo desesperadamente perdida. A pesar de mi cautela, las heridas no cicatrizan.

He entrado a un lugar en que lo único que sé de él es que no está vacío. Que sin poder ver nada, sé que está lleno de claridad. Me gusta, y me asusta. No vaya a ser que por temeraria me queme.

Por eso he de tener cuidado con cada paso, cada ir y venir de mis párpados.

Sin embargo aquí estoy, incapaz de irme, incapaz de moverme, en el absurdo sin escapatoria más doloroso de todos en este estéril desierto que es tan mío.

Pero tengo que elegir. Entre esos dos imposibles, debo elegir.

Es así como, con el corazón hecho tripas, me lanzo al vacío en un acto de fe. Es así como me dispongo entera al gran firmamento, buscando algo más que una cura, si acaso existe. Esperando que lleguen las palabras que se me escurren, la convicción que reclamo.

Mis heridas, mis miedos, 
mis murallas, mis silencios,
mi paranoia, lamentos y agujeros, 
derrotada,
los ofrezco al celeste cielo abierto.

Publicado la semana 8. 22/02/2020
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Género
No ficción
Año
I
Semana
08
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