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Laura R

Soltar una cometa

No todas las cartas sirvieron

para lo que fueron escritas

y debes encontrarles

una nueva razón de ser.

 

Barcos de papel tienes muchos,

tu océano ya dejó de salir por tus ojos.

Ya no tienes agua ni tinta

para tu bosque de origami.

 

Entonces harás una cometa con todas ellas

y la amarrarás con el hilo rojo que te dio.

Le ayudarás a mantenerse serena

con el ancla que llevas en la mano izquierda.

 

Te irás a la montaña más alta que veas

desde el valle en el que vives,

y elevarás con orgullo tu nueva cometa

hecha de cartas que creías obsoletas.

 

Estarás en completa quietud

observándola tranquila a lo lejos.

Pasarán las horas, los días, un año,

estarás en total plenitud.

 

De un momento a otro

sin posibilidad alguna de preverlo

llegará una corriente de viento

queriendo arrebatártela de las manos.

 

Te cansarás de esperar de nuevo la calma,

tus ojos se secarán y no verás ya nada.

Demasiado tarde para recuperarla,

demasiado orgullo para abandonar.

 

El hilo rojo cortará tus manos

convirtiéndose en tu sangre.

Qué importan ya los días,

qué importa ya el año.

 

Quiere y debe irse

a pesar de tu obstinada persistencia,

de todo lo que ella representa

y del dilema que pone en tus manos.

 

Y terminarás por entender

que ni el ancla, ni el hilo,

ni todo el amor del mundo

fueron suficientes.

 

Y que será tan doloroso como necesario

soltar y dejar ir

para por el resto de tus días 

ciegamente perseguir

tus tan preciadas letras perdidas

en una cometa.

 

Publicado la semana 52. 27/12/2020
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Género
Poesía
Año
I
Semana
52
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