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Laura R

Una tarde frente al mar

"Te perdoné una tarde frente al mar" es una frase que todo un país ha escuchado, una que yo también quiero decir, pero ahora mismo no puedo.

Compré un velón blanco, me valió un poco más de mil pesos. Está en el nochero, no lo he prendido ni una sola vez. Se supone que debo hacerlo cuando esté lista, y cuando lo haga, se supone que debo hablarle como si estuvieras al otro lado, frente a mí. Desde ya veo la deshidratación por la llorada, y tengo miedo. Desde ya estoy llorando.

Ya van a ser cuatro meses, creí que iba bien con este duelo, pero me está costando la vida entera. Debo escribirlo todo, o en eso consiste, hasta que no me queden más letras, pero mis manos, mis ojos, mi espalda y mi mente se cansan, y dejo mis textos, o más bien mis cartas, sin terminar. Trato de distrarme con la música, con videos, series, o viendo cuanta cosa quiero en el marketplace: bicicletas, carros, zapatos, plumas, cualquier cosa. Quiero estar entretenida y no tener que pensar en esto, en vos, estarlo hasta que mi cuerpo no pueda más que entregarse vencido al sueño, pero mis ojos no dan tregua y debo apagarlo todo. Mis ojos descansan del ardor, pero mi mente y tus recuerdos me persiguen por horas hasta que llega la madrugada, y termino llorando, acabándome el poco alivio que le había dado a mis ojos, y en menos de lo que imagino vuelvo a despertar cansada, triste y con la cara hinchada.

Sin darme cuenta mi habitación se llenó de cosas tuyas, yo me llené de vos. El barco, el cactus de porcelana, la alcancía de madera y vidrio, la caja, el ancla con el hilo rojo que llevo en la muñeca izquierda, las pañoletas en el morral, la carta, el barco de papel en la billetera, el separador, las pulseras de hilo... esto está lleno. No me atrevo, ni siquiera lo pienso por equivocación, a deshacerme de todas esas cosas. Pero no termina ahí: los bocetos para el pequeño libro ilustrado que te di de cumpleaños, las fotos en la galería, las cartas, este cuaderno, y mi memoria. Estoy invadida, estoy cansada.

Quiero poder decir que te perdoné una tarde frente al mar, pero en su lugar me estoy ahogando en un océano de recuerdos, estoy náufraga en una isla de palabras. Tendré que perdonarlo todo en el rincón donde está mi escritorio, sola, frente a un velón blanco.

 

Publicado la semana 50. 13/12/2020
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