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Laura R

Carta a Marín

8 de enero, 2019.

 

He decidido irme como Pizarnik, como quien se va. He elegido el exilio. Mi lugar de paso ahora no es importante, pero por morbo te lo diré: al noroccidente de la ciudad. Me voy porque mi hogar ya no es hogar sino una casa con desconocidos y cosas, cosas que no necesito. He dejado mis pinceles, mis libros, a Feles que estará mejor con mis padres, mi cámara, mis cartas… el odio por el desamor. Ya no más paredes cansadas de puños iracundos, no más preguntas entrometidas ni decoraciones navideñas, no más tontas reuniones familiares. No más relojes ni escritorios, a cambio busco tiempo y lugares.


Dice Marc Augé que el lugar es aquel donde hay memoria —del alma—, donde el ser entra siendo uno y sale otro; el no lugar por su parte es un sitio indiferente, de transitoriedad. Bueno, creo que de donde hui pasó de lugar a no lugar, pues he perdido la identidad justo como no quería: por obligación.


Creo, en medio de lo absurda que es la existencia, que por fin me encamino hacia la libertad, ¿o qué más puede ser la libertad sino el vivir sin miedo?


Espero que en el devenir de mi largo camino, al perder lo poco o nada que me queda de eso que llaman identidad, encuentres todo aquello que te plazca y con quien hacerlo, pues ya ves que yo no tuve la oportunidad, nuestras vidas en vez de perpendiculares, son paralelas. Yo por mi parte emprendo la tarea de aprender otros idiomas, otras formas de interpretar el mundo, y conseguir, de vez en cuando, uno que otro empleo pasajero para comprarte papel y tinta.


Te escribiré en un mes.

 


Te quiere,

Publicado la semana 42. 16/10/2020
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