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Laura R

Real

Mientras me lavo los dientes en un esfuerzo por no ahogarme, descubro mis ojos en una esquina del espejo más pequeños de lo normal, rojos casi negros, y no me atrevo a alzar la cara para verme la expresión de la boca porque me da vergüenza de mí misma.

Otra vez el dolor de la soledad me corroe el rostro. Otro año, otra vez.

Es hoy. Hoy por fin lloro sin lágrimas, con dolor de cabeza, con la nariz, los labios hechos carne, con el aire. Es hoy, por fin. Hoy es cuando me doy cuenta que ya no me quieren como quise que fuera por el resto de los días.

Me descubro pensando en Primero está la soledad de Darío Jaramillo Agudelo, en la vida física de Piedad Bonnett, en las Instrucciones para llorar de Cortázar, y me doy cuenta que ya dijeron todo lo que yo quería decir y no me queda más que quedarme callada. También me descubro tirando la cabeza hacia atrás casi como un reflejo, queriendo ver el cielo, pero la fantasía se me desarma y cae literal cemento con tierra.

Ya no puedo empezar a llorar y aprovechar para llorar las otras cosas que no he llorado, ya no puedo imaginar estar filmando la próxima Palma de Oro de Cannes. Por imbécil, por eso estás llorando.

Este llanto es real. Es por lo que es.

Publicado la semana 36. 06/09/2020
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I
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