35
Laura R

Carmesí

Creí que era, como dice Lacan, un espíritu aquejado de objetividad. Me pregunté por qué mi alma no habría de tener la misma certeza que mi cuerpo, mi carne, mis órganos, mis ojos. Nadie me dijo que no era exactamente lo mismo, yo sola me convencí de ello.

Recuperé el arte de la convicción a causa de la experiencia, certera y aburrida experiencia. Siempre tuve tal convicción, pero yo misma me había vendado los ojos.

Y aunque he aprendido a usar mi boca y mis manos, sigo desesperadamente perdida. A pesar de mi cautela, mis heridas siguen abiertas.

Salí de un lugar en que lo único que supe de él es que no estaba vacío. Y ahora en medio de la claridad, sigo sin poder ver nada. Me gusta, y me asusta. Por temeraria salí con quemaduras.

Por eso he de seguir teniendo cuidado con cada paso, cada ir y venir de mis párpados.

Y aquí sigo, incapaz de irme, incapaz de moverme, en el absurdo sin escapatoria más doloroso de todos en este fértil corazón que es tan mío.

Pero tengo que elegir. Entre esos dos imposibles, debo elegir.

Es así como, con el alma hecha polvo, vuelvo a mí misma en un acto de fe. Es así como vuelvo entera a un gran amanecer buscando algo más que una cura, si acaso existe. Esperando que nunca me falten las palabras que hoy vuelven, la convicción que hoy tengo.

Hoy escribo queriendo arrancarme la piel con cada palabra, llorando todo aquello que durante meses callé. No siento alivio, no siento descanso; siento que he hecho algo irreversible.

Aun así,
mis heridas, mis miedos,
mis murallas, mis silencios,
mi paranoia, lamentos y agujeros,
derrotada,
los ofrezco al carmesí mar abierto.

Publicado la semana 35. 24/08/2020
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
No ficción
Año
I
Semana
35
Ranking
0 30 0