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Laura R

Líneas rojas

No me había dado cuenta que los renglones de este cuaderno son rojos. Parece que estas líneas se desangran conmigo todo el tiempo. Parece que son las barras que dividen mi liberación y mi exilio.

Me pregunto si algún día con estas palabras removeré viejas o profundas pasiones, alegrías y furias, propias o ajenas. Me pregunto si mi talento es verdadero, o si solo soy yo tratando de creer que sí existen los secretos.

O estaré dejando aquí varias identidades, todas huyendo de la vigilancia. La que se lamenta, la que llora, la que hierve de rabia, la que se duele… la que ama y la que odia. La que busca, que es al mismo tiempo la que no encuentra, la que pregunta y no obtiene ninguna respuesta, la que se confunde, la que calla y se dispersa. Todas esas soy, y no son todas.

Me vi obligada a inventarme un mundo para poder huir en él. Este que mi cuerpo habita no está hecho a mi medida, o tal vez no fui moldeada para su naturaleza.

A veces el tiempo me parece una invención, pero esta carne se cansa con cada aparición del sol y la luna. A veces me parece que la distancia es tan solo una ilusión, pero cuando regreso de mis sueños, este espacio que padezco se convierte en cárcel.

Soy una enferma de los vacíos y la espera.

Leo a mis semejantes como si fuera el arte de la expiación, mía y de ellos, diciendo todo lo que yo no puedo, porque mi discurso es insuficiente, tanto como mi aliento. Mi pensamiento ha perdido cohesión, y mi memoria se ha vuelto abismo.

Mi pensamiento, mi memoria, mis cosas. ¡Bah! Poseo un montón de fenómenos que no cumplen su propósito.

Soy la dueña de nada.

Y me pregunto si algún día, en algún momento, dejaré de escribir con afán. Vuelvo a estos trazos, copias de sí mismos, y solo me dan ganas de salir corriendo, huyendo inocentemente de mi encuentro. Me pregunto si algún día dejaré la asimetría, el desequilibrio, los manifiestos a tropiezos. Si algún día mis pasos tendrán un rumbo independiente de mis deseos, si mi boca empezará a decir lo que mi mirada grita y calla. Si lograré hacer de mis letras un círculo coherente, y no discurso a arcadas. Si empezaré a darle forma a mis sueños, para darle un estatus mejor que solo recuerdos aislados, condenados al paso del tiempo.

Y si algún día tendré la decencia de contarlo todo.

Me reprocho cada vez que aquí me siento a lamentarme sin ocuparme de las ausencias que me corroen.

En este valle blanco me siento tan sola, que todo este vacío incoloro se ha vuelto paisaje. Sembré tulipanes distanciados en este lago lácteo, y lo único que recogí fue una oportunidad marchitada por el miedo, bajo la máscara de la prudencia.

Y repito obstinadamente palabras en estas líneas que no van a ningún lado, que ni en fila alcanzan a susurrarle en los labios la extrañeza de la falta. Derramo sin descanso lágrimas que, aunque quisiera, no harían mar suficiente para zarpar al otro lado.

¿De qué me sirvió esta repetidera, si me quedé aquí sentada, sin decir nada?
¿Caminé sobre estas líneas, o solo me ahogué en el mismo mar escarlata?

Publicado la semana 16. 17/04/2020
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Poesía
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I
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