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Laucha

¿Qué es el tiempo?

Bien podría empezar a desembuchar millones de especulaciones sobre lo que durante mucho hemos considerado tiempo, ya sea un análisis etimológico u otra forma de alcanzar una comprensión preliminar del concepto. Per sería mejor comenzar retomando una apuesta que una vez realizó un magnífico científico que, por avatares de la fortuna, sus músculos corporales y articulaciones no pudieron acompañar el avance agigantado de su genio. Stephen Hawking sugirió que en un momento la filosofía se encargaba de las continuas cavilaciones que alimentaban todo el conocimiento de la edad moderna. Pero luego la especialización de la ciencia en diferentes campos de investigación según su objeto de estudio cimentó el Big Bang entre ambas, debido a la complejidad matemática que paulatinamente empezó a conseguir la segunda. Esta separación tuvo y sigue teniendo repercusiones hasta el día de hoy. 

Parafraseando a Ludwig Wittgenstein la filosofía solo puede encargarse de analizar el lenguaje. No obstante, este parecer no queda estancado en las tierras pantanosas de las diferencias, tratando de encontrar un camino por el cual la emarañada ciencia puede relacionarse con la laberíntica filosofía. Hemos, antes que nada, poner en perspectiva el rasgo engorroso de la última, junto con la severidad científica que alcanzó con los aportes de Immanuel Kant. Corrigiendo a Hawking, no cre que la pobreza matemática de un haya desencadenado la emancipación de la otra, sina más bien que la tecnicidad de los términos hacia direcciones diferentes hizo que una se distanciara, en intereses, de la otra. 

Dicho esto, revisemos lo que convendríamos como tiempoen sentido filosófico, adhiriéndole los avances de la ciencia contemporánea. Desde el comienzo de nuestros supuestos tendremos una situación a considerar: Si bien Kant hablaba de que las únicas maneras con que podemos intuir el mundo fenoménico es mediante las categorías puras (sin necesidad de que la sensibilidad intervenga, el intelecto las percibe), hoy se hipotetiza sobre que ambos se encuentran unidos, resultando que pertenecen a una sola categoría en una red, el espacio-tiempo. Esto quiere dcir que ese intuiciones se dan en simultáneo para que podamos ordenar la realidad circundante a nosotros. Ahora bien, el mundo común de la experiencia que conocemos por medio del pensamiento es relativo para cada persona. Pues, es a través de los conceptos que compartamos para inteligir la realidad que podemos construir lo comunal. Pero si tenemos en cuenta que según la composición fisiológica del individuo es como estará habilitado a cognoscer algo, cada uno de nosotros abriga una diferente con respecto a otro. De esta manera podemos realizar un paragón la teoría de la relatividad de Albert Einstein que fue y es tan transversal a las suposiciones de la ciencia actual. El que las leyes de la física se apliquen de igual manera para cualquier observador puede dar pie a que consideremos los esbozos de la Crítica de la Razón Pura con el mismo trato. Desde que pudo teorizarse sobre que la velocidad de la luz es finita, se comenzó a pensar que cada uno de nosotros podría percibir todo de modo diferente. Lo cual, al estilo de Kant, equivaldría proponer que cada quien proyecta un mundo diverso. Amén de esto, una discusión llegaría a ser una colisión de mundos en función de los equivocos y mal entendidos que se darían cita entre taxonomías.

Una hipótesis kantiana que no hemos de olvidar o dejar atrás es la que dio inicio al conocido giro copernicano en el conocimiento, el cual habla mucho de como los humanos disponemos de nuestra exterioridad espacio - temporalmente. Si pasamos de aceptar que la dureza es propia de la madera con que se construye una mesa, a comprometernos que en realidad esas propiedades se las conferimos para darles sentido en nuestras vidas, y así aprehenderlas, sugiere que lo común es pura construcción antropomórfica.

Un fenómeno que acontece podría surgir de aquello que Kant denominó noúmeno, una localización que es inaccesible a la percepción humana, dsebido a que se encuentra en la esfera de lo incondicionado. Esto vendría a tenerse en cuenta luego de que Immanuel definiera su idea de idealismo trascendental, en donde el conocimiento que no es susceptible está o depende de la mente, lo que implicaría que si un saber no está condicionado por los albores del tercer ojo, no puede conceptualizarse. Esto también se debe al principio de significatividad condición epistémica que postuló el filósofo, según los autores Strawson y Allison. Si bien cada proposición comprende una denominación variopinta en cada caso, tienen un gran símil en tanto que versan lo siguiente: Si un concepto no alberga contenido empírico, no puede conformarse como tal. Lo que se procura aquí es que puede cumplirse las condiciones necesarias y universales para conocer algo de la realidad. Y todo esto tiene un gran parecido con el principio de incertidumbre de Heissenberg, en tanto que no hay manera precisa de calcular la posición de una partícula o una onda. Lo que, traducido filosóficamente , refiere, primero, a la indeterminación de la causalidad fenómeno - noúmeno, y a la improbabilidad de la exactitud de la creación de un concepto. 

Hasta aquí, pareciese que lo único que se ha hecho es tomar la posta de Hawking y continuar haciendo filosofía y ciencia, todo menos hablar de tiempo. Pero, es innegable que con lo reflexionado en este escrito no se nos pueda caer una idea de la cabeza con respecto a su tópico principal. A nuestro aparato cognitivo, se lo aplican las leyes de la física que día a día se refinan y nos muestran como se comportan el Universo y sus habitantes.

El tiempo no es un ámbito separado del espacio, dado que se interrelacionan en un costura donde en un punto de los hilos se ubica un acontecimiento que nosotros hemos proyectado en el mundo. Es decir, sin el humano, nada de esto tendría sentido, lo cual nos unbica como artífices de nuestro propio orden. 

Gabriela Speranza relata que hay cierto artista que compuso en Youtube un reloj de 24 horas, interpelando al observador a que vuele junto a sus lucubraciones de dominar el tiempo, haciéndonos conscientes de que nuestro mandato encierra ese factor del que muchas veces renegamos: Somos el espacio - tiempo de nuestros mundos.

Publicado la semana 5. 30/01/2020
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