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Laucha

Ilustrado(s)

¿Por cual razón estamos juntos? ¿Hay una razón para ello? ¿O más bien es una necesidad fisiológica? Como todo lo que es creado, desde que nacemos, es gracias a otros que tenemos permitido existir: dos gametos, uno masculino y otro femenino, se unieron para dar paso a una nueva forma de vida. Vida que formará parte, lo quiera o no, de una familia, una comunidad, de una sociedad, una nación, un país, de un mundo. No importa si es legítimo haber llegado aquí, o no, el heho es que estamos yectos en esta realidad. Y eso quiere decir que hay un mundo que tenemos en común que nos abriga en el momento en que llegamos. De por sí, aquel, ya es un espectáculo de fuegos artificiales para el recién nacido. Y solo cuando el individuo está cognitivamente bien formado, es decir, cuando en su cerebro se forman los sistemas neuronales necesarios y cuando sus sentidos se hayan afinado, ahí es cuando es consciente de todo lo que interpreta de la y su existencia.

Ahora bien, ¿Somos conscientes de cuáles son las motivaciones por las cuales estamos con los demás? Si preferimos cargarlas de contenidos morales, podemos convenir que porque en estado de naturaleza somos buenos, o malos, el ser humano se congrega o se alía con sus pares. En el primer caso, nos corrompemos hacia el mal porque perdemos nuestra característica inocencia, al vernos expuestos a la malvada sociedad en la que nos encontramos inmersos. Y para contrarrestar ese efecto, concordamos en generar un contrato con los demás  (humanos) y acordamos quien nos gobernará y deliberará, junto con nosotros las decisiones pertinentes que afectarán a los integrantes del contrato. En el segundo caso, para evitar la constante guerra de todos contra todos que se encuentra en el seno de nuestra comunidad, pactamos que es conveniente que nos gobierne un voraz leviatán, de forma autoritaria para eliminar nuestro apetito competitivo y cimentar la paz

Vale considerar que a las formas contractualistas de gobierno se las criticó por mantener peligrosos apriorismos que solo concretaban los ideales de diferentes intelectuales (o solo autores) que poco explicaban sobre el por qué nos congregamos en sociedades. Por el contrario, hablaban sobre cómo debió ser el motivo del hecho. Si analizamos con cuidado el concepto de estado de naturaleza nos daremos cuenta de que es una suposición en donde se piensa al ser humano como un sujeto moral innatamente formado, y no como uno a formar. Además, el acento teológico aún se puede percibir, dado que se sigue pensando en un Dios como garante ontológico de lo existente y como artífice de la naturaleza humana. El orden natural que el humano percibiría tiene por responsable de ser real a ese Ser. El problema es que lo que podríamos ver adecuadamente dispuesto en su lugar es un prejuicio con el cargamos, dado que si para conocer algo del mundo debemos proyectarlo espacio - temporalmente, ya supone una ordenación que nosotros mismos realizamos, por lo que se vuelve una invención humana el hablar de orden.

Volviendo al tema, sigue siendo válida la preocupación de encontrar otro u otros criterios que legitimen nuestras uniones. Podríamos mirar el mundo humano como uno regido por una necesidad inherente e inalienable de su condición, fisiológicamente hablando: la preservación. Esta refiere no solo a que cuando percibimos una amenaza nuestra integridad física reaccionamos inconscientemente en vista de protegernos. Además alude a cultivarnos, en el sentido de que no es una mera función entrópica, sino que también es una que da lugar a la optimización, y posterior mejora, del individuo.

Por lo general, a esta reacción se le atribuyen connotaciones morales que poco tienen que ver con el reino de la necesidad humana. Estamos habituados a relacionar lo que se necesita con lo bueno, y a veces, lo que no se necesita con lo malo. Sin embargo, estos procesos inferenciales cobran más relevancia cuando tenemos la posibilidad de elegir qué es moralmente pertinente. A lo que necesitamos poco (por no decir nada) se le puede conferir de bondad o maldad. Por qué nuestro organismo se comporta así puede ser abordado desde la neurociencia y la biología actuales, y así comprenderemos mejor sus funciones. 

Si tenemos en cuenta la preservación en diferentes niveles, seguramente podríamos aprehender este fenómeno y encontrar fundamento o la razón de por qué tendemos a atribuir eticidad a nuestras abstacciones y decisiones. Además, este análisis puede sugerir o indicar de qué manera conocemos y damos a conocer el mundo que nos proyectamos. Aquí se propondrán tres niveles, solamente. 

En un primer nivel, nos encontraremos con un impulso de preservación que no comprende especie, es decir, aquí nos protegemos sin advertirnos si pertenecemos a tal o cual especie. Este es un grado que compartimos con animales de otras clases, pues el que se reaccione entropicamente se produce de manera automática, y no habría abstracción alguna que pase por nuestras mentes. 

El segundo nivel es idiosincráticamente humano, demasiado humano, en el sentido de que nos encontramos con una preservación en tanto se es parte de una especie determinada. Cuando hablamos de derechos humanos, puede que se nos venga de repente a la mente el sentimiento de universalización subyacente que se motivó desde los preciosos y tan importantes esbozos de la Ilustración. Este nos ubica en una posición que roza nuestra dignidad, y hace pensarnos con derechos. Como ser humano, tengo el derecho a ser libre, a tener vivienda propia, etc. Es pertinente hacer alusión a que, si bien este sentir universal ha repercutido en casi todo el mundo, seguimos categorizando atavicamente al rico como receptor constante de más derechos de los que tiene, por mérito propio, y al pobre como una persona que percibe más derechos de los que merece, por ello la opresión inconsciente que se sigue realizando a los de esta última clase. Por tanto, parecería que cada vez que se habla de raza humana solo algunos son dignos de pertener a la especie. Curiosamente son los primeros en retorcerse violentamente del asco cuando se les habla de nacionalsocialismo y el mal interpretado humanismo evolucionista del que hacían propaganda. Se es humano sin importar a qué clase socio - económica o género se pertenezca o autoperciba, o vaya - a - saber - alguien la condición patológica que se padezca. 

Y el tercer nivel de preservación es uno de los mas raros, hasta podríamos decir que esta en peligro de extinción, aunque se lo sigue avistando en este mundo. Este comprende la protección de la especie, en sí. Es decir, se vela antes por la integridad física de otro, por mera abnegación, y esto también puede ser visto en animales cuando protegen a sus crías. En nuestro caso, además, podemos ser testigos de avances científicos y tecnológicos que pueden ser de gran ayuda para el humano. Y digamos "pueden" ya que es un arma de doble filo mantener esta caracterización en su versión optimista y esencialista. Por ejemplo, el descubrimiento de la pólvora y el logro de la fisión del átomo, ¿Usted cómo lo cateogrizaría? ¿Y la implementación de drogas ilegales para uso medicinal, y por otro lado, recreativo?

Con lo anterior, a modo de reflexión, podemos incurrir en pensar que el por qué estar juntos no es algo que elegimos, (exceptuando la decisión de la soledad) lo cual no es algo bueno, pero tampoco es algo malo. Que el ser humano sea un animal político no quiere decir que se le deba rendir honores por ello, considerando que hay otras especies que también se posicionan en formar comunidades para preservarse de innumerables peligros. Lo mismo sucede con el hecho de que algunos animales tienen tendencias suicidas, y homosexuales, y, justamente, no son humanos, poniendo de ejemplo al delfín, al pingüino, al perro. Ocurre que también los comportamientos libidinales, en cuanto a la búsqueda de pareja o parejas, no son exclusivos de nosotros. La morsa macho puede tener un harem de hembras a su disposición para procrear y mantener la especie, hasta que un espécimen joven le arrebate el privilegio del alfa, y deba verse expulsado de la comunidad. El pingüino macho busca una piedra, pero no cualquiera, LA mejor, para ofrecerla como ofrenda - regalo a la hembra con la que decida aparearse. Ella decidirá si es un bello presente o no. Cuando se debe buscar alimento, por lo general el macho se zambulle en el océano a la búsqueda para mantener a él y a su familia, y cuando regresa, va directo con la única pingüino hembra con la que tuvo crías, de forma monogámica.

Que no nos parezca extraño que el querer estar con los demás muchas veces se lo vea como algo independiente a nuestra toma de decisiones. Suena descabellado, pero inclusive si decidimos formar pareja con alguien, no elegimos enamorarnos de él o ella, como tampoco el que nos agrade su apariencia. Pareciera que la evolución de la especie humana ha dado lugar a la posibilidad de que lo fisiológico vaya muy de la mano con lo estético. Pero, a todo esto, da la sensación de que no somos libres en decidir estar con los demás. Solamente la única libertad que tenemos es ser diferentes... 

 

Publicado la semana 3. 14/01/2020
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