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Laucha

Sabio

¿Qué sucedería si pudiéramos interpretar la palabra “sabio” de otro modo? Etimológicamente, sabio proviene del griego “sóphos”, teniendo como raíz <sapio>, que significa saborear. Así, se puede tomar el concepto con un criterio que no tiene principalmente en cuenta una sobresaliente habilidad intelectual. Más bien resalta un comportamiento que comprende una práctica selectiva de sustancias o sabores que hacen al gusto del individuo. En su forma activa, la palabra sóphos queda compuesta como <eísuphos> que quiere decir “gusto refinado” o “de fino gusto”. Por lo que aquel amante de la sabiduría estaría ubicado como un artista culinario del pensamiento por acostumbrar su paladar a distinguidas especias que alimentan su alma, su espíritu. Lo cual señala antes un conocimiento fino, y no una facultad.

Ahora bien, también encontramos que <sapiens> tiene implicancias similares por significar “saboreador”. Esto supone posicionar a los individuos homo sapiens como una especie que se diferencia de las demás por el número total de sustancias que utiliza del ambiente y que, casualmente, les fueron de gran ayuda para sobrevivir y adaptarse al medio en el que se encuentra.

Nos podemos hacer una idea, sin ánimos de avivar una conspiración, que es evidente la existencia de un interés de trasfondo en cuanto a la exaltación de la reiterada ascética que guarda la palabra “sabio”. Además, la convenida propiedad racional adaptativa del humano no versa solamente sobre el uso del intelecto, a secas, sino también sobre cómo su sensibilidad le permitió preservarse de los peligros que lo acechaban. Luego, la implementación de signos, junto con su mágica semántica, confirió una comunicación que mejoró los vínculos de las comunidades de homo sapiens, asegurando una conversación más eficiente de la especie. Y después la optimización de destrezas lingüísticas dieron lugar a lo que conocemos como lenguaje, lo que puede tomarse como la primer obra de arte de la humanidad.

¿Qué o quién habrá estimulado a esta forma de vida para gesticular sus primeros balbuceos? Todo relato genesista lleva consigo algún tipo de distorsión, sin excepción. Pero, de todas maneras, aquí nos adheriremos a la hipótesis donde se ubica como catálisis del lenguaje humano a un alucinógeno indólico, la psilocibina, que se obtiene de un hongo que crecía entre los excrementos del ganado que había sido domesticando por los primeros humanos en África. Las propiedades psicoactivas de aquel permitieron el neurodesarrollo monstruoso de la especie formando lo que se conoce como el neocórtex, además de otorgar al homo sapiens el poder de la autoreflexión y de la consciencia. Así, las teorías que rondan sobre el eslabón perdido en la evolución del humano encontrarían una tentativa solución, pero no es tan sencillo proponer así-como-así un desenlace a un problema que tantos conflictos ha ocasionado. Pero, aun así, pensemos que esta teorización puede resolver el citado enigma.

De ser así, ¿Qué aspecto de tal <verdad> encuentra tanta resistencia de ser aceptada en el siglo XXI? Obvio es recordar la presente cultura antidrogas que nos inunda con tribulaciones que solo son propias de nuestros dirigentes y de las mafias que ellos mismos crearon en nuestra sociedad. Además, hay cierta aceptación que abala el consumo de drogas que se las cataloga ilegales como práctica cultural. Irónico es el hecho de que las sustancias que más daño hace a nuestro organismo son lícitamente ingeribles. Pero no se tiene muy presente esta consideración. Visto con ojos capitalistas, la intoxicación cannabis, LSD, y otras drogas no nocivas al cuerpo, automáticamente convierte al consumidor en basura.

Publicado la semana 17. 23/04/2020
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Poesía
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