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Laucha

Pisar

Pensemos que cabe la posibilidad de que el deseo de vivir de muchas 
personas venga a colación de querer ver el resultado de las cosas que han 
producido. Si nos hemos preparado lo suficiente para generar algo, mínimo 
nos desvela la idea de observar sus primeros pasos. Lamentable se vuelve el 
que luego de ver lo que han hecho quieran eliminarlo, porque no les satisface. 
¿Por qué no pueden dejar vivir lo que han fabricado aunque no puedan 
entenderlo, a pesar de que no pueden explicar el ser de su existencia? El 
creador que camina entre monstruossabe que no tiene piso firme sobre el cual 
pisar y sentir seguridad de que podrá controlarlos. Algo que da temor en la 
gente y produce vivencias traumáticas en ellas hace que se pregunten sobre 
los códigos que prescriben sus ficciones. Es decir, las credenciales gastadas que 
usan para comprobar lo que es real, de lo que no. 
Ningún filósofo se ha animado antes a dejar correr entre los pasillos de la 
humanidad una creatura que sea abominable hasta para él mismo. Elimina 
todo rastro de esta para quedarse con su obra u obras maestras. Las invocan 
una y otra vez frente a los demás, dándoles primeros auxilios para que no 
perezcan ante el trágico frío del olvido. Lastimosos se vuelven sus intentos de 
mantener vivaces esos indefensos y decrépitos polluelos que pueden ser 
devorados por lobos, los cuales fueron sus anteriores mascotas. Contradecirse,
le llaman algunos. Pero, ¿No es propio de quien crea tener que lidiar 
constantemente con que los bastos parajes que ha cultivado ardan en llamas? 
¿No sería incluso una práctica sana para él? ¡Qué importa la contradicción! Al 
visionario no le templa el apetito vivir expectante de que todo lo que haya 
hecho cuadre a la perfección: ¡Él ama el caos!

Publicado la semana 11. 15/03/2020
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Género
Poesía
Año
I
Semana
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