09
Just-a-tornado

Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva

Érase una vez una nube que era solo nube. No parecía un dragón ni una cara que se transformaba en un jarrón a la mínima de cambio. Precisamente por eso, no es que no tuviera imaginación, es que tenía miedo de los cambios. De cambiar, de las permutaciones que lleva la brisa de las posibilidades. De los primeros disparos de aviso, la tormenta está más cerca de lo que pensabas y la lluvia cala tus huesos.

El agua es vida y todo a tu alrededor se revitaliza. Mientras corren gotas por tu espalda, ya no corren por tus mejillas y te recorre un profundo instinto animal de abrir la boca y levantar la cabeza para averiguar a qué sabe el infinito.

No sabe a nada, el infinito no existe y las nubes lo saben. Por eso corren, no emigran en invierno en busca del calor, sino que son nómadas en busca de una cordillera cómoda donde sentar cabeza y tener nieblecitas.

De vez en cuando un niño grita mirando al cielo "esa nube se parece a un culo". La nube llora ofendida, estaba dibujando un bonito corazón.

Publicado la semana 61. 26/02/2021
Etiquetas
Compartir Facebook Twitter
Género
Relato
Año
II
Semana
09
Ranking
0 71 0