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Geografía curvada de la Luna

La Luna se mira asqueada en el espejo plateado de la vía láctea. Una minúscula gota de lactosa se acomoda debajo de su nariz, vestigio de un desayuno apresurado, pero ella está centrada en otros menesteres. El problema es el ángulo de su nariz montañosa y los múltiples cráteres que pueblan su frente. Odia la forma en la que su Mare Imbrium lame las comisuras de sus valles, no bellos convencionalmente. Encima hoy es justamente el día de la foto en el colegio. A pesar de que será su primera fotografía para la posteridad sabe que Louis Daguerre no será clemente con sus imperfecciones. Lo peor de todo es que siente que la Tierra no deja de mirarla. Seguro que observa asqueada sus fisuras preguntándose por qué está rota, preguntándose qué vidas extraterrestres ocultan sus profundidades tenebrosas.

La Tierra se sonroja, el azul puebla sus mejillas atmosféricas. No entiende como tiene la suerte de tener una luna tan bonita girando a su alrededor y juraría que le ha hecho un guiño decreciente. Es su fase lunar favorita y sigue con el rabillo de su telescopio el baile de su único satélite natural, embelesada por sus curvas. La bailarina se ha vestido de gala, adornada con los reflejos de sus estrellas favoritas, relucen sus trajes azules o rojos, acorde a quién quiera eclipsar en cada momento.

La Luna y la Tierra se miran la una a la otra. Saben que su amor está prohibido, que la segunda debería estar con el Sol. Sin embargo, parecen tener unos campos gravitatorios que desafían todo lo conocido anteriormente por la física y los astrónomos.

Una admira a la otra por su atmósfera y la otra mira la superficie de su adorada, libre de la peste de dos patas que le destroza la salud. La Tierra tose pero no está suficientemente contaminada como para desear una colisión apasionada. Sabe que debe esperar a la superluna, su amada estará llena o como nueva pero ella la quiere igualmente. Ya está harta de solo poder tocarla en los estanques de su bosques más espesos cuando es solo una imagen temblorosa que desaparece si gime demasiado fuerte. Entre los dientes de su cordillera más alta susurra: "Acariciaré al conejo de mi luna estimada y comprobaré que sabe a queso"

La Luna sonríe, su órbita es cada vez más pequeña pero sus pupilas se dilatan en anticipación.

Publicado la semana 56. 23/01/2021
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