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Just-a-tornado

Madre naturaleza

Érase una vez una hoja flotando en el viento. Mecida por la música de un huracán, viajó entre sus curvas hasta encontrar la calma. Cuando el fenómeno natural le guiñó el ojo, se introdujo en su pupila y con un gemido digno del mayor éxtasis jamás conseguido, el huracán paró su frenética actividad. El orgasmo perfecto, la calma después y antes de la tormenta, el jadeo después de llegar a la meta. Un pájaro canta a lo lejos unas notas temblorosas que se dan la mano y bailan el corro de la patata. El poder de sus palabras es tan fuerte que se queda sordo y en esa coreografía de labios mudos se forma la humedad perfecta para que nazca una nueva planta. La semilla es pequeña pero tiene las raíces bien asentadas en mi corazón de hierro. No es el óxido lo que me preocupa sino el colibrí que vuela demasiado rápido como para apreciar los buenos momentos.

Porque todos somos tornados que se centran en que giran en sí mismos sin darse cuenta del desastre que provocan a su alrededor. Porque el efecto de la mariposa se da la mano con el fenómeno del Niño y la Tierra llora asustada. Eso que llueve son mis lágrimas y mi pañuelo es tu cara.

Publicado la semana 54. 05/01/2021
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