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Felicidades, un año menos

¿Como te sientes con 18 años?

La madurez me emborracha y con ella me embriago en un licor que ya no sabe igual porque ahora consumirlo es legal. Lo peligroso y permitido no es tan divertido, pero la cárcel me guiña el ojo y me recuerda que me espera con los brazos abiertos.

Me despierto con la respiración agitada pensando que todo ha sido una pesadilla pero en mis huesos se notan los años y la responsabilidad que ahora desestabiliza mis hombros. La mayoría de edad me persigue para que meta una papeleta inútil para apoyar a unas personas que no me representan. En sus discursos me gritan palabras en un lenguaje extraño y todas significan "futuro". Eso es algo que tengo y sin embargo, me asusta.

Todavía soy una niña, mi mamá me hace mi comida favorita y me acurruco en el abrazo de mi adultez. Un 1 y un 8 no forma parte de mi identidad y entre mis canas inexistentes asoma mis primeros pasos y palabras, no tan lejos del presente.

¿Por qué la gente espera tanto de mi cuando hace menos de un día yo era menor?¿ Por qué valgo menos cuando aún no son las 12 de la noche el día de mi cumpleaños? La diferencia que hacen unas horas en mi reloj de la vida no me da la sabiduría que caracteriza a mis abuelos.

¿En qué momento debo dejar de pensar en mí como una niña? Porque para mí sigo siendo un bebé que sabe hacer operaciones matemáticas lo suficientemente complicadas como para engañar a los adultos de que es uno de ellos.

Me ofendo cuando un niño pequeño me dice que parezco "súper vieja". ¿Acaso no ven que soy una de ellos, que yo también tengo toda la vida por delante? Creo que no ven ese destello inocente en mis ojos, cada vez más manchado del petróleo de esta jungla de asfalto. Creo que solo se fijan en el valle de mi entrecejo, en mis palabras sobre el dinero que gobierna la población y en mis ideas incendiarias.

Pero yo no soy uno de ellos, no vivo en gris y visto mi vida de los colores de mi bandera. No quiero ser una adulta si eso implica perder la espontaneidad de mis actos de fin de semana cuando estamos a martes. No quiero dormir sabiendo que me voy a despertar con mis responsabilidades como legañas en mis ojos, voy a hacerme amiga de los monstruos de mis pesadillas si me dejan seguir soñando.

La seducción suena dulce en los labios de Peter Pan y escapamos en un abrazo infantil luchando contra las campanadas del Big Bell, que señala la muerte de mi infancia. Mis zapatos de cristal se rompieron con el 18 aniversario y me encuentro sola, una Cenicienta rodeada de ratas que le cantan feliz cumpleaños.

Me acerco a una tarta hecha de azúcar para disfrazar el veneno de la renta que tendré que pagar. Soplo y pido un deseo. Deseo...un poco más de tiempo. Aún no he terminado de ser feliz.

Publicado la semana 51. 20/12/2020
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