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Just-a-tornado

No te saludo porque me caes mal

A lo largo de mi vida he vivido en tres casas. Eso significa que he llamado a tres sitios diferentes "hogar" y luego he arrancado esa denominación de dos pasillos que jamás volveré a habitar.

Eso significa que me he despedido de una puerta pensando que llegaba a mi destino final para abandonarlo con la misma facilidad. Porque he aprendido a dominar tres duchas diferentes y he dibujado caras en el gotelé de tres paredes en tres ubicaciones diferentes.

No podría afirmar que sé dibujar el plano de cada una de ellas, ni siquiera de la que habito hoy en día, pero hay cosas que se me quedan grabadas a pesar de los años.

De mi primera casa me persigue a veces una muñeca del tamaño de un niño de 7 años. Esa fue la edad con la que la abandoné y me pasé dos años llorando intentando recordar la cara que tenía para que dejara de atormentarme. Creo que era mi inocencia y como siempre me falta una ceja, oreja u ojo para verla nítidamente, su paradero sigue desconocido. Pondría carteles por toda mi ciudad pero seguro que es una muñeca viajera, perdiéndose de un lado a otro buscando encontrarse sabiendo que no hay un destino fijo y la vida es solo caminar. No le hablaría al encontrarla, ni un saludo, ya es mayorcita para andar perdiéndose.

De mi segunda casa me vuelve a veces el recuerdo de mi primer encuentro con mis vecinos. Unos gemelos pueden desconcertar a una niña de 8 años pero estos a parte tenían síndrome de down. Hablo en pasado porque nunca sé si siguen vivos. Van ya 10 funerales en mi cabeza hasta la próxima vez en que los vea desde la otra acera y suspire sin saber porque. Sin embargo, no me acuerdo de ellos hasta que los veo y justamente en ese momento es cuando me doy cuenta de lo mucho que les echaba de menos.

Nunca les saludo.

Me pregunto que me perseguirá de esta casa. Me pregunto si será el sombrero de bruja que mi madre tardó cinco días en hacerme y que nunca me puse. Quizás será mi abuelo porque el día en que murió yo solo podía seguir viendo la película mala que daban en la tele y no lloré. Quizás sea todos los regalos de mi ex, algunos escondidos en cajas. Quizás sea mi futuro, por siempre huir de él.

No pienso saludar a mis fantasmas. Si ellos no son educados, yo tampoco.

Publicado la semana 48. 29/11/2020
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