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Just-a-tornado

Llueven guaguaus y miaus

Caen martillos, clavos y toda la artillería, parece que alguien allá arriba no está de buen humor. Repiquetea la tormenta en un batalla de ritmos constantes contra el suelo. Los puñetazos caen fuertes y en multitud, en el suelo se crean huecos por los golpes que se llenan con sus lagrimas de perdedor.

Entre ese diluvio universal una niña pequeña intenta consolar a la lluvia. Le dice palabras bonitas y le cuenta la historia de un día mejor en la que todos los problemas son un dejà vu momentáneo antes del inicio del verano de tu vida. El resto del planeta se esconde detrás de sus ventanas, atrincherados contra la Madre Tierra como niño tras romper un plato. Pero esta diminuta criatura es inocente y baila entre los charcos, aún el mundo no le ha hecho odiar la pureza de la felicidad que destila.

Sonríe y le hace muecas a las fotos de dios, los rayos capturan estas instantáneas en un flash intermitente. A lo lejos un perro aúlla, con el miedo de esa naturaleza que solía amar cuando era un lobo indomesticable.

La joven imita el retumbar de los truenos burlándose de aquello que asusta. En su pequeña boca las bombas de electricidad llenan el cielo de ternura e iluminan un arcoíris de colores en el cielo. Con esa sonrisa la lluvia para su intensidad para dejar entrever un rayo de luz. Ella sigue bailando, independientemente del tiempo. Ella es feliz pero, ya se verá con el tiempo.

No crezcais, disfrutad de la lluvia, bailad en los charcos, coged una pulmonía y morir jóvenes. 

Publicado la semana 46. 11/11/2020
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