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Just-a-tornado

El abuelo de Heidi es cirujano

—¡Que traigan el cuerpo!

El rector de la universidad quiere terminar la visita guiada del edificio con un gran final. Quiere usar el pistoletazo final para dejarnos heridos a todos por las ansias de saber y que consintamos pagar millones cada año por estudiar ahí.

Estamos en el sótano y el olor al formol con sal nos abre el apetito pero lo que se despliega ante nuestros ojos nos hace sentir unos hipócritas por ello. Somos como canibales pillados a mitad mordisco por una sociedad civilizada que desaprueba nuestras costumbres. Veníamos bromeando y nos encontramos con cinco cuerpos inertes, permanecen quietos sin elección y por lo tanto son esclavos del metal donde reposan.

Vamos a diseccionar solo uno de ellos y al acercarnos suelto un grito de sorpresa que es confundido con un espasmo de rechazo ante el muerto. Pero jamás sentiría asco hacía lo que veo porque el pedazo de carne que atrae a moscas no es otro que mi abuelo, que donó su bien más odiado a la ciencia. Digo odiado porque ningún familiar lo echó en falta en el testamento y solo el rector que ahora saca un bisturí se alegró al recibir el cerebro de mi abuelo en un tarro.

El día de su muerte sigue en mi memoria y ver abrirse su carne me traspasa a un recuerdo del cual no era consciente. El rojo dolor de la sangre manando de su cuerpo en tonalidad menor mientras la orquesta de ruiseñores que le canta el réquiem es callada a gritos por un vecino que no puede dormir la siesta. Pero ahora lo único que suena son los gruñidos de asco del público al abrirse la piel y llegar a las tripas. Porque no es nada más que eso, un espectáculo que no estaba pensado ser visto por los familiares del difunto, pero quién iba a pensar que yo estaría ahí. Al destino le gusta jugar con la comida antes de comérsela.

La gente se queja del mal olor pero yo solo huelo a las galletas que hacía. Me desmayo cuando con un boli le levantan un párpado y veo aunque artificial, ese guiño que me hacía antes de darme 5 euros a escondidas de mis padres.

En cuanto vuelvo a pasear mi mirada por el mundo consciente veo que estoy rodeada de los cuerpos inertes de mis antiguos compañeros de visita. Mi abuelo me mira, de pie junto a mí y me invita a diseccionar los especímenes, empezando por el rector. De su barriga sale un líquido negro que me recuerda al petróleo donde se ahogan las gaviotas y mi abuelo me pregunta:

—¿Qué quieres comer hoy, cielo? El abuelo te lo prepara.

Publicado la semana 4. 20/01/2020
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La canción de Heidi con un chirrido final , Cuando uno pueda, cuando te dé la gana, cuando tengas algo que te guste
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