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Just-a-tornado

Final de un cuento de nunca acabar

Tu camiseta me viene grande y acaricia la parte de arriba de mis muslos ocultando el chupetón en mi nalga derecha fruto de tus caricias. Me he escabullido entre tu abrazo dormido porque morfeo me ha escupido fuera de su paraíso por deshidratación. Busco a tientas la cocina para llegar al agua, es la madrugada y cuando me invitaste a tu casa no estaba prestando atención precisamente a la disposición del apartamento.

Una luz encendida me atrae cual polilla a pesar del desconcierto, pensaba que vivías solo. Llamo con los nudillos y me excuso apresuradamente cuando me doy cuenta de que es el cuarto de alguien.

-¿Eres tú, Pablo? Pregunta la voz desde la cama.

-Soy una amiga suya, perdón por despertarla. Me veo obligada a decir, una verdad a medias mientras intento estirar la tela que a apenas cubre mi cuerpo.

La anciana mujer me invita a pasar con un gesto, sin que parezca importarle las horas ni mi condición de extraña.

-¿Puedes leerme esto? Es que no encuentro mis gafas.

Cojo el libro que me tiende, le queda el ultimo capítulo de una novela de edición antigua. El título me suena pero no lo he leído nunca.

-Me voy a fastidiar el final entonces, yo no he leído el principio y así nunca me podré leer este libro. Le digo de broma mientras me acomodo en la esquina de la cama donde ella reposa.

No me contesta así que dejó que las letras se deslicen por mi lengua, la misma que se dejaba resbalar entre tus pliegues. Es diferente, pero lo que sale de mis cuerdas vocales, aunque no gemidos,despierta una sensación más profunda en la mujer. Cuando llego a la última frase esta llorando y yo no puedo evitar una nube que se cuela en mi cerebro velando la mala suerte de un personaje que yo hace una hora no conocía.

-¿Qué haces aquí Nuria?

-Perdón me levanté a por agua pero tu abuela quería que le leyera esto.

Te recolocas en el umbral de la puerta donde has aparecido de repente.

-Esta chica tiene algo especial, sabe leer, cásate con ella, Pablo.

Sonrio ante el comentario de la mujer aunque sé que entre tú y yo nunca existirán anillos. Me urges a volver a tu habitación y cuando llegamos empiezas a llorar. No entiendo nada y como puedo te intento consolar. Como es posible que me sienta más incómoda cuando lloras que cuando te veo desnudo. Te conozco sin ropa pero no sin murallas alrededor de tu corazón.

-Mi abuela tiene Alzheimer. Empeoró y empeoró y nunca consigue terminar de leer su libro, cada noche llora con el final y revive el principio.

-Bueno, pero ella es feliz y... Empiezo a decir pero me paras con una mano temblorosa.

-Queria decir que mi abuela tenía Alzheimer, murió hace dos años, no sé quién era esa mujer.

Publicado la semana 38. 20/09/2020
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