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Just-a-tornado

10:30

"Ángela Bermejo Benito"

De ella el único recuerdo que tengo es de su menuda figura postergada en el sofá de su antigua casa. Por aquella época yo solo tenia 3 años y no entendía porque la abuela no quería jugar conmigo. No recuerdo cuando murió, mi vida no sufrió un antes y un después pero sí queda un vacío de algo que nunca llegué a tener. 

Frasco tintado de magenta y garabatos en oro. La familia entera está reunida alrededor mientras los niños pequeños meriendan. Cuando llego a la cocina, veo lo que parece la bolsa de los chocapic fuera de su caja de cartón acostumbrada. Es la bolsa de las cenizas, tras 15 años ha sido salvada de su polvoriento estante. Cuando mi padre intentó deslizar la bolsa fuera de su contenedor, el recipiente vomitó algunas cenizas por las decenas de pequeños agujeros que las agujas del tiempo han hecho en el plástico. 

Que un cuerpo entero quepa en una bolsa del tamaño de la palma de mi mano me da dolor de cabeza. Cuando vuelvo el único rastro que queda es el tiquet de la incineracion en la basura, junto a las sobras del arroz de la comida. Alguien escribió que sucedió a las 10:30 y me preguntó si ella se imaginó que moriría un jueves.

Sonrio al ver los agujeros tapados con esparadrapo y una tirita de hello kitty, porque sé que a ella le habría encantado.

Hay algo mórbido en llevar unas cenizas a dar un paseo, pero queremos que descanse en su lugar favorito. Andamos paso a paso por una pista árida mientras el sol acaricia sin piedad nuestras nucas. No es mi ruta favorita pero me sorprendo buscando los árboles y flores que te conmovian a ti cuando la recorrías. De camino asaltamos unos arbustos de moras y con las manos manchadas de morado me siento participe de un crimen que jamás cometí.

¿Cuanto falta para llegar? Pregunta el más pequeño cada dos por tres. ¿Tú has llegado al cielo, al infierno a lo que sea en lo que creyeras? Porque ese es el problema, que no sé nada de ti. No te conozco y es difícil llorar algo que nunca has tenido.

La hija favorita se sienta al borde de una roca alta, poniendo a prueba su miedo a las alturas. Hemos llegado al sitio indicado y se pone unos guantes, con el miedo de la suciedad de las cenizas aunque daría su salud entera por tocarla de nuevo. Las cenizas se elevan y parecen desaparecer rápido en una caída libre hacia el pasto de gayubas. Sin embargo, cuando se dispersan y el aire las levanta en un último baile, parece niebla. Es la tierra imitando su último suspiro y en ese vaho de la naturaleza resuena una risa apacible.

Abuela, estás en todas partes excepto aquí.

Publicado la semana 33. 16/08/2020
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