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Dispara el cazador

Las respuestas ante un estímulo de peligro de los animales son: dilatación de las pupilas, dilatación de los conductos respiratorios, aumento de la frecuencia cardíaca y activación muscular para preparar la huida.

No sé si eso te recuerda a algo pero para mí es algo familiar. No somos más que animales y mis pupilas se hacen más grandes como queriendo abarcar toda tu aura cuando apareces cerca. Respiro aceleradamente cuando levantas la vista y decides que nuestros hilos rojos se crucen creando la electricidad estática que algunos llaman química. Mi corazón salta de arriba a abajo mientras las costillas le mantienen en su sitio como los amigos que sujetan al joven para que no se pelee con alguien mayor que él y se haga daño. Por mucho que lo intenta mi corazón no escapa de esta prisión carnal que llamo cuerpo. Sin embargo, por mucho que lo intentan mis huesos no impiden que se haga daño. Tu mano en mi mano activa mis músculos y me tenso entera.

Ese fue el momento en el que debería haber huido. Tenía todos los síntomas y parecía que mi cuerpo reaccionaba correctamente. Aún así la huida no sucedió y pasé a vivir en un estado de alerta permanente pero sin evitar el peligro.

Ni síndrome de Estocolmo, ni amor ni cojones. Lo que soy es un animal roto, un error genético pero sé que la selección natural pronto se encargará de mí. 

Publicado la semana 32. 09/08/2020
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