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La niña de mis ojos a la que violó mi tristeza

Era la niña de mis ojos, lo más preciado en este mundo.

A la niña de mis ojos la violó mi tristeza y ahora no puede ni llorar porque le recuerda a su agresor.
La niña de mis ojos fue acorralada en un callejón cuando pensaba que volver a casa sola no era un delito.
A la niña de mis ojos la violó mi tristeza y nadie la cree porque los moratones se disolvieron en su piel de leche antes de que la gente se atreviera a acercarse a ella.

Ella descansa cuando yo parpadeo y cuando duermo se acerca a la comisaría más cercana a declarar. Le hacen repetir todo y yo tengo pesadillas tan fuertes que me despierto y ella huye de los policías sin haber conseguido nada más que manchar su reputación. Se pregunta porque se siente mal cuando ella no hizo nada. Se pregunta porque mi tristeza anda suelta por mi cuerpo viviendo como si nada cuando ella no se atreve ni a asomarse a mi pupila.

Su familia le pregunta que llevaba puesto y la niña de mis ojos se ve obligaba a sonreír porque le han dicho que así está más guapa. Le advierten que no denuncie porque sino no conseguirá trabajo nunca.

Mi tristeza violó a la niña de mis ojos y no se siente culpable porque eso es lo que las tristezas hacen. Mi tristeza piensa que ella iba provocando por la falda tan corta que llevaba. Mi tristeza llevaba ya un tiempo acechándola, por las noches y los domingos por la tarde, pero empezaba a aparecer hasta los viernes. Mi tristeza llegará a ser presidente y la violación será solo un rumor que jamás acabará en dimisión. “No tiene pruebas, está mintiendo” dice mi tristeza mientras se limpia la sangre de las uñas.

Una lágrima rueda por la mejilla de la niña de mis ojos y se estremece. Nunca se librará de su recuerdo, pero está trabajando en seguir adelante con sus sueños. La niña de mis ojos era solo una niña y le robaron la infancia de golpe. Ha tenido que hacerse mayor a la fuerza y se nota porque la confianza juega al escondite en su mirada. En sus ojos hay otra niña que tiembla porque sabe lo que le puede pasar, pero la niña de mis ojos no dejará que pase miedo, no dejará que deje de soñar, no dejará que nadie la toque sin su permiso.

Si viaja por mar sabe que encontrará alguna sirena, mujeres echadas por la borda porque los marineros consideraban que daban mala suerte. Sus embriagadores cantos son miel para su alma amarga, pero para los hombres son promesas de venganza. Cada vez que se sienta delante de la chimenea oye los crujidos del fuego que son las risas de las brujas que escaparon de las hogueras y quemaron a sus opresores. Sabe que no está sola y sabe que debe luchar por sus hermanas.

Ni una más

Publicado la semana 3. 13/01/2020
Etiquetas
Rayden Caza de pañuelos , feminismo , Con el cerebro abierto
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