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Just-a-tornado

La puñetera paloma de la paz y tú que me robaste la mía

Esas asquerosas palomas. Están por todas partes, parecen dominar el cielo con sus alas y el suelo con sus cagadas. Sé que esto no suena muy poético pero te prometo que todo cobrará sentido al final. Como el sentido de la vida. Ah, me dicen por el pinganillo que no siempre tiene. Pues que pena.

Esas ratas voladoras pueblan los balcones bajo los que paso cada mañana, duermen en los portales en los que me refugio por las noches y comen en los parques en los que mi felicidad y yo solíamos jugar al escondite. Supongo que nunca la encontré. Tú ganas, sal de donde sea que estés.

Las observo con cara de asco, encima de ser sucias, son estúpidas. Muchas caminan con esas flacas patitas que claramente no están hechas para el andar teniendo esas magníficas alas. Las llamo magníficas porque al lado de mis brazos flácidos cualquier pluma es velero para escapar de la tormenta. Si yo tuviera esas alas las plantas de mis pies serían del blanco de los dientes de los anuncios del dentífrico número uno recomendado por todos los dentistas porque jamás habrían tocado el suelo. Habría nacido a mitad caída y moriría en una también. Antes de tocar la tierra estaría inerte, que no se diga que no volé alto y claro.

Una de las palomas se para y me habla con una voz de soprano que nunca habría correspondido a mi idea de como una paloma hablaría. Ni que tuviera teorías acerca del tono de sus voces pero esa no era la más probable, eso desde luego.

—¿Te preguntas porque no volamos siempre de un lado a otro?

Yo me paré en la calle, di un mordisco a mi regaliz y ladeé mi cadera para chasquear la lengua como respuesta. Como si una paloma parlante fuera algo que viese todos los días, como si no estuviese impresionada. Lo estaba

—No volamos de un lado para otro porque al final cansa. Además muchas de nosotras tenemos miedo de olvidarnos a mitad vuelo de cómo hacerlo y caer en picado.

—Pero si caerse es la parte más divertida de volar.

Creo que la paloma se enfadó porque caminó ahuecando las plumas lejos de mi vista, sin volar como probando su teoría, y solo dejó un regalito tras ella.

Tú estás por todas partes. Tú, asqueroso, estás por todas partes pero me duele que sea tu recuerdo, mis recuerdos de ti, los que estén por todas partes en vez de ti. Dominas mi vida con tus sonrisas y mis noches con tus susurros. Vives en ese rincón del rabillo de mis ojos que grita peligro cada vez que cree verte, en mis tardes frías y mis noches calientes. Sé que esto no suena tampoco muy poético pero al menos cobra un poco de sentido. Para mí, supongo y para todo el mundo que se haya sentido así alguna vez.

Te observo con asco pero al contrario que la paloma tú nunca me diriges la palabra y eso que tú lo tienes más fácil.

Me dijiste que se había acabado. No entiendo aún porque si mirarte para mí es como volar. Dijiste que tú sentías lo mismo pero que te habías cansado, que tenías miedo de caerte. Yo sigo sin entender cómo puedes cansarte de volar, como eliges el andar sobre esta maravilla y que puede que tengas miedo a las alturas pero eso no le quita belleza a las vistas. Vives en el rabillo de mis ojos. Siempre siento(digo, anhelo) tu presencia pero cuando me giro, nunca estás.

Tú tuviste miedo de caer y por eso me dejaste a mi sin paracaídas y soy yo la que caigo ahora y lo único que hago es alucinar con palomas parlantes por lo que me tomé para olvidarte. Al menos ellas me hablan.

Dicen: "Pío, pío".

Ya no sé ni lo que digo, si las palomas no pían.

Mientras escribía esto me han cagado una, dos y tres palomas y me han dejado una marca en la chaqueta nueva en forma de corazón. No sé si se burlan de mí o me recomiendan que me cague en el amor de una vez por todas. Creo que les haré caso.

Quiero cerrar los ojos pero tengo miedo de que si no miro me los arranquen a picotazos. Temo que si me descuide tu fantasma me mate pero más daño no me puede hacer, ¿no?

¿No?

Publicado la semana 26. 23/06/2020
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palomas
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