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Just-a-tornado

Algoritmo de Google

Ya estoy harta de que el universo no me trate como la diosa que soy, mi vida es celos constantes de la zona VIP mientras el hielo de mi copa de esfuerzo se derrite y me chopa la mano. Un anuncio de una camiseta de mi marca favorita con el nombre de la ciudad de mi infancia me recuerda que Google me sigue observando.

Si lloro mi última ruptura con mis amigas, al día siguiente mi correo me manda publicidad para mascara a prueba de agua y un pack de vodka a mitad de precio. Si pruebo un nuevo restaurante, la próxima vez que busque en internet donde comer, su menú me perseguirá entre los diversos links.

El internet es un sitio escalofriante lleno de ojos, micrófonos y cámaras que me convencen día a día de que no hay un solo pensamiento que mi navegador no sepa. Spotify, Instagram y Pinterest se alian para intercambiar mis más oscuros secretos y la letra de las canciones que escucho en mis momentos más bajos me asaltan en un anuncio para la crema que vi usar a a esa influencer que juré que jamás seguiría. Whatssapp me mira con cara inocente, pero usa los mensajes borrados para mostrarme que hay cosas que nunca sabré.

Por eso mismo, me doy cuenta de que la clave para arreglar mi vida se basa en dejar que me la arregle mi espía profesional. Me dedico una semana entera a buscar mis dilemas existenciales en Google y acabo segura de que las respuestas a los misterios del universo se esconden en la página tres del buscador. Mi crisis personal se resuelve al pasarse el nivel 67 del Candycrush y con un test de Buzzfeed encuentro mi pareja ideal y la razón por la que mi pared parece tan interesante a las cuatro de la mañana.

Al poner mal la contraseña de mi cuenta de Wallapop se abre el gps con un permiso que no recuerdo haber aceptado tras no leer todos los términos y condiciones y me dice:

"Felicidad a 10 metros, gire a la derecha"

Publicado la semana 22. 31/05/2020
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